-Que leches hacéis todo el puto día, esta obra es una mierda, va lenta y cada vez hay mas defectos, ¡joder Ricardo! parece que se te ha olvidao construir –gritó el Cagaleches para que le oyesen todos los trabajadores de la obra-

-Pero, si somos cuatro gatos, ¿que quieres, que hagamos una residencia de ancianos de doscientas habitaciones en un mes? –le contestó Ricardo, también dando gritos-

-Al ritmo que vais podéis tardar años, necesito llenar esto de viejos lo antes posible, anteayer te dije que desmontases el andamio para que se vea la fachada y solo habéis quitao el cuerpo superior, no me haces ni puto caso.

-Claro que lo mandaste y en contra de mi voluntad empezamos a desmontarlo, pero cuando habíamos desmontado el tramo de arriba llegó el coordinador y escribió en el libro de prevención que paralizaba los trabajos hasta que viniesen los montadores.

-¡Que ese jilipollas escribió en los libros!, ¡la madre que le pario! sabe que le tengo prohibido hacer ninguna anotación de nada, tiene huevos,–dijo furioso- que se habrá creído ese jilipollas, ¡esto lo arreglo yo cagando leches!, ¡se va a enterar!, otro que se va a la puta calle.

El Cagaleches cabreado siguió andando por la obra para encontrar algún defecto que le permitiese tener razón, como fuese tenia que pillarlos en algo que le permitiese echarlos otra bronca y demostrar quien mandaba en su obra, ya en la ultima planta salió a una terraza y lo vio.

-¡Ricardo ven aquí! –dijo, a gritos- mira el angular del forjado de cubierta no lo habéis dao imprimación, dentro de nada se oxidará y manchará la fachada, hay que darle una pintura anti oxido –dijo orgulloso de su hallazgo-

-Llama al peón nuevo

-¡Antonio! Vente pacá, que el jefe quiere hablar contigo –gritó Ricardo-

-¡Tu sabes de andamios? –le pregunto el cagaleches-

-No especialmente –contesto el peón atemorizado-

-Joder Ricardo a quien contratas, podías haber contratado un peón mas listo, para entrar a trabajar en una obra mía hay que saber de todo.

-Usted perdone contestó el peón, hice delineación, después acabé Topografía y ahora estoy en tercero de arquitectura, pero de montaje y desmontaje de andamios, no sé.

-Cago en la leche, otro con títulos, lo que me faltaba, pues que sepas que todos los títulos que se necesitan para hacer esta puta obra los tengo yo en este bolsillo -dijo metiendo la mano en el bolsillo y colocándose los huevos, gesto que instintivamente hacia habitualmente, sobre todo cuando alguien le contradecía-.

-Pues vas ha hacer lo siguiente, mañana te van a comprar unos botes de pintura, mientras colocas una plataforma de las del cuerpo de abajo y sobre ella vas pintando el angular.

-¿Me está diciendo que trabaje sobre treinta centímetros y a una altura de cinco plantas sin protección y que recorra así todo el perímetro de la obra?.

-Exactamente, ¿algo que decir? por que si tienes algo que objetar se lo vas a contar al de la oficina del paro.

-No, no se preocupe necesito este trabajo, antes he trabajado de repartidor en bici por Madrid y seguro que el riesgo era superior.

-Mira Enrique –dijo Ricardo- lo que propones es muy peligroso, lo tenemos prohibido por el coordinador y si viene la inspección te mete un puro de la leche.

-Del coordinador me encargo yo –contesto malhumorado, volviéndose a colocar los huevos- y de los de la inspección también, ya me pueden poner multas que en cuanto acabe la obra entierro a esta empresa como hice con las anteriores, tres sanciones distintas andan por ahí perdidas detrás de las suspensiones de pagos.

-¿Y porqué no subimos todas las plataformas y las barandillas que quitamos ayer y hacemos una buena pasarela todo el perímetro? –le dijo Ricardo-

-¡Ni de coña!, una plataforma y que se las arregle, a su edad me movía yo por los tejados como Pedro por su casa y sin ninguna mariconada de barandillas, ni de redes, mañana lo quiero pintao, ¿te ha quedado claro? –le dijo taxativamente al peón-

Al día siguiente el peón comenzó su tarea, trabajando sobre una plataforma de treinta centímetros sin ninguna protección perimetral, a media mañana pidió a Ricardo un segundo bote de pintura.

-Espera, no bajes, -le dijo Ricardo- tengo que ver una cosa en tu planta y de paso te lo subo.

-¿Como queda la pintura? desde abajo no se distingue del color del alero,–dijo Ricardo pasando con el bote de pintura desde el alfeizar de una ventana al andamio –

-Queda bien, es un poco pastosa, pero seca muy rápido –le contestó el peón-.

-Mira, por allí viene el coche del jefe, me voy no sea que piense que te estoy ayudando y la tengamos -dijo mientras se dirigía caminando hacia atrás hacia la ventana por la que había accedido, sin darse cuenta que había dejado el bote de pintura en el suelo del andamio, lo toco levemente con el talón lo justo para perder el equilibrio y caer de cabeza sobre el Audi del Cagaleches, Ricardo murió en el acto.

Durante la investigación y el juicio, todos los trabajadores con rabia y con dolor relataron la verdad de lo sucedido. Hoy el cagaleches está en la cárcel condenado a cuatro años por el homicidio de Ricardo, a los que se suman otras dos condenas por cohecho activo en juicios de corrupción.

EL FIN DE LA CRISIS. 4: El top manta

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

14 − trece =