Éxito español en Río: Otro triunfo de Carlos Ferrer Salat

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Además del esfuerzo personal y el sacrificio de los atletas y deportistas, un país, para triunfar en unos Juegos Olímpicos, necesita un marco que lo haga posible. Un marco institucional y económico que facilite que una persona que puede aspirar a medalla no se quede en el camino porque no ha logrado los recursos económicos necesarios para continuar con su difícil y esforzado trabajo.

Estos días de competición en Río hemos oído a muchos preparadores y entrenadores de deportistas españoles con medalla decir que los “descubrieron” con 11, 12, 13 años. De ahí al bronce, plata u oro hay un largo camino que necesita, además de esfuerzo, mucho dinero.

Un joven con posibilidades olímpicas necesita un entrenamiento personal y multidisciplinario ad hoc, diseñado para él y eso es caro.

Pero también es frustrante que en un país como España se pierda un medallista porque a los 16 años se tuvo que poner a trabajar para ayudar a su familia.

El olimpismo español actual no se puede entender sin dos nombres: Juan Antonio Samaranch y Carlos Ferrer Salat, dos catalanes prototípicos de los sabían que para avanzar había que mirar siempre por encima de los montes que rodean Barcelona, al mar Mediterráneo y lo más lejos posible. No como la “clase” dirigente actual de vista tan corta que no son capaces de llevar su visión más allá de lo ocupan sus propios zapatos.

Samaranch es un ídolo muy respetado en el olimpismo y cuenta con sala propia en el Museo Olímpico de Lausana, Suiza. Ahora, en Barcelona le han hecho una fechoría propia de enanos que quieren encaramarse en los tobillos de un gigante y nunca lo consiguen.

El otro gran nombre del olimpismo español es Carlos Ferrer Salat una persona que en su desgraciadamente corta vida, 57 años, triunfó en todo lo que hizo y siempre con un estilo propio presidido por la elegancia y el buen saber y hacer. Un hombre que daba lecciones permanentemente, sin pretenderlo, de cómo se debe vivir en comunidad y lo importante que es esto para que la vida de una nación prospere adecuadamente.

Ferrer cursó ingeniería química, el negocio familiar era un laboratorio farmacéutico, y se licenció además en Derecho y Filosofía y Letras.

En su carrera deportiva, como tenista, fue campeón de España, 1953 y participó en WimbledonRoland Garros y el Godó.

Muy activo en la vida social y económica de la época, promovió junto con otros empresarios, el Centre Catalá y el Círculo de Economía de Barcelona.

Creó igualmente la Fundación Ferrer Salat a la que dotó con los fondos provenientes de los salarios que percibía como presidente de la CEOE y que otorga los muy prestigiosos Premios de Reina Sofía de Composición Musical.

Fue el primer gran presidente, y fundador, de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), sucediéndole su secretario general, José María Cuevas, el otro gran presidente de la patronal. Y hasta ahí. Luego vino uno que está en la cárcel y otro, catalán, prácticamente inexistente en los ámbitos sociales, económicos y políticos españoles. Vamos, un ejemplo la mediocridad que gobierna hoy en día España.

ADO

Ferrer y Samaranch tenían un sueño: celebrar en España unos Juegos Olímpicos y lo consiguieron con Barcelona 92´. Pero entonces tocaba “hacer” deportistas olímpicos. Y es Ferrer el que promueve la creación y puesta en marcha de la Asociación de Deportes Olímpicos (ADO) cuya misión era la de facilitar los recursos económicos que permitieran formar jóvenes futuros medallistas. Con su influencia ante grandes empresarios españoles, Ferrer logró los fondos suficientes para crear lo que se llamaron Centro de Alto rendimiento (CAR), lugares en los que promesas del deporte pudieran formarse y estudiar a la vez sin tener que “desertar” por razones económicas y así perder España oportunidad de medalla.

Ese fue el germen que ha posibilitado el desarrollo del olimpismo español actual.

Carlos Ferrer Salat no pudo ver los Juegos Olímpicos Barcelona 92, falleció en 1988.

Su recuerdo hoy en día es débil por la vergüenza del comportamiento de tanta gente que tanto le debía.

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