Hay personajes en el mundo, que de no haber existido los tendríamos que inventar. Me refiero a los que no son de ciencia ficción al servicio del dinero, los que han vivido para modificar situaciones, para motivar críticas, para desperezar a quienes duermen en sus laureles.

He tenido la suerte de conocer a varios que, como Fidel, han sido polémicos. Es difícil entender muchos por qué, que, curiosamente cuando te sientas junto a ellos modifican pensamientos. Sus razones son siempre a favor de muchos, de los “pequeños y desheredados de la tierra”  aunque el mundo no lo quiera aceptar.

Le conocí de la mano de otro de los grandes genios del Siglo XX/XXI, el gran artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamin, en la inauguración de la Casa Guayasamin en La Habana el año 1976.  Muchos invitados entre los que me contaba. Me presentó a Fidel como su mejor amiga catalana, madre de nueve hijos. De forma socarrona me pidió con cuantos maridos. Mi respuesta: uno. “Esto es vicio” respondió.

Estaba muy ocupado atendiendo a todos los invitados pero, me buscaba y me pedía por mi larga familia. Fue el comienzo de una bella amistad desde la distancia que perduró hasta su muerte.

Guayasamin tuvo la osadía de hacerle cuatro Retratos, tan grande era la Humanidad y la persona de Fidel Castro: “No cabe en un solo”, era su razón. El último que le hizo, el año 1993, fui una de las pocas personas invitadas ajenas a la familia. Estuvimos una semana en la Habana

Íbamos, de mañana, a la casa de protocolo donde se alojaba Oswaldo. A las once horas aparecía Fidel. Nos saludaba, preguntaba por nuestras familias. Aunque la sesión pictórica duraba un par de horas, se quedaba con nosotros en la casa. Almorzábamos, charlábamos de lo divino y lo humano. Se le veía feliz. Así confirmó el entonces Felipe Pérez Roque, su secretario, que posteriormente fue Ministro. Las Tertulias solían prodigarse hasta media tarde. Cada día pensábamos que no habría mañana pero, de nuevo aparecía radiante y, así duró cinco días. Al despedirnos recuerdo que me dijo, “Por favor, regresa pronto”. Iba invitada a sus fiestas de Aniversario. Huelga hablar de las personas especiales que conocí en el Palacio de la Revolución, muchos amigos con los que sigo en contacto, excepto algunos que ya se fueron como García Márquez o Vilma Espín, Danielle Mitterrand, Hugo Chávez, Juan Bosch -Presidente de República Dominicana- y su esposa notable escritora Carmen Quidiello. Entre los vivos, Abel Prieto, Eusebio Leal, Rodrigo Borja, Pedro Martínez Pírez, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Chucho Valdés.

Le hice a Fidel Castro una Entrevista para La Vanguardia de Barcelona. Entrevista que tardó en salir porque sus “dueños” no tenían claro que su periódico publicara algo semejante. Por fin, cuando les dije que me la devolvieran, que saldría en otro periódico la publicaron un domingo de agosto a doble página central.

Almorzar, charlar, compartir con Fidel era un regalo de los que no prodigan. Nunca sabías la hora cierta para una cita. Podían avisarte para primera hora de la madrugada, o de noche. Su horario era difícil de seguir, según explicaban sus secretarios.

Estar junto a él en la Plaza de la Revolución un 1º de mayo, es otra efemérides que jamás olvidaré.

Recuerdo una ocasión que nos invitó al Cabaret Copacabana con Guayasamin. Puro desmadre con la clientela. Todo el mundo quería tocarles, hacerse fotos con ellos. Yo les decía de pedir algo a cambio. Se reían.

Aunque normalmente yo solía ir con temas concretos a discutir, era él quien entrevistaba-preguntaba respecto a su país: qué te parece tal o cual cosa de Sanidad, Cultura, Educación. Sabía que eran mis temas preferidos. Ah! Nunca dejaba de preguntarme por mis hijos, sus Universidades, sus vidas particulares.

Coincidimos en diferentes ocasiones en Quito, junto a Guayasamin y su familia. También en la inauguración de la Capilla del Hombre, aquel majestuoso Monumento obra de Handel Guayasamin,  -aunque Oswaldo siempre decía que era él quién lo dibujó-  pero murió antes de ver culminada la obra. En aquella ocasión compartí con Fidel, Chavez, Danielle Mitterrand, Federico Mayor Zaragoza, Patarroyo, Abel Prieto.

Recuerdo el día que desde la Presidencia de Cuba se dictó sentencia de muerte para Arnaldo Ochoa, por tráfico de drogas. Era el 13 de julio de 1989.  Almorzábamos precisamente con Guayasamin en Barcelona. Huelga decir que hablamos de aquella inusual situación. Guayasamin lloró, en la mesa del Restaurante donde solíamos comer y charlar. ¡Inaudito!

Al llegar a casa escribí al Presidente Fidel Castro, pensando que no contestaría dada la anómala decisión. me equivoqué. La respuesta no tardó en llegar.

“Nos duele la situación que hemos debatido largamente. Finalmente, la decisión fue: una vida por muchas vidas”.

Aunque no compartía su decisión sí, entendí que optaron por una muerte, contra las que podían suponer las drogas para muchos.

Su 80 aniversario, tuvo que suspenderse por la grave dolencia que sufrió y le mantuvo alejado del mundo. Delegó en su hermano Raúl la Presidencia. Cuando su mejora de salud lo permitió, nos invitaron a ir al Palacio de la Revolución para festejar, aunque fuere con retraso, sus 80 años.

Nos reunimos muchos amigos, pero Fidel, delicado aún, NO apareció. Temieron que encontrarse con tantos amigos pudiera empeorar su estado de salud.

En su 90 aniversario un grupo de los amigos que siempre compartimos encuentros decidimos hacer un libro y llevárselo personalmente. El libro se hizo pero, fueron tantos los compromisos que una pequeña Comisión fue a entregárselo pero, no le vieron.

Hace un año llegó la hora fatal y, todos, nos sentimos dolidos.

Aprendimos mucho de aquel hombre valiente que luchó contra vientos y tempestades, que fue capaz de decir: “La historia me juzgará.”

Analizados los pros y contras, para mi ha sido un hombre que, gracias a su entereza, sacó adelante a su país cuando le querían ahogar. Nunca se arrodilló.

Cuando hablo de Cuba siempre digo que “No solo de pan vive el hombre”. Cuba, la malquerida, la tan criticada, ha dado grandes pensadores, médicos, investigadores, deportistas. Tal vez no comen lo que querrían pero Nadie muere de hambre. Tal vez no vistan cual quisieran pero, Nadie va desnudo.

Es ahora, con su ausencia, cuando temo por su futuro. Gracias Fidel por tu amistad, por tu fidelidad a unos ideales que jamás olvidaste, no importa las circunstancias.

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