La Escuela Nacional

Son las nueve de la mañana. Como cada día, Cándido se dirige a la escuela. Pantalones cortos aunque en la calle hace tanto frío que ni los grajos vuelan, pelo corto, ralo, muy ralo, chaleco de punto azul, cerrado y de pico, tras el que se deja ver parte de una corbata, también azul, que lleva asida por debajo del cuello de una camisa blanca, con una goma. Encima del chaleco, una americana con bolsillo del que sobresale lo que parece ser un pañuelo, pero que sólo es un señuelo cosido. Por encima de la americana, un tres cuartos marinero azul marino, que como la americana lleva el escudo de España en el bolsillo. Unos calcetines a media pernera blancos y unos zapatos brillantes, negros, junto con una boina de color también azul que culmina la cabeza, son el uniforme completo y obligatorio que todos los niños de su edad deben llevar cualquier colegio.

Cándido llega al patio de su escuela. Está prohibido armar barullo. El que se salta la regla, acaba castigado en la clase de pie, contra la pared, con los brazos en cruz, palmas hacia el cielo, sosteniendo dos libros, uno en cada mano. En el sufrimiento está el perdón. Si el castigo es reiterativo, la posición pasa a ser de rodillas. Si además es habitual, lo que el director del colegio llama “un caso perdido”, a la posición de rodillas, se le añadirán un par de lentejas debajo de cada una de las rótulas. Y si eso tampoco funciona, acabará en clase con los negros, los paquistaníes, los chinos, los indios, los gitanos y los otros que como él, no se atienen a las reglas.

Para no caer en la tentación, Cándido sale con el tiempo justo de casa. Llega al patio y se pone en formación. Suena la bocina del colegio. Todos están ya en posición de firmes, bien situados en perfectas filas indias con los más altos ocupando los primeros lugares y los más bajos en la cola. Se cubren, como en el ejército, dejando el espacio que ocupa un brazo desde el hombro de atrás al hombro asuso. La palma de la mano derecha cubre el corazón y empiezan los primeros cánticos. Primero el himno nacional, después el himno de la armada y por último un himno que habla de dios, patria y rey y que a Cándido, su abuelo, le ha dicho que es el himno requeté.

A primera hora, Cándido tiene, como todos los lunes, formación del espíritu nacional. Una asignatura en la que se explica por qué España es la mejor nación del mundo. Se establece el agradecimiento de todos los españoles a la monarquía que nos ha salvado de las hordas de desestabilizadores que querían convertir a nuestra nación en un país de vagos y mantenidos. Se cuenta también por qué los negros, los chinos, los paquistaníes o los que tienen rasgos sudamericanos son personas inferiores que vinieron a España porque aquí se vive muy bien pero que sólo desestabilizan el mercado de trabajo y les quitan el puesto a los nativos españoles. Porque un negro o un chino, o un peruano, siempre serán de otro sitio, aunque hayan nacido en España.

Después de la hora de formación del espíritu nacional, viene la asignatura de la defensa de España. Aquí, lo primero que se enseña son los himnos de España, de la armada y el Oriamendi que cantan todos los días antes de entrar a clase. También se enseñan el himno de la legión y el de infantería. Además se da información sobre el deber de defender a la patria, incluso con la propia vida, y el de alistarse voluntariamente en el ejército por un mínimo de tres años. También se establecen las normas de alistamiento una vez cumplido el servicio militar, que una vez al año les llevarán durante una semana a rememorar y recordar la instrucción militar. Además se enseña que la paz del mundo sólo se consigue mediante un ejército fuerte que sirva de freno a las posibles amenazas extranjeras. El armamento atómico y la necesidad de su posesión son también enseñanzas que se explican por la misma razón.

Después del recreo, Cándido tiene clase de religión. Católica por supuesto. Luego Geografía, dónde se aprenden todos los ríos importantes de España y sus afluentes así como las provincias, sus delimitaciones y su situación en un mapa. Después Lengua española y por último matemáticas y la historia, en la que repasan las grandes hazañas de la reconquista, los reyes godos y la conquista de américa, entre otras. Las tardes se dedican a la formación deportiva nacional y a la práctica obligatoria de fútbol, baloncesto o balonmano.

El abuelo de Cándido le pregunta dónde han quedado la filosofía, la literatura, las ciencias naturales. Cándido le pregunta al abuelo por qué la historia que le cuentan en el colegio, no es la misma que cuenta él con anécdotas de su vida.

El abuelo Matías, se queda pensativo y dice: “Cándido a tu bisabuelo lo mataron hace un siglo, justamente por no estar de acuerdo con las enseñanzas que ahora te dan a ti”.

 


Formación del Espíritu Nazional

El Gobierno inicia el trámite para paralizar la implantación de la LOMCE”. Así titulaba uno de los diarios pro PP, “El Mundo”, un artículo publicado hace casi dos años, el 4 de Abril de 2016. Pues bien, dos años después no sólo no se ha paralizado la implantación, sino que en los centros educativos se ha impuesto el criterio del Gobierno a través de sus directores, que manejan al antojo un Consejo Escolar relevado a la mera burocracia y apartado de las decisiones sobre la línea educativa de los Centros en los que el director tiene todas las facultades para hacer conforme crea conveniente (artículo 127 LOMCE).

En el país de la pasividad, los de la corrupción se mueven como pez en el agua, pervirtiéndolo todo y haciendo lo que les da la gana sin dar explicaciones o retorciendo las comparecencias obligatorias en el Congreso de los Diputados para llevar el agua al molino que a ellos les interesa.

