Se veía venir. Para el gobierno del PP, la seguridad vial nunca fue una prioridad, desde que llegó al gobierno en el año 2011, y las consecuencias en 2016 son: 102.362 accidentes de tráfico con víctimas; 1.180 fallecidos en accidentes de tráfico, un siete por ciento más que en 2015 (121 muertos más), un dieciocho por ciento más de víctimas mortales en vías urbanas que el año anterior (78 fallecidos más), un tres por ciento de muertes más en vías interurbanas( 43 fallecidos más); y 9.755 heridos ingresados en centros hospitalarios para ser atendidos.

Cinco fallecidos de media diaria en España por accidentes de tráfico en 2016, es un tsunami de tal magnitud, que desde el gobierno tienen que asumir responsabilidades, cesar a todos los responsables de la DGT, y llegar de manera urgente a un pacto de Estado, que de nuevo considere la seguridad vial como un objetivo nacional prioritario, con una serie de medidas concretas y evaluables. Al tiempo, que se abandona la vieja concepción que ve la seguridad vial como algo que solo hay que mejorar.

Este drama, no ha llegado de la noche a la mañana. El deterioro de la seguridad vial se ha podido observar durante los últimos años, y se ha venido denunciando sin que desde el Gobierno se hiciera nada. Las catastróficas consecuencias, se pueden observar en dos periodos desde 2013. El primero, en el que el número de fallecidos en accidentes de tráfico prácticamente dejó de disminuir: 1.134 fallecidos, en 2013; 1.132, en 2014; 1.131, en 2015. Y el segundo, en 2016 donde se han producido 1.180 muertes, un aumento del siete por ciento en el número de fallecidos en accidentes de tráfico, después de doce años de descensos continuados.

Desde que en el año 2004, el gobierno socialista transformó la seguridad vial en una apuesta colectiva de la sociedad española, donde había que seguir trabajando para reducir todavía más la siniestralidad y aumentar la seguridad, las carreteras españolas se convirtieron en unas de las más seguras de Europa.

De hecho, en este periodo, España pasó de tener más víctimas mortales en accidentes de tráfico por millón de habitantes que Alemania y Finlandia, a tener menos. Algo impensable años atrás. Y mientras en 2015, se contabilizaron en la UE, 51,5 víctimas mortales en accidentes de tráfico por millón de habitantes, en España fueron 36 pese a dejar de ser una prioridad gubernamental.

Pero cuando no continuas avanzando retrocedes. Y así, en 2016, mientras en la UE se ha producido una disminución del dos por ciento en el número de muertes en accidentes de tráfico, y se contabilizaron 51 víctimas mortales por millón de habitantes de media, en España la tendencia es de aumento, con 39 víctimas por cada millón, y uno de los incrementos mayores de la UE.

¿Es asumible que la primera causa de muerte en España entre los 18 y los 25 años de edad sean los accidentes de tráfico? ¿Es asumible 67 ciclistas fallecidos en 2016? ¿Son asumibles 343 motoristas muertos en 2016? ¿Es normal que mueran 389 peatones? ¿Es normal que el 23 por ciento de los fallecidos mayores de 12 años que viajaban en turismo o furgoneta no tenían puesto el cinturón de seguridad en el momento del accidente (187 de los 805 fallecidos en este tipo de vehículo)? ¿Es asumible que 3 de los 18 menores de 12 años fallecidos no llevaran el cinturón de seguridad o el sistema de retención infantil?

Como no es ni normal, ni asumible, es inexcusable una reacción rápida y contundente de la sociedad española. Es preciso, volver a considerar la seguridad vial, de nuevo, una prioridad nacional que va más allá de mejorar los datos. Siendo conscientes, que redoblar los esfuerzos para salvar vidas en las carreteras, tiene que ser el objetivo de todos.

Y no sólo en España, sino en toda Europa, porque 25.670 personas muertas en las carreteras europeas en 2016 es intolerable, a pesar del descenso del dos por ciento.

No estamos descubriendo nada nuevo. Y ya se ha señalado en muchas ocasiones. El nuevo enfoque debe contemplar la seguridad vial de forma global, estableciendo por ley los nuevos principios, objetivos y herramientas. Y entre ellos: mejorar la formación, educación y sensibilización en seguridad vial; aumentar el presupuesto destinado al mantenimiento y mejora de la seguridad de las carreteras, especialmente secundarias; incrementar la colaboración entre administraciones; reforzar las actuaciones para el cumplimiento de las normas, sobre todo en lo relativo a la incompatibilidad entre alcohol, drogas, conducción y velocidad; acrecentar la protección de peatones, ciclistas, motoristas y personas mayores; reformar los centros de reconocimiento médico para mejorar el cumplimiento de sus funciones; incrementar la participación de los interlocutores sociales y la implicación de empresarios y trabajadores, prestando especial atención a la seguridad vial laboral y a los nuevos riesgos laborales. Y en todas estas acciones, la tecnología, la innovación y la automatización tienen que jugar un papel protagonista en la seguridad vial del XXI.

La UE se propuso como objetivo estratégico reducir a la mitad el número de víctimas mortales en la carretera entre 2010 y 2020. En España, que en el año 2010 tuvo 1.728 víctimas, supondría reducir las muertes hasta las 864. Pero no basta, hay que ser inconformistas y fijarse como sociedad, aunque parezca utópico, el objetivo cero víctimas. Y hasta lograrlo, en el año 2020 estar por debajo de las 500 personas fallecidas. Algo que sigue constituyendo un verdadero drama.

Presionemos al gobierno, porque de nosotros depende que sea posible.

 

P.D.: Pese a lo que diga la Dirección General de Tráfico, España no está en el quinto lugar de países con menor número de fallecidos en accidentes de tráfico. Los primeros países, según la tabla 3 del 11º Informe del Índice de Desempeño de la Seguridad Vial, elaborado por ETSC, son: Noruega (26 fallecidos), Suiza (26), Suecia (27), Reino Unido (29), Dinamarca (37) , Países Bajos (37), España(39), Israel (39), Alemania (39).

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