Felipe VI tiene ante sí estos próximos días un papelón de compleja resolución y encaje a corto plazo, vista la difícil coyuntura parlamentaria que ha arrojado el resultado del 20D. La receptividad o no del monarca con los 15 representantes parlamentarios de otras tantas formaciones con representación en el Congreso de los Diputados será decisiva para saber qué posibilidades reales existen de que se produzca un pacto de gobernabilidad o, por el contrario, la realidad política imponga una nueva cita electoral en dos meses.

Este decisivo papel de Felipe VI se da por primera vez en democracia y nunca la tuvo que afrontar su padre, Juan Carlos I, en idénticas condiciones en los 38 años y siete meses que se prolongó su reinado merced a las amplias mayorías que lograban PSOE o PP.

Tras los trámites legales de la comunicación oficial al Rey como jefe del Estado de la constitución de las Cámaras Alta y Baja y de la composición de las fuerzas políticas representadas en la recién inaugurada XI Legislatura, es ahora el monarca el que tiene la difícil tarea constitucional de encomendar formar gobierno a uno u otro candidato electo.

Comienza ahora verdaderamente la labor que la Constitución tiene encomendada al jefe del Estado llegados a este punto, tras recibir la pasada semana a los presidentes del Congreso de los Diputados, el socialista Patxi López, y del Senado, el popular Pío García-Escudero. Don Felipe inicia durante toda esta semana la tradicional ronda de consultas con los representantes de los partidos que ocupan escaño en el Congreso, a excepción del representante de ERC, que ha rehusado la invitación después de negar previamente el monarca la visita de la presidenta del Parlamento catalán para informar de la constitución de un nuevo gobierno autonómico.

Una vez escuchados los argumentos de los representantes de los 15 representantes parlamentarios, entre los que se encuentran también por separado las formaciones integradas en Podemos y que buscan también estos días un grupo parlamentario propio, Felipe VI hará uso del artículo 99 de la Carta Magna, que otorga al jefe del Estado la capacidad de proponer candidato a la Presidencia del Gobierno de cara a la sesión de investidura.

La agenda concreta de las consultas se inicia hoy lunes 18 de enero como tradicionalmente se han hecho, en orden inverso al peso parlamentario de los distintos grupos. Aunque este periodo de consultas no tiene un plazo legal estipulado, Felipe VI las resolverá durante esta semana para evitar que se prolongue en el tiempo el vacío de poder en manos de un gobierno en funciones.

Finalizadas estas reuniones con el monarca, Felipe VI volverá a llamar al presidente del Congreso para comunicar su decisión sobre quién debe ser el candidato que se someta a una sesión de investidura. En todos los años de democracia siempre ha sido el líder del partido con más diputados el elegido para la Presidencia del Gobierno, aunque la falta absoluta de mayorías estables plantea por primera vez una duda más que razonable al respecto.

1579_1452853Casi un mes después del 20D, ni el acuerdo “estable” que Mariano Rajoy quiere con PSOE y Ciudadanos ni el pacto de supuesto “progreso” que Pedro Sánchez busca con Podemos, otras fuerzas de izquierdas de corte nacionalista y sorprendentemente también con Ciudadanos tras el acuerdo por la Presidencia del Congreso parece que vayan por buen camino y todo apunta el encallamiento de las negociaciones en uno y otro sentido. Pese a que el adelanto electoral que contempla la Carta Magna si en dos meses nadie logra formar gobierno planea con más insistencia que nunca sobre la realidad política nacional, bien es cierto que nunca se ha dado este supuesto, ni tan siquiera tras unas elecciones autonómicas con mayorías insuficientes como las últimas celebradas en Andalucía o Cataluña.

Algo que parece poco probable es que Don Felipe opte por instar a formar gobierno a un candidato que sepa que no contará con el suficiente respaldo parlamentario, hecho que en parecidas condiciones le sucedió hace unos meses al presidente portugués, Aníbal Cavaco Silva, que optó por el candidato más votado, el conservador Pedro Passos Coelho, para formar gobierno con la excusa de mantener la “estabilidad” del país y a sabiendas de que los partidos de izquierdas (formados por socialistas, comunistas y Bloco de Esquerda) habían llegado previamente a un pacto de gobernabilidad. Passos Coelho apenas pudo aguantar unos días al frente del ejecutivo antes de ser derrocado por una moción de censura.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, ya ha anunciado públicamente su intención de someterse a la confianza del parlamento aunque no tenga garantizados los apoyos suficientes. También la segunda fuerza más votada, el PSOE de Pedro Sánchez, está de acuerdo en que corresponde al PP, como partido más votado, intentarlo antes. Pero si fracasa, Sánchez ha hecho público también su interés en intentar conformar un Ejecutivo “progresista”, aunque probablemente sin Podemos, con el que actualmente existe un duro cruce de acusaciones mutuas a cuentas de la composición de la Mesa del Congreso, en manos de los conservadores. Difícil lo tendrá Sánchez en este sentido, pese a la buena voluntad de Ciudadanos para que sean PP o PSOE quien gobierne con una minoría estable basada en la abstención de otras fuerzas.

Una vez que el presidente del Congreso reciba del rey el nombre del candidato al que ha encargado intentar formar Gobierno, López citará a la Junta de Portavoces para poner fecha a esa Sesión de Investidura. Esta Junta de Portavoces no estará habilitada para organizar la agenda parlamentaria hasta el 20 de enero, ya que los grupos parlamentarios tienen cinco días hábiles desde la constitución de la Cámara para formarse. Por tanto, el primer debate de investidura se prevé para finales de este mes o principios de febrero como muy pronto, ya que no existe un plazo fijo para ello.

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