Así nos encontramos con un artículo publicado en Eldiario.es que, titulado “El himno de la Armada, la inmigración como riesgo, la boda del rey y otras 7 materias que Defensa quiere meter en los colegios”, explica las propuestas que la Ministra de Defensa junto con el de Educación quieren imponer en las aulas. Uno que ya tiene una edad, aunque no tanta como para haber sufrido lo más duro de los colegios franquistas, recuerda como con seis años, formaba a la puerta de la escuela unitaria de Valdorros, mi pueblo, para cantar el “Cara al Sol” y soltar todos los días una frase aprendida como un papagayo y recitada como un loro, porque no tenía conciencia de lo que significaba: “Buenos días, señor profesor, buenos días tenga usted”, antes de entrar a clase. Una clase por supuesto sólo de niños. A pesar de los años, también recuerdo como muerto ya el sanguinario dictador, eunuco de voz aflautada, espíritu cobarde y saña de un demonio, tenía que llevar uniforme de falangista obligatorio para poder residir en el Colegio Menor y asistir a misa obligatoriamente todas las mañanas. También recuerdo un librito de pastas marrones, bandera de España y las columnas con la banda del “Non Plus Ultra” cuyo título era “Formación del Espíritu Nacional”. De lo que se decía en él sobre política, no me acuerdo muy bien porque tenía pocos años. Pero si recuerdo que hablaba sobre lo importante que es la higiene para un español de bien, de cómo actuar cuando uno acudía a la sagrada misa o de que España era una sola nación dirigida por un sólo mando, “El Caudillo”, elegido por la gracia de dios, que nos había salvado de las hordas comunistas. Entonces no sabía lo que significaba aquello, pero creo que se quedó en mi recuerdo por lo rimbombante del mensaje.

Si uno lee el temario que éstos apóstoles del hijoputismo liberal fascista quieren imponer en el colegio, es inevitable retrotraerse a aquellos años en los que se cantaba el “Cara al Sol” obligatoriamente antes de entrar en el colegio, se enseñaban los himnos carlistas o el de la legión en la enciclopedia Álvarez que servía de único libro de texto, o llegaba el cura del pueblo y entre Enero y Mayo, suspendía las clases de historia o de matemáticas o de francés, para hablarte de lo importante de recibir a dios en tu primera comunión y para obligarte a aprender un poema sobre Jesucristo que debías recitar en la ceremonia eclesiástica.

Todo esto, no sería posible en cualquier otro país en el que las personas son conscientes de lo que hacen sus políticos y en los que la opinión pública ejerce una presión tal contra la mentira y el engaño, que hasta por no pagar una multa de aparcamiento un Ministro mentiroso tenga que dimitir.

En España, dónde criticar al vecino es cotidiano, dónde los hombres comparten fotos de señoras desnudas en su Whatsapps como certificado de masculinidad, dónde los chistes machistas son el pan nuestro de cada día y la reacción ante la corrupción es hacer un chiste o sacar una canción, somos capaces de aguantar que nos roben, nos mancillen, que la policía abuse de su condición o que los políticos nos mientan y acaben haciendo lo que les dé la gana, usando al poder judicial si es necesario para ello, porque siempre pensamos que quién sufre ese tipo humillaciones “algo habrá hecho” y porque creemos que a nosotros nunca nos tocará. Creemos que el dinero robado por la corrupción no es de nadie, que la libertad está garantizada por la ley y que una propuesta como la de la Ministra de Defensa no saldrá adelante y si sale, bueno, será para los hijos de los demás.

Hace dos años que todos los partidos de la oposición se pusieron de acuerdo para derogar la LOMCE o La ley Mordaza. Dos años después, todas las enmiendas o proyectos de ley como la iniciativa legislativa ciudadana por la Renta Básica, siguen paralizadas en el Congreso a base de enmiendas y contraenmiendas de los de la Corrupción y del partido de la falange, con ayuda inestimable en muchos casos del PSOE.

Un pueblo sumiso que cree en milagros, en la primitiva y en que las cosas, nunca le pasan a él, hace de sus dirigentes, déspotas cleptócratas que hacen y deshacen a gusto. Y si además delante de cada propuesta está la banderita rojigualda y la unidad del estado español, cantan al unísono: “Ooooleeee” como si de una corrida de toros se tratase. Porque ellos siempre van a ser el espectador, y nunca el toro al que el torero-gobierno desangra hasta la muerte.

Sé que hay parte del profesorado que se negará a implantar estas medidas. Algunos lucharán con uñas y dientes para no tener que adoctrinar a sus alumnos. Pero estos abusadores de la corrupción, siempre acaban imponiendo sus criterios a base de palo e injusticia.

Seguimos necesitando que la calle les saque de sus casillas (y sobre todo del gobierno). Seguimos necesitando que la calle les dé un puñetazo de realidad que les despierte a todos esos conciudadanos adormecidos y resignados. Pero sobre todo, seguimos necesitando que a las urnas se acuda con responsabilidad y justificando el voto.

 

Salud, calle, república y más escuelas.

 

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

2 Comentarios

  1. Salud, eso siempre, si no tenemos, ya le pueden dar a la república y a la escuela. Más escuelas, eso no, porque cada vez hay menos alumnos. Más Escuela, con mayúsculas, eso si, porque es más formación, más cultura, más educación, más etc.
    Si no hubiéramos tenido la república que tuvimos, no hubiéramos tenido que soportar la dictadura que tuvimos.
    Sobre todo menos odio…

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