Cuando el 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner afirmó en su discurso tras la Jura ante la Asamblea Legislativa ‘Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada’, no llegamos a comprender cuán cierta y profunda era esa afirmación, sobre todo cuando se recuerda otra frase del mismo discurso, cuando se refirió a que ‘Formo parte de una generación diezmada’.

Porque el peronismo que llegó al gobierno en 2003 tiene mucho más que ver, de lo que uno cree, con el peronismo que buscó imponer sus ideas a través de las armas en la década del 70.

No fueron tan sólo ex militantes montoneros que se sumaron al funcionariado público, no fue sólo la recuperación de ciertos slogans y discursos, fue fundamentalmente el volver a poner el guiño a la izquierda y girar a la derecha para utilizar un vocabulario peronista.

Porque en ambos casos debemos diferenciar entre la conducción política y la militancia, entre quienes cortaban el bacalao y quienes apenas se sentaban a ver como otros comían. Porque en ambos casos vemos como un grupo de iluminados engañaron a las bases haciéndoles creer que eran parte de lo mismo cuando en realidad se nutrían de ellos para garantizar sus propios negociados.

Si uno observa la comandancia de Montoneros, verá que, en su mayoría, logró atravesar con vida la dictadura militar, a diferencia de la jefatura del ERP que murió cumpliendo su palabra. Pero los comandantes montoneros mientras se ponían a salvo condenaban a parte de sus seguidores a un martirio innecesario, en pos de unos ideales que decían defender pero se vio, a las claras, que muy lejos de eso estaban. Porque fueron militantes de la derecha nacionalista ultracatólica, algunos de ellos en Tacuara, que luego se reconvirtieron en el oxímoron de la izquierda peronista bajo el lema de ‘Perón, Evita, la Patria socialista’, aunque ellos en su proceder poco tuvieran de socialistas. Y en el medio de todo, se quedaron con dineros de los secuestros extorsivos de los cuales nunca pudieron, ni quisieron, rendir cuentas.

40 años después, y como en un guiño de la historia, se planteó una situación similar. Porque Kirchner supo encabezar una banda de facinerosos, tal como parece probar la justicia, pero supo convencer a las bases para sumarse a su idea. Porque ponían el guiño a la izquierda de manera discursiva, un viejo amigo me dijo ‘que digan lo que quieran, pero yo lo vi bajar el cuadro en el Colegio Militar, algo que creí que nunca iba a ver’, y mientras tanto doblaban a la derecha, ya que a través de un complejo entramado se garantizaban el apoyo económico de las grandes empresas bajo la amenaza de acciones concretas en caso de no acceder a sus pedidos.

Y en el camino, una vez más, se quedaron con dineros ajenos. A medida que van pasando los días comienza a quedar en claro que lo que eran sospechas son verdades, que los hechos aislados son un plan sistemático y que los funcionarios equivocados no son más que engranajes de un verdadero plan de saqueo del Estado.

Van pasando los días y cada vez se hace más y más grande y evidente lo que muchos sospechábamos y otros muchos negaban sistemáticamente. Cuando la fuerza de los hechos es contundente y hasta los propios involucrados, tanto funcionarios corruptos como empresarios corruptores todo comienza a estar claro. Más aún cuando muchos de ellos solicitan a la Justicia ser considerados como testigos arrepentidos a fin de morigerar su situación judicial.

Cada vez queda más en claro que #NoFueMagiaFueMafia.

Al fin de cuentas, y como cantaba Sui Generis en la época en que Montoneros estaba en su apogeo, ‘él era un fabricante de mentiras’, pero ella no era como la caracteriza la canción. Tal como se desprende de las investigaciones judiciales, no es que ‘Ella era una típica inocente’, muy por el contrario, Ella (como les gustaba presentarla en las campañas electorales) fue cómplice del latrocinio.

Pese a que Cristina Fernández argumente que ‘pareciera ser que además de desempeñarme como Jefa del Poder Ejecutivo por el voto popular durante ocho años, habría tenido el tiempo suficiente para liderar todos los emprendimientos criminales de los que ahora se me acusa’, sus propios funcionarios de mayor confianza, como el ex jefe de Gabinete y Senador Nacional, Juan Manuel Abal Medina (ya se ve que la historia siempre nos guarda sorpresas, el funcionario citado era sobrino de uno de los líderes iniciales de Montoneros, con el mismo apellido), quien ante la justicia reconoció que ‘fui contactado por el Lic. Baratta, quien me informó que debía coordinar con él la entrega de algunos eventuales fondos que él recaudaría de aportes voluntarios’, y que en ningún caso le generó sospecha… se ve que Abal Medina es ateo, porque ‘cuando la propina es grande hasta el santo desconfía’.

