Faltan sólo seis carreras para que termine el mundial 2018, el que la FIA quería, y suponemos sigue queriendo, gane Ferrari.

Pero al caer la bandera a cuadros en Singapur no está demasiado claro que la FIA vaya a salirse con la suya, como solía pasar -cuentan los más ancianos del lugar- en los tiempos de Bernie “La Momia” Ecclestone.

El caballero andante de la Ferrari, el jinete del cavallino rojo destinado a convertirse en campeón y gran héroe, no parece ser capaz de estar a la altura de las circunstancias.

Sebastian Vettel, el piloto más odiado por la afición española (si no existiera Vettel, Fernando Alonso habría ganado tres o cuatro títulos más), está dejando que el campeonato mundial se le escape, y no porque le falte coche, sino porque le falta Vettel, le falta piloto, le falta alma.

A Hamilton, en cambio, le ha sentado fenomenal tener un rival de nivel para despertarse, y está dando lo mejor de sí mismo en cada carrera. También en Singapur, y sobre todo al lograr la pole en una clasificación electrizante.

Las almas y la F1 en Singapur, clasificación electrizante

Porque luego la carrera de Singapur en sí mismo fue esencialmente aburrida, si exceptuamos el adelantamiento de Vettel a Verstappen, el undercut de Verstapen a Vettel, y el momento de nerviosismo al adelantar al casi siempre patoso y desagradable Grosjean y al heroíco Sirotkin (magnífico defendiendo su posición, aunque acabase siendo el último).

Fue prácticamente el único momento de gran tensión en la carrera, el único en el que los espectadores separaron la espalda del asiento. Pero Hamilton se comportó como un diablo tranquilo y mantuvo tras él a Max Verstappen, no se rozó siquiera con ninguno de los doblados, y Vettel siguió lejos.

El más espectacular, siempre luchador e inasequible al desaliento, fue Sergio Pérez, piloto de raza donde los haya e implicado en los dos únicos lances, con Ocon y Sirotkin, con nervio de Singapur 2018.

Lo mejor de la carrera, más allá del guión previsible y previsto: las tres mejores escuderías quedándose con los seis primeros puestos, fueron Fernando Alonso y Carlos Sainz. Alonso hasta estuvo a punto de quedarse con la vuelta rápida, y dobló a su grano en el culo particular: Magnussen.

En las pantallas se vio a los dos pilotos españoles, pero es evidente que estuvieron magníficos, que dadas las circunstancias era imposible que lo hicieran mejor. Aunque a Fernando Alonso estamos acostumbrados a pedirle imposibles. Lástima que esté tan complicado, aunque no es un absoluto imposible, que vuelva a convertirse en campeón del mundo.

 

Otro burbon, por favor. Tigre tigre.

Fernando Alonso podría estar en Ferrari 2019

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