Hace años, Josep Borrell llegó a decir que en España lo que había era un “Carajal Autonómico”, con 17 comunidades reuniéndose cada cuatro años para revisar el modelo de financiación, y con el inconveniente de que nunca llueve a gusto de todos. Y en esas estamos otra vez, con retraso, con el asunto singular de la financiación vasca resuelto, cuestión previa inevitable para el PP si quiere pactar con el PNV para que haya nuevos presupuestos en 2018.

Ahora toca resolver el problema de la financiación del resto de comunidades, con el inconveniente de que no es fácil, ¿por qué? Muy sencillo, todas piensan que están por debajo de la media, lo cual es imposible. Habrá algunas que quedarán algo mejor de las otras, por lo que será necesario minimizar estas diferencias y evitar situaciones pintorescas como la de Andalucía que, años atrás, con el PSOE en el gobierno central, recibió la denominada deuda histórica. Pues bien, ahora vuelve a reclamar más fondos por el mismo concepto. Somos insaciables.

En un contexto similar, hace unos años, el singular Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de la Comunidad Autónoma de Extremadura, que solía y suele hacer comentarios más que interpestivos, dijo algo que tenía su razón: los partidos de ámbito estatal deberían ir al Congreso y al Senado, mientras que los nacionalistas o regionalistas sólo estarían presentes en el Senado.

Y no le faltaba razón, ¿qué hacen los partidos nacionalistas o regionalistas opinando sobre problemas de ámbito estatal? Más aún, la actual Ley Electoral los premia mientras perjudica a partidos estatales. Así, mientras que IU, con 1 millón de votos, puede sacar 2 diputados; en su día, CiU con la mitad obtenía unos 16 escaños.

Con esta problemática, ¿qué pasaría si hubiera un Senado representante de las nacionalidades y regiones, que se dedicara a repartir las cantidades dedicadas a financiar las competencias de las comunidades? Es cuestión de pensarlo, pero mientras estemos así, los partidos nacionalistas como ERC, PDECAT, o PNV, dispondrán de una gran fuerza, dificultarán la formación de gobiernos y harán que se beneficien sus comunidades, porque los votos aportados para formar gobiernos o aprobar presupuestos, se verán compensados con contrapartidas por la cesión de fondos para gastar en infraestructuras o servicios en sus comunidades.

¿Qué debemos hacer en estos momentos? En primer lugar, esperar a que pasen las elecciones autonómicas del 21-D en Cataluña, para darles la oportunidad de participar y opinar sobre el nuevo acuerdo que se tiene que producir.

En segundo lugar, será necesario mantener posiciones de solidaridad desde las más ricas a las más pobres. Para ello, el objetivo no puede ser que se sienten todos los representantes de las comunidades y ponerse a tirar del mantel hasta dejarlo hecho jirones. Sería perverso porque no se trata de engañar al representante de al lado porque al final pagan el pato ciudadanos, aunque sean de otras comunidades: ¡Solidaridad!

En tercer y último lugar, no se debe caer en la tentación de descapitalizar al gobierno central porque, por desgracia, a lo largo de un año, se pueden producir situaciones nada deseables que pongan en peligro vidas o destruyan objetos materiales y, por supuesto, el Medio Ambiente. En estas situaciones, el gobierno central será muy necesario a la hora de resolver o paliar los desastres que se puedan producir.

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