Tan solo necesitó el Giro que transcurrieran  tres etapas para dar a los corredores su primer día descanso. Para que tomaran fuerzas de cara a la toma de contacto con la alta montaña. Este martes de Cefalú al Etna, aunque la llegada en el mítico volcán estaba situada a 1982 metros de altura y no más arriba.

Un día ideal para que los grandes favoritos dieran señales de vida. Una jornada, por supuesto, donde no se podía ganar la ronda italiana, pero donde alguno se podía llevar un susto. Y con la maglia rosa el colombiano Fernando Gaviria, vencedor el domingo y el primer colombiano que ha demostrado su valía en los sprints.

Cuatro escapados con corredores de esos que viven de este tipo de aventuras  hasta quedarse solo dos, Polanc y Van Rensburg.  Llegando con 4´25” al inicio de la última subida, a dieciocho kilómetro de meta. Por un error en la señalización de la carretera el propio líder, que encabezaba el gran grupo, confundió a los que le seguían y algunos se cayeron de sus bicicletas. El Katusha volvió a ser el equipo más perjudicado en una jornada que ya llevó antes a uno de los suyos, el español Losada, al suelo y que al final tuvo que abandonar.

Por delante fue Pierre Rolland el que inició las hostilidades en el grupo que apenas ya formaban sesenta corredores. Del que se descolgó durante unos metros Mikel Landa, líder del Sky, por un problema mecánico.

Se vio con ganas de probar a Nibali, mientras que Quintana dejó claro que ni era su mejor puerto ni quiso hacer nada que se saliera de lo normal, aguantar y ver cómo iban sus rivales. El esloveno Polanc completó casi ciento ochenta kilómetros de escapada para ganar este inicial final en alto y dejando un nuevo líder, Jungels. Una etapa que ofreció bastantes menos cosas de las que se podían esperar. El Etna no puso en erupción a los gallos del Giro en la primera etapa de montaña.

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