Cada cáncer tiene nombre propio y apellidos, o así lo expresan los oncólogos. Esto es su forma de decir que cada tipo de cáncer tiene que ser tratado individualmente, con sus propias peculiaridades a la hora de aplicar quimioterapia y radioterapia. No todo vale. No obstante, cualquier oncólogo confirmará que la efectividad del tratamiento de cáncer depende, entre otras cosas, de la continuidad del mismo. Y en el Hospital Clínico de Salamanca se han reportado varios casos de interrupciones en el tratamiento de radiología. Algo que han negado desde el Hospital.

Son bastantes los pacientes que reciben este tipo de tratamiento en Salamanca, y no son pocas las quejas recibidas en este periódico acerca de la interrupción de los tratamientos. Según los pacientes, en ocasiones han llegado a recibir “dos llamadas el mismo día del hospital”: una para indicarles que podrían proceder al tratamiento, y otra para indicar que “no iban a poder tratarlos ese día”. La única posibilidad es por tanto, esperar al día siguiente con los dedos cruzados.

“No es culpa de los trabajadores ni técnicos en radio” indica una de las pacientes, preocupada por las repercusiones. “Los equipos están sobreutilizados y se estropean”. Desde el Hospital niegan la interrupción de los tratamientos, asegurando que la única posibilidad de interrupción es la de técnicos revisando mensualmente que todo funcione correctamente. Algo que contradice directamente las quejas de los afectados, preocupados por la efectividad del tratamiento.

Hasta en el propio Hospital avisan a los que van a recibir tratamiento de que es probable que lo vean interrumpido. “Nos dieron un folleto en el que se indicaba que algo así podría pasar”. Lo que ningún paciente esperaba es que “ocurriese con tanta frecuencia”. Casos que están contemplados como el que aparece en la imagen a continuación, y que ponen de relieve la precariedad del sistema sanitario español.

Según la Asociación Contra el Cáncer, en España se diagnostican alrededor de 25.000 nuevos casos al año de cáncer de mama, uno de los más comunes entre las mujeres occidentales, y que ni siquiera es el más común en nuestro país (siendo este el de próstata), pero sí uno de los más conocidos por la población.

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