¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza y que diera un doblón por describilla…! Sí, porque con esto del IV Centenario de la muerte de don Miguel de Cervantes se ha despertado tal fiebre cervantina, que da gloria ver al país entero leyendo sus obras o colocando fotos del escritor por todos los sitios. Cada español, incluso, lleva pegado a la espalda un enorme retrato de doce metros de alto por siete de ancho del escritor. Y los más entusiastas, hasta se han tatuado su efigie en los canales semicirculares de los oídos. Cómo será la cosa, que ya se ha visto a un futbolista leyendo La Galatea. ¡Y en el programa de Iker Jiménez han dicho que una modelo ha entrado en una librería de Madrid preguntando por las Novelas ejemplares…!

El caso es que en España ya nadie habla de otra cosa que no sea de Cervantes. En la prensa de ultraderecha, por ejemplo, han dejado de repetir desde maitines que Pablo Iglesias es un bolivariano mariquita que huele a azufre para hablar nada más que de lo buen español que era don Miguel, que fue capaz de dar su mano por la patria… Y en la prensa de ultraizquierda, esos ardorosos editoriales con los que suelen analizar los hechos milagrosos del líder de Podemos diciendo que hay que ver qué guapo que es el muchacho, o fíjate tú qué divinamente que cura a los ciegos con sólo ponerles en la frente una estampita de Hugo Chávez, han sido sustituidos por profundos artículos dedicados al Príncipe de los ingenios…

Gracias a esta oportuna conmemoración, España está felizmente literaria. La infanta Cristina y su marido Urdangarín, sin ir más lejos, dando ejemplo como suelen, han demostrado ser unos grandes lectores de don Miguel. Por la Audiencia de Palma todavía se comenta con alborozo la contestación que los duques dieron cuando se les preguntó que dónde se habían conocido: «En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía…». Y el líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Oriol Junqueras, aunque no deja de dar el coñazo, ahora al menos lo hace de una forma más acorde con el clima general. Para hablar de su proyecto independentista se coloca una bacinilla de barbero sobre la cabeza, y, con la gracia que le caracteriza, dice: «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del CATALÁN horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don ORIOL de la Barceloneta, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo REFERÉNDUM DE AUTODETERMINACIÓN y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo del AMPURDÁN…».

Y hasta Susana Díaz se ha vuelto cervantina, pues ha dejado de leerle la cartilla a Pedro Sánchez y ahora sólo le lee las cosas que pasan en el patio de Monipodio, allá en su Triana natal.

En fin, que yo apostaré que la ánima del muerto, por gozar este ambiente literario hoy ha dejado la gloria donde vive eternamente…

Vale.

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