Vuelan. Bailan. Corren. Luchan. Derrapan. Frenan. Aceleran. Aceleran más. Fernando Alonso y Carlos Sainz en el circuito de Austin, en la mañana americana que es la noche del domingo española. Pero no sólo desde la vieja piel de toro los ojos de los telespectadores estaban más pendientes de ellos que de Hamilton, Rosberg y Ricciardo, porque las cámaras cuya imagen se transmite al planeta entero quedaron prendadas de ellos, hechizadas primero ante la indescriptible defensa de su posición ante el viejo Felipe Massa que estaba haciendo Carlos Sainz. Y luego cuando llegó Alonso hasta su ex compañero en Ferrari. ¡Qué pasada de pasada!

Y por último los dos juntos. Volando. Bailando. Corriendo. Luchando. Derrapando. Frenando. Acelerando. Acelerando más.

El grito salvaje de Fernando Alonso:

-¡Yiiija!

La maravilla de volver a brillar.

Carlos Sainz tiene todo el futuro por delante, es lícito llegar a pensar que acabará siendo campeón mundial.

Fernando Alonso apenas tiene futuro, futuro deportivo, por delante, pero su carrera de hoy invita a pensar que quizá aún le quede suficiente magia y energía para alzarse con un tercer título mundial.

Una carrera apasionante, de las que hacen afición. Porque las manos del piloto parece que ya apenas tienen importancia, que es todo o casi todo máquina (y es verdad), pero el espíritu ha demostrado una vez más que puede ser superior a la materia. Era imposible que Carlos Sainz continuase corriendo con los neumáticos tan destrozados que calzaba al final; era imposible pero lo hacía y ya está.

Dentro de tan solo siete días volverá el Gran Circo de la Fórmula1, más circo que nunca en un lugar como Austin: helicópteros, animadoras bellísimas y sexys por doquier, un negro gordo y enorme cantando el himno nacional.

Será en México. En una semana. Los motores volverán a despertar. Aunque eso ahora da igual. En la memoria y en los corazones de cuantos seguimos a Carlos y Fernando, hacemos nuestras de algún modo sus glorias y miserias, la carrera de hoy en Austin Colorado Texas perdurará.

Que corran en el mundo entero la alegría y el champán.

Tigre tigre.

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