Y agregó el ex Jefe de Gabinete que ‘la informalidad no me hizo dudar o siquiera sospechar de la legal procedencia de esos fondos, ni era mi deber conocer su forma de recaudación’, exponiendo una práctica política que años más tarde repetiría el hoy oficialista Cambiemos, aunque mal y burdamente.

Se confirmaría entonces el mayor robo hecho por el gobierno peronista encabezado por Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Le robaron los sueños y las ilusiones a una generación que, justo es reconocerlo, se acercaron a participar en política durante su gestión. Y lo hicieron de una manera perversa, puesto que un aggiornamiento del ‘roban pero hacen”, el hacen eran gestos y acciones puntuales para adueñarse de banderas ajenas para evitar la crítica de esa parte del espectro político.

Así como algunos de los católicos y de derecha de Tacuara terminaron en Montoneros con su peronismo marxista (¿?), quienes durante la dictadura compartían actos con los militares y en los 90 eran privatizadores de Yacimiento Petrolíferos Fiscales, devinieron en defensores de los Derechos Humanos y nacionalizadores de la petrolera de bandera… aunque a un costo altísimo. En este contexto, y en una vuelta de tuerca a lo ocurrido 40 años atrás hicieron propio parte del discurso de la centroizquierda, evitando la crítica de ese sector, haciendo negocios (y negociados) con la derecha.

Quizás hayan sido problemas de sonido, y así como Perón simulaba no escuchar el reclamo que la JP y Montoneros le hicieron aquel 1 de mayo de 1974, hasta que los echó de la Plaza, Cristina Fernández creía escuchar otras cosas desde los balcones de la Casa de Gobierno, porque mientras los jóvenes cantaban ‘Cristina, Cristina, Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación’ ella parecía escuchar ‘Cristina, Cristina, Cristina corazón, acá tenés los pibes para la recaudación’, porque los usó de carne cañón para defender ciertas políticas que servían de fachada para poder robar por detrás sin prurito alguno.

A tal punto llegó el entramado generado para delinquir que incluyó, según lo reconoció el propio involucrado, el ‘apriete de cuello’ de Jueces Federales de la Nación para lograr la obtención de sentencias judiciales amigables, y según los escritos que generaron las investigaciones, también incluían la entrega de dinero. El ex juez federal Oyarbide reconoció que en las causas que interesaban a quienes estaban al frente del Poder Ejecutivo falló de la manera que lo hizo porque así se lo exigieron. Como es de suponer, ya se pidió a la Justicia la nulidad de lo actuado y en ese sentido avanzará el Poder Judicial.

Robaron mucho. Dinero. Ilusiones. Ideas. Sueños. Pero como cantaban Charly García y Nito Mestre en la canción que mencionamos, ‘Preciso es condenar al que se burla de nuestra moral.’ Y no hay duda que quienes estuvieron al frente del gobierno lo hicieron. Se burlaron de nuestra moral y nuestra inteligencia, porque creyeron que habiendo repartido entre varios los beneficios del saqueo tendrían garantizada la impunidad.

Y hoy, que poco a poco empiezan a caerse las caretas, se avecinan días difíciles para quienes compartieron militancia con los delincuentes, puesto que se enfrentan a un duro dilema, el asumir que eligieron cerrar los ojos ante lo obvio, habiendo sido cómplices del roban pero hacen del siglo 21, o reconocerse incapaces de haber reconocido semejante robo y haber hecho oídos sordos a quienes lo denunciamos. Tienen que aceptar que mientras repetían consignas vacías, fueron utilizados para el beneficio personal e ilegal de quienes decían representarlos.

Ante la contundencia de las pruebas, la irreprochabilidad de las autoincriminaciones, la sucesión de nuevos hechos denunciados y hasta la condena del ex Vicepresidente de la Nación Amado Boudou por haber pretendido apoderarse de la ‘máquina de hacer billetes’, pretenden explicar que todo se trata de una puesta en escena del gobierno para desprestigiar a Cristina Fernández. Pese a todo, siguen buscando explicaciones, ‘pero hay algo que nadie puede explicar: ¿por qué la niña ríe en vez de llorar?’

Quizás sea que durante más de una década se rió de todos nosotros.

 

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