Cinco de Septiembre de 1946. Isla de Zanzíbar. Hospital Shangani. Jer y Bomi Bulsara acurrucan en sus brazos al pequeño Farrokh, la pareja es feliz, llevan nueve meses esperando este momento. Jer Bulsara siente algo extraño al observar la mirada del recién nacido, en ese mismo momento la joven madre sabe que su hijo será alguien especial. Jer no se equivoca, el pequeño Farrokh se convertirá en Freddie Mercury. Escuchamos los primeros acordes de Bohemian Rapsody interpretada en el concierto de Wembley mientras vemos los ojos del pequeño Farrokh descubriendo el mundo. Fundido a negro.

Este podría ser el comienzo de un no muy prometedor biopic sobre Freddie Mercury. Esta semana el célebre cantante de Queen habría cumplido 70 años y todavía no existe una digna película sobre su vida. En los últimos años ha habido varios intentos de llevar a la gran pantalla la vida de Mercury; Sacha Baron Cohen estuvo mucho tiempo involucrado en un proyecto que no termina de convertirse en realidad. Y si os digo la verdad, a mí me no me entristece esta situación. Tengo que decirlo, salvo algunas excepciones, no me gustan los biopics; es un género del que no soy un gran admirador. Es cierto que muchas de las grandes películas del séptimo arte se basan en personas y hechos reales para desarrollar sus historias. Quiero matizar esto. Cuando me refiero a biopic me quiero centrar en esas películas que basan su existencia en reflejar la vida de personajes conocidos y reconocibles por el gran publico; personajes de los que tenemos una información previa. Hoy estoy creativo, y para que quede claro, voy a renombrar esta rama del biopic que no me gusta como “biopic mediático”. Este subgénero cinematográfico ha invadido nuestras carteleras en los últimos años: Capote, The imitation game, En la cuerda floja, Cantinflas, La vida en rosa, Coco, El hundimiento, La teoría del todo, Selma, Yves Saint Laurent, Grace de Mónaco, Jobs, Diana, Trumbo

¿Por qué no me gusta el “biopic mediático”?. El primer motivo se encuentra en que estos films intentan condensar una vida entera en 90 minutos, y hacer eso interesante para el público es muy complicado. Se agradece que haya biopics que centran sus tramas en momentos concretos de la vida de sus protagonistas (Mi semana con Marilyn, The Queen) o que su guión posea una estructura diferente (Steve Jobs, I´m not there). El segundo motivo es que siempre en estos films se intenta hacer un lavado de imagen del personaje retratado, o se obvian aspectos de su vida que pueden disgustar a las grandes masas. Y el último motivo por el que no me gustan los “biopics mediáticos” es que generalmente no disfruto de las interpretaciones, siento que los actores están constantemente pendientes de ser fieles al personaje original. Estas interpretaciones suelen ganar muchos premios pero para mí les falta frescura; parece todo encorsetado; hay algo que a mí no me engancha. Tras exponer todo esto quiero remarcar que sí existen “biopics mediáticos” que me apasionan: Ed Wood, Diarios de Motocicleta, Bonnie and Clyde, La Red Social, La rosa, Amadeus, Pollock, Bird, Mar Adentro, Frida, Toro Salvaje

Creo que es justo decir que en el género documental es donde se han producido aproximaciones más interesantes, diferentes y arriesgadas a personajes conocidos. Un ejemplo de esto son películas recientes como Janis, Man on Wire, Senna o Amy. Estoy deseando ver la última película del director Asif Kapadia sobre la vida de Maradona.

Mientras llega ese biopic sobre Freddie Mercury, recomiendo a todo el mundo que vea esa joya dirigida por Bruce Weber sobre la vida de Chet Baker llamada Let´s get lost. Este film está rodado en un espectacular blanco y negro y es una perfecto estudio de la figura del inigualable músico de jazz. Let´s get lost es bella, honesta, dura, melancólica, triste, tierna, real… Let´s get lost es Chet Baker, y eso sí es un buen biopic.

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Licenciado en Comunicación Audiovisual, ha trabajado cómo analista de guiones y desde hace años trabaja en el departamento de dirección en cine, televisión y publicidad. Juan ha cosechado varios premios y un centenar de selecciones en festivales nacionales e internacionales con sus cortometrajes como director y guionista. Juan ahora trabaja cómo realizador de publicidad, en breve estrenará su primera obra de teatro titulada “El día que decidí olvidarte” y sigue esperando poder dar el salto al largometraje con un proyecto en el que lleva años trabajando.

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