Sobre la exhumación de la momia del dictador abundan en los debates televisivos, amén de territorios comunes de los contrarios a ello y la falta de reflexiones de calado, los tertutuertos con uno de los ojos con visión difusa que deviene a propósito en mentiras o que son directamente ágrafos o que prefieren dar espectáculo circense y más que otra cosa pasear palmito por un ego desmedido o permanecer a la espera para pisar moqueta de un tiempo lejano en el que vuelva a gobernar la derecha, lo normal en cualquier partido apeado del poder, y lo menciono con absoluto respeto a los militantes, votantes y dirigentes del PP. Entre los tertutuertos, de variado verbo y condición, el que produce cierta befa, sin pretenderlo, ya que no parece mala gente e incluso resulta dicharachero y tiene faz amable, es el Sr. Inda, que acude a los platós con argumentos extraídos directamente de un libro de Pío Moa y/u otros, por citar a alguno de los presuntos intelectuales que son directamente fascistas y esconden el ala en su defensa de la democracia. Además Pío Moa publica tantos libros al año que dudo que los escriba él y se documente con fuentes fiables. Casi con certeza le cargarán la jofaina, no de agua transparente, negros literarios o escritores fantasma que le redactan sus petulantes volúmenes. Es imposible escribir, aunque se metan diez y seis horas al día al teclado, tal cantidad de títulos. Lo sé bien pues aparte de publicar bajo mi nombre he trabajado de negro literario, una labor mal pagada aunque digna como cualquier disciplina de la escritura, no así ciertos autores.

El Sr. Inda afirmó en el tira y afloja de la Sexta Noche, entre una de sus muchas invectivas, que si iban a llevarse al dictador del Valle de los Caídos, “habría que quitar el nombre de las calles dedicadas al asesino Largo Caballero”, uno de los más ilustres padres del socialismo español, cuya historia el Sr. Inda desconoce. Señalar de asesino a Largo Caballero es un ofensa a la historia, a la izquierda masacrada por Franco, y un signo de incultura manifiesta.

Pío Moa, que perteneció al GRAPO en calidad de matón y pistolero, lo cual le resta legitimidad, afirma, tras haber estudiado papeles secretos (falsedad pues no los hay catalogados por las instituciones en lo concerniente a la República), entre demás insensateces que, pese a su primer golpe de Estado, el general Sanjurjo “ayudó a traer la República”. Es contradictorio y delata al pésimo ensayista que enhebra mentiras. En las mismas declaraciones asegura que “Largo Caballero quería la guerra civil; lo he documentado”. Y en otra que “Largo Caballero ordenó el asesinato de Calvo Sotelo”.

Lo que sabemos a ciencia cierta es que milicianos extremistas de izquierdas y un guardia civil dispararon a Calvo Sotelo, a la sazón jefe de la oposición, pero no existe ni un papel de los poderes del Estado, ni una transcripción fidedigna, ni siquiera unas palabras de Largo Caballero que susciten el cruel asesinato y avalen las teorías del Sr. Inda y del nefando Sr. Moa. Ambos, el segundo un hijo de papá y un maldiciente, se dedican a la desinformación y la intoxicación, al igual que multitud de tertutuertos.

Lo que es un hecho irrefutable es que resulta inmoral que el sepulcro de un asesino (Franco) esté situado justo encima de los que asesinó, al igual que en un par de cementerios vascos hay dos tumbas de matariles etarras pegadas a las de sus víctimas. Esto también habrá que arreglarlo.

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