Desde el 2003, el año que comenzaron a contabilizarse, en España han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas 917 mujeres; en el corriente, 37. Todavía hay voces ultramontanas que lo achacan a los inmigrantes y a sus culturas, como si matar a un mujer del sexo débil solo en lo físico (en todo lo demás nos superan), dependa de la idiosincrasia, cuando se trata de un fenómeno mundial, siendo España uno de los países de la UE donde menos feminicidios se cometen, lo cual no resulta excusa alguna a tal brutalidad. A estos vocingleros, proclives a condenar al extranjero de todo y por todo, por lo normal racistas que se están organizando y consiguiendo gobiernos en Europa de extrema derecha, habría que recomendarles leer un texto de Freud titulado “Consideraciones de la actualidad sobre la guerra y la muerte”, aunque dudo que sus estrechas cabezas lo entendieran. Se puede estar o no de acuerdo con los postulados del padre del psicoanalismo, donde afirma que los humanos somos tendentes a la sangre y que a raíz de ello existen leyes coercitivas contra cualquier tipo de violencia. Curiosamente el texto, escrito mediada la primera gran guerra, remite a los varones.

En España, donde no hay un estado paralelo, por fortuna, de momento, no se ha llegado a la barbaridad del feminicidio en la ciudad de Juárez, que viene de antaño, expuesto de una manera magistral por el escritor Roberto Bolaño en su obra 2666. No hemos alcanzado la magnitud de la fiereza machirula, aunque tampoco ningún gobierno ha acometido una ley ejemplarizante a fin de rebajar estos actos de hostilidad repugnante que, además de segar viadas y destrozar familias, abandonan en la cuneta a cientos de huérfanos. Se podría colocar una tobillera en el agresor denunciado que avisara a las autoridades en caso de que se acerque a su víctima, y otro dispositivo a la última a fin de que se refugie o pida ayuda antes de que aparezca la policía. Por supuesto esto solo es una de las muchas ideas que se manejan y no se llevan a práctica por falta de recursos. ¿Si no inyectamos dinero con el fin de parar los feminicidios tenemos derecho a considerarnos una civilización? En mi caso la respuesta es un no rotundo.

También hay mujeres que no denuncian por miedo, al igual que ocurría en Euskadi con la bestia etarra al exigir el impuesto revolucionario, el pizzo mafioso. Entonces les corresponde a sus amistades, que verán restos de los puñetazos, presentarse en comisaría.

Al cabo, el que suscribe y aquel que pretenda mirarse al espejo, al ver una agresión en la calle, lo primero que debe hacer es llamar al 112, y lo segundo intervenir y separar si es necesario utilizando la fuerza al animal, no sea que cuando llegue la policía la víctima ya no respire. El que suscribe lo ha hecho. El maltratador de mujeres, es su condición, siempre es un cobarde.

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