Decía Eduardo Galeano que si la naturaleza fuese Banco ya la hubiesen rescatado, esa afirmación denuncia la estrechez de quienes toman las decisiones, apoyados en cuánto ganan, sin importar el daño que hacen a la sociedad. Trump es el mejor exponente de ese tipo de gente.

En la Ciudad de México tenemos un gobierno con esa estrechez, su corrupción ha convertido la Ciudad en un jugoso negocio para gobernantes y sus funcionarios, todo se ofrece al mejor postor el espacio público, el desarrollo urbano, los servicios y hasta las infracciones.

Y si las infracciones son un negocio, pues que mejor que dedicarse a infraccionar, ya el juez octavo de distrito en materia administrativa, Fernando Silva declaró la inconstitucionalidad de ese sistema de automático de cobro, evidenciando el lucrativo móvil de sus fotomultas, aunque en su resolución precisa, que es la ausencia de audiencia lo que las hace inconstitucionales, ya que dejan al conductor en indefensión, en sí, sus consideraciones logran ir al fondo: el 46 % de la infracción para la empresa es un atraco en despoblado.

Pero más allá de los millones de pesos que gana autotrafic, alrededor de 122 millones anuales, por cierto, reconocidos por el propio gobierno de la Ciudad, sobra decir que sabemos no son completamente para la empresa sino que ese contrato tiene cláusulas no escritas, de entre las que destaca la del: fifty fifty.

Esta corrupta claúsula es la que explica porque el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, las defiende con uñas y dientes, ese moche del 50%, en una entrega anterior calculé, implica alrededor de 5 millones de pesos al mes, lo que significa que un promedio 170 pesos, de cada infracción que llega a nuestro domicilio, se va para satisfacer tan generoso acuerdo entre el gobierno de la Ciudad y Autotrafic.

Pero más allá de su inconstitucionalidad y de su evidente corrupción, resulta que ni el principal argumento, sostenido hasta la exageración por el Jefe de Gobierno para sostenerlas, es verdad, por más que lo repita en cada oportunidad: salvan vidas.

La mentira es evidente, lo que está hecho para salvar vidas es el reglamento de tránsito, en sí mismo. Pero su negocio, sus fotomultas no salvan vidas. Su negocio obligó a reducir el programa que sí salvaba vidas, que es el conduce sin alcohol implementado por supuesto en el gobierno del licenciado Andrés Manuel López Obrador.

Naturalmente fue una mala idea fotomultar por exceso de velocidad en una Ciudad en la que los carros circulan en promedio de 6 a 7 kilómetros por hora, entonces, sólo entonces el mejor momento para operarlas es en las noches, en especial los fines de semana.

Lo sabemos, la corrupción tiene consecuencias, en este caso las únicas vidas que han salvado esas fotomultas, son las de los dueños de Autotrafic y la del propio Miguel Ángel Mancera, pero las han salvado de la pobreza. Lo que es una verdadera afrenta para los habitantes de la ciudad, en este país, en la propia ciudad, cabe preguntar ¿cuántos empresarios obtienen ganancias por 10 millones de pesos al mes, cuyo único mérito es andar cazando conductores?.

El conductor del BMW siniestrado, está afrontando un juicio con todo el peso de la presión mediática, con prejuicios filtrados por el propio gobierno, como hacer público que es hijo de un exconvicto o que tiene un antecedente de orinarse en la calle. Debe pagar por su reprochable conducta, cuatro vidas a cuestas no es menor, pero cabe preguntarnos ¿Cuántas vidas se han perdido por relajar el alcoholímetro en aras de cumplir la ganancia con Autotrafic? o bien ¿Hasta cuándo responderá el gobierno el haber sacrificado la prevención por la ganancia?

A caso será suficiente con el voto de castigo que en la Ciudad tenemos pensado, pienso definitivamente que no, no basta. Mientras tanto hay que explicarle al Jefe de Gobierno que si fuera guardavidas, se hubiese ausentado de su torre, dejando en su lugar una cámara para infraccionar a los nadadores que se introducen sin chaleco o ebrios, claro.

Esas fotomultas deben rescindirse, deben pasar a la historia negra de la ciudad, como una fechoría más de su peor gobierno.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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