Me lo descubriste aquel jueves 14 de agosto ante esos dos cafés, mudos y únicos testigos de aquella media hora diaria en la que compartíamos confidencias sobre nuestras vidas. Éramos compañeros de trabajo y sin embargo amigos. Nunca nos lo habíamos dicho. Hay cosas que se saben aunque no se verbalicen.

Me contaste que te escapabas a la playa durante el puente; Te dije que yo me quedaba guardando Madrid porque no aguantaba los atascos… ni a la gente.

“Ferragosto”, sentenciaste con esa capacidad tuya de sintetizarlo todo en una sola palabra. Y ante mi cara de asombro me hablaste de aquella película “la escapada” en la que aprendiste cómo apodaban los habitantes de Roma a este puente.

Me deleité en aquel Ferragosto Me gustó deambular por las calles vacías con la sensación de ser cucaracha el día del fin del mundo. Cada uno disfruta como quiere,… o como puede,… o como le dejan.

Yo te enviaba fotos de las calles desiertas de nuestra ciudad por Whatsapp: el viernes a Menéndez Pelayo me contestaste con tres pulgares hacia arriba; el sábado Alcalá me trajo de vuelta tres caritas sonrientes; el domingo tocó el turno a la Gran Vía.

El lunes de vuelta al trabajo dos lágrimas resbalaron por mis mejillas provocando ondas concéntricas en mi solitaria taza de café. La portada del 20 minutos ilustró su fría estadistica con el accidente mortal que había sufrido tu coche Entonces comprendí porqué mi último mensaje no obtuvo respuesta y recordé tu despedida definitiva justo antes de que partieras ¡¡ Feliz Ferragosto!!

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