El Museo Lázaro Galdiano de Madrid exhibe estos días, bajo el título de Rembrandt. Obra gráfica, 37 de los primeros grabados nunca expuestos del artista holandés, con los que se pretende mostrar al público su evolución y dominio técnico como grabador, como antes hiciera la institución con Goya y como está previsto que realice próximamente con Durero, según ha explicado a Efe la comisaria de la muestra, Carmen Espinosa, conservadora jefe del Museo.

Espinosa ha declarado que Rembrandt es “el gran maestro de la Edad de Oro Holandesa”, aunque en su época fue “más conocido como grabador que como pintor”. De hecho, el artista llegó a grabar alrededor de 300 láminas, desde 1628 a 1665, que le hicieron alcanzar bastante fama.

El secreto de su éxito residió en su particular manera de trabajar. Retocaba las planchas de grabado con frecuencia, bien por razones artísticas o comerciales, lo que multiplicaba las versiones de las mismas láminas que se vendieron fácilmente en la época. El artista ganó mucho dinero, vivió incluso rodeado de lujos, hasta que se arruinó y se vio obligado a vender su taller y todas sus estampas para salir adelante. Esas estampas cayeron en manos de grabadores principalmente franceses.

“Y a partir de ahí, como eran muy famosas las estampas todos los que poseen las planchas se dedican a imprimirlas. Empieza una reimpresión de reimpresión por lo que fue famoso en el siglo XVII, lo siguió siendo en el XVIII, en el XIX, en el XX y en el XXI”, ha detallado Carmen Espinosa.

La muestra, constituida por los fondos de dicho museo que fueron adquiridos en Europa a principios del siglo XX, está dividida en cuatro temas: Autorretratos, temas bíblicos, retratos de familia, retratos y escenas de género.

Uno de los autorretratos que aparecen en la exposición llegó a imprimirse en más de treinta ocasiones, lo que demuestra su gran popularidad en la época. En ese aguafuerte, el artista mira desafiante y seguro de sí mismo al espectador, mientras dibuja en su hogar vestido lujosamente como un noble. “Ningún pintor se retrató tanto durante toda su vida como Rembrandt. Se conocen 32 autorretratos la mayoría realizados en los primeros años como grabador, cuando aún vivía en su ciudad natal, Leiden”, ha explicado la comisaria.

Su gran innovación llegó, no obstante, con su reinterpretación de la temática bíblica a la que dotó de “humanidad” y elementos de la vida diaria. Se trata de una visión libre de la composición que rompió moldes en el arte de la época. En la muestra figura, entre otros, La historia de los patriarcas Abraham e Isaac, Jacob y Labán, La oración del rey David, El ángel alejándose de Tobías o el célebre Descendimiento.

“Las temáticas religiosas cuesta verlas a no ser por el título. Por ejemplo, en El buen samaritano puede ser una escena de taberna con un perro en primer plano o en La Sagrada Familia, con ese gato que ronronea al lado de la Vírgen, que si no llega a ser por el halo que tiene en la cabeza podría ser cualquier madre con su niño sentada en un estrado a la española”, ha asegurado la especialista.

Pero donde Rembrandt brilló como grabador fue en los retratos, en los que trabajó de forma única la luz, las sombras y los claroscuros. En la exposición destaca el retrato de su madre, Neeltgen Willemsdochter van Zuytbrouck. ”El retrato en grabado no era tan habitual y él era un genio. A todos les gustaba verse retratados en un tipo de formato manejable por su pequeño tamaño del que se pueden hacer ediciones. Eran una especie de fotografía de las que se formaban colecciones”, ha explicado Carmen Espinosa.

La exposición, abierta hasta el 3 de junio, se suma así a la gran colección de grabados que posee la Biblioteca Nacional de España sobre el artista barroco, estudiada con motivo del IV centenario del nacimiento de Rembrandt y publicada en el catálogo de la muestra Rembrandt. La luz de la sombra (2005-2006).

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