Pedro Sánchez se encuentra de gira por el mundo, para vender las bondades inexistentes de la falsocracia española, y hablar de derechos y libertades en otros países que, con todos sus defectos, tienen bastante más claros los pilares en los que se sustenta las bases de la democracia moderna. Sí, aquella que hereda los valores republicanos de la libertad, igualdad y fraternidad, y que los acaba ampliando.

Y lo parada más divertida, sin lugar a dudas, es la de Canadá. Allí, sin ruborizarse y con toda la desvergüenza del mundo, el Presidente no dudó en afirmar que: “los problemas políticos tienen soluciones políticas, como se demostró aquí con la gestión del Quebec”. Para añadir “se hicieron dos referéndums y el resultado siempre fue el mismo. Quedarse”.

En estas dos frases Sánchez retrató, sin él quererlo, la falsocracia española. Y es que poner de ejemplo Canadá, que ha vivido dos, no uno no, DOS, referéndums unilaterales de autodeterminación del Quebec, para querer parecer que España hace lo mismo es de risa. O mejor dicho, de pena. España, tras negarse sistemáticamente a pactar un referéndum de autodeterminación (ahorrarse el rollo de la Constitución, pues la autodeterminación se acepta en el momento que se firman tratados internacionales que lo recogen), va y dice que los problemas políticos se resuelven con política.

Claro que si señor Sánchez, claro que sí. Pero hacer política no es ir a Canadá, al lado de Justin Trudeau y decir esto. Hacer política es venir a Catalunya, retirar la causa general contra el independentismo catalán, alentada por el Ministerio Fiscal (cuyo máximo representante, digan lo que digan, es de designación POLÍTICA, por el gobierno de turno) y pactar un referéndum. Eso sería hacer política. Pero el señor Sánchez, más allá de la gesticulación propia de la presidencia del Gobierno, es un traje bonito y palabras.

Sigue escudándose tras jueces y fiscales, a cual Mariano Rajoy, y parte del espectro español siguen comprando que la Fiscal General es independiente, y que no responde a órdenes del Gobierno, cuando es éste quien los nombra y los cesa. Una rueda de hámster que sirve para no afrontar con política, los problemas políticos.

Así pues, señor Sánchez, el día que usted quiera pasar de la falsocracia a la democracia, demuéstrelo. No lo diga. Hágalo. Porqué, el Pedro Sánchez de chaqueta de cuero, coche y llamar puertas que quería regresar a Ferraz, de donde lo echaron, ¿Dónde está? ¿Se gastó todos los hechos para imponerse en la lucha fratricida con Susana Díaz? Dice ser un estadista, pues haga de hombre de estado. Sea un Cameron y no un Rajoy. Lleve a España a una democracia real y sáquela de la falsocracia. Si es que se atreve y sus compañeros de viaje le dejan, tanto los de su coche, como de la caravana que lleva detrás.

Hasta entonces, señor Sánchez, seguirá siendo el presidente de la falsocracia monárquica española.

Y el mensaje del Presidente de Canadá, Justin Trudeau: “confío en que los ciudadanos españoles y los gobiernos implicados procederán de una manera que se respete la libertad de expresión, los valores, los derechos humanos, la ley y la constitución”. Y en este caso, el orden de los factores SÍ altera el producto.

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2 Comentarios

  1. cada vez se parece mas a zapatero .
    dentro de `poco dira que la tierra no pertenece a nadie salvo al viento.
    se le va yendo la olla
    diciendo vaguedades populistas y chorradas

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