Los juegos de azar han acompañado al ser humano prácticamente desde la antigüedad. Antes de que los casinos existiesen, ya muchas cosas se decidían a suerte. Es un elemento inherente al ser humano la competitividad y la necesidad de ponerse a prueba, bien sea retándose a uno mismo o a los demás. Este es uno de los motivos por los que los llamados juegos de azar han proliferado y se han perpetuado hasta nuestros días.

Sin embargo, el azar, o la suerte, se han intentado controlar, y sigue haciéndose, a través de diferentes acciones. Tratar de hacer trampas es una de las más comunes. La picaresca es una de las iniciativas que más agudiza el ingenio, y muchos han dedicado más tiempo a averiguar la mejor manera de hacer trampas que a desarrollar una estrategia libre de ellas. La prueba más obvia, y alejada del juego pero sí motivada por el deseo de ganar, es el arte de hacer “chuletas” para aprobar exámenes. Muchos alumnos han invertido más esfuerzo en crear la chuleta perfecta de lo que habrían empleado en estudiar.

En el ámbito de los juegos de azar, o más concretamente los de casino, se han ideado todo tipo de trampas basadas en en análisis exhaustivo del sistema hasta descubrir imperfecciones o vulnerabilidades mecánicas (en la ruleta, por ejemplo). El conteo de cartas en el blackjack también es muy extendido. Sin embargo, toda trampa ha sido descubierta tarde o temprano, con el consecuente diseño de medidas para combatirlas.

Durante un tiempo, no se tuvo muy clara la línea que delimitaba la estrategia brillante de la trampa bien dirigida y escondida. Ha habido un amplio debate respecto a lo que es trampa y lo que es estrategia. Sin lugar a dudas, el juego online ha marcado un antes y un después en el que la tecnología y la eliminación de la interacción directa entre personas casi imposibilita las trampas. La famosa cara de póker no tiene sentido frente a la pantalla del ordenador, tampoco.

De cualquier manera, y asumiendo que el azar está presente en el entorno lúdico, es innegable que la estrategia también es un ingrediente en cualquiera de estos juegos, y que la experiencia y la puesta en práctica de diferentes habilidades frente a un croupier u otros jugadores hará que no todo quede en manos de la suerte. Aquellos que temen lanzarse a jugar porque piensan que no tiene posibilidades de ganar es porque sólo ven el factor azar en el mundo del casino. Si hacemos una pequeña reflexión, en todo tipo de juegos intervienen elementos externos que ni el jugador más experto podría llegar a controlar.

Mismamente en el deporte no se trata sólo de elegir a los mejores fichajes y combinarlos en una alineación perfecta frente a la alineación del equipo rival. Incluso las condiciones ambientales y lumínicas pueden afectar para alterar el resultado. Sabiendo esto, siempre hay que procurar tener bajo control todo lo que se aleja de este libre albedrío, ya que lógicamente tendremos mayores probabilidades de éxito controlando todo lo sensible de ser controlado.

Por tanto, sí que se pueden desarrollar estrategias en el juego para que el azar sea sólo algo más. Un jugador ocasional probablemente prefiera poner a prueba su adrenalina en un juego sin planificación basado absolutamente en la suerte. Sin embargo, aquel que se haya planteado hacer dinero jugando de manera recurrente o que haya descubierto que nació para ello, practicará varias horas al día e incluso se documentará cuanto sea necesario antes de jugar con dinero. Aunque el