Evocando a Hugo Pratt

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No me cabe ninguna duda. Desde que murió Eric Rohmer, el mundo es para mí un lugar mas frío. Saber que nunca mas vas a contemplarlo a través de su mirada lo convierte en un lugar rutinario, mas distante y deshumanizado. He intentando buscar consuelo en otros cineastas, pero no han conseguido cubrir el mismo hueco que me dejó el director francés. Con Hugo Pratt el sentimiento es algo parecido: la vida ha perdido en intensidad, en magia, ha perdido gran parte del espíritu de misterio y aventura que le envolvía. No, no estoy hablando así de ellos porque haya cambiado mi percepción de la realidad, me haya hecho mayor o hayan evolucionado mis gustos; más bien se trata de todo lo contrario: se trata de pura nostalgia. Con ello no busco revivir ningún pasado, lo que realmente echo en falta es poder evadirme en el interior de sus creaciones, encontrarme con los personajes que ideaban y los lugares que tan sobriamente describían, y deleitarme con las delicadas sensaciones que desprendían sus trabajos.

Al menos, la ausencia del veneciano se ve compensada de cuando en cuando. Si hace sólo unos meses tuvimos la fortuna de poder disfrutar del nuevo Corto Maltés de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, ahora encontramos de nuevo su rastro en una obra que puede pasar desapercibida si uno no anda muy espabilado.

Hablo de El Gran Norte, originalmente publicada en Italia en 2012, de Raffaele “Lele” Vianello, vecino y amigo de Pratt, y uno de sus colaboradores mas estrechos en la última etapa de su vida, particularmente en las series Cato Zulú y George e Arabella. También participó en Mu, la última aventura de Corto Maltés que realizase el maestro veneciano. En septiembre de 1987, tan sólo tres meses después de terminar la publicación de Rosa alchemica (nombre originario de Las helvéticas) un jovencísimo Corto Maltés haría su aparición en el primer episodio de la serie Il millantatore, realizada por el propio Vianello para la revista cabecera del personaje Hasta ahora, su firma era inédita en España, salvo por la existencia de la guía de viaje, La Venecia secreta de Corto Maltés, de la que Vianello es coautor, junto a otro estrecho colaborador de Hugo Pratt, Guido Fuga.

Dado que El Gran Norte adapta cuentos de Jack London que tienen al Klondike como telón de fondo y, puesto que el estilo de dibujo de ambos artistas es muy parecido, volví a sentir esa intensidad a la que me refería antes. Fue sólo durante unos instantes, pero ese tiempo me bastó para recuperar todo ese universo de sensaciones que había perdido.

El Gran Norte contiene dos adaptaciones de relatos cortos pertenecientes al segundo libro de Jack London, la recopilación titulada The God of His Fathers, publicada en 1901: El tramposo (que adapta Which Make Men Remember, tercero de estos relatos) y Allí donde el camino se divide (que hace lo propio con el octavo, Where the Trail Folks). Hasta donde yo sé, este compendio nunca se ha traducido al castellano. El trasfondo de estos episodios gravita en torno al significado de la religión y de la ética cuando los seres humanos se ven envueltos en situaciones que comprometen su propia supervivencia. El silencio que impera en los fríos paisajes del Yukón se convierte así en una metáfora de Dios. La madre Naturaleza juega aquí también un papel importante: no en vano, London estaba bajo la influencia de las teorías de Darwin (de hecho, se llevó El origen de las especies y El paraíso perdido de Milton con él al Klondike). En la adaptación de Vianello, todas estas reflexiones no se hacen evidentes en una primera lectura, todo tiene un aire mas superficial. Tirando de este cabo es donde se vislumbran las enseñanzas de Pratt, no dejando lugar a dudas: el alumno ha aprovechado sus lecciones de manera notable.

Visto el resultado, la extensión de El Gran Norte se me antoja extremadamente corta, y me deja con ganas de profundizar en el resto de la obra de este autor, que a estas alturas ya es relativamente abundante en su país de origen. Así, espero que no tardemos en ver por estos lares Cubana (2010), realizada junto a Guido Fuga, que parte de un argumento inédito de Hugo Pratt, y que, en principio, iba a utilizarse como continuación de El hombre del Caribe. De esta forma, poco a poco, voy calmando mi sed de Pratt.

Lo de Rohmer, sin embargo, tiene muy mala solución.

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1 Comentario

  1. Magnífico e interesantísimo artículo. Se nota que el autor es un experto y apasionado de lo que habla. Hacen falta más articulistas como este para que diario16 recupere el brillo de antaño.

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