Parece que con el paso de los días vamos asistiendo cada mañana a la expectativa de conocer cuáles son las declaraciones que impactan más en la opinión pública de los diferentes líderes políticos. Eso hasta que terminemos con el  hartazgo del personal, cansado de ver escasas salidas y/o propuestas a sus problemas.

Es lo que podemos denominar “exhortaciones”. Es decir, el discurso de aquellos que nos intentan persuadir de que su solución es ideal. Sin percatarse de que en muchas ocasiones es excluyente. Única. Poco integradora. Escasamente dialogante (solo de palabra).

Es como otro modismo, la palabra regenerar, que se está convirtiendo, una vez tras otra, en un concepto vacío, hueco de contenido. En lugar de mejorar algo caduco, estropeado, repleto de supuestos vicios o errores, tropezamos continuamente en el persistente goteo de símiles, nada nuevos, con lo que se pretende modificar, impulsado por una sociedad deseosa de conocer, ansiosa de transparencia, ahíta de que le tomen el pelo.

Mientras, como si de un frontón se tratase, nos empeñamos en elaborar parlamentos dirigidos a nuestras, cada vez más menguadas, huestes. Algunos tiran por la calle del medio indicando que no echemos la vista atrás. ¡Cómo si hubiese que hacer tabla rasa de nuestra reciente historia! Otros viven de una manera desmedida el presente sin tener en cuenta que se debe planificar, como mínimo a medio plazo.

Finalmente están los que, tirando de memoria, prefieren consolidar sus raíces, recordar y aprender de lo bueno y lo malo acontecido. Enriquecer su trayectoria con la lectura de la vida. Coger fuerza a base del entrenamiento del corredor de fondo. Aquel que sabe que para llegar a la meta hay que, primero tener una base acumulada de trabajo y en segundo lugar mantener una regularidad y una constancia. Los vaivenes, como los juncos, que van de un lado a otro sin control, no deben ser buenos.

Así pues, firmeza en las convicciones, lecciones con ejemplos de práctica diaria, referentes en los que mirarse. Ese debe ser el sentido de nuestro devenir político. El resto es acomodarse. Buscar lo fácil. Dejar que el tiempo consuma los apetitos y las prisas por llegar, a veces no se sabe ni a dónde ni para qué. Reflexionemos lo que queramos y hablemos. Y hagamos.

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