Se ríe Fernando Alonso, se ríe a carcajadas. El mundo entero se pasma al escucharlo a través de la radio.

Esta vez el pinchazo de la radio ha sido un pleno absoluto, campeón.

Carcajadas, puras carcajadas.

Está contento. Íntima e inconfesablemente contento. Los Ferrari no van a ganar en Monza. Hizo bien en largarse del equipo más mítico que en la F1 jamás existió.

La única victoria del equipo italiano en su feudo la ganó él, precisamente él. Alonso, que para muchos, y aún en esa carraca (con futuro, esperemos) sigue siendo el mejor piloto.

Pero ya se retira Massa, el tiempo pasa. Quizá no vuelva a ser nunca campeón del mundo ni ganador en Monza.

¿Nunca? Lo veremos. Lo vamos a ver ahora mismo.

Y entra en boxes.

Campeón campeón campeón.

Calza los neumáticos supersoft y vuelve a la pista. A volar. A demostrar. A grabar su nombre en el palmarés. En las estadísticas. En el corazón y la cabeza de todos y cada uno de los espectadores del gran premio de Italia.

Inteligencia.

Imaginación.

Poderío.

Mi aplauso cerrado. Mi admiración absoluta. Bravo por la gesta, por la brillante inspiración y la capacidad de hacerla realidad.

Bravo Fernando Alonso.

Campeón.

Campeón.

Campeón.

Si algún día nos conocemos personalmente me encantará fotografiar tu sombra junto a la mía. Ambas sombras con sombrero, of course.

Otro burbon, por favor.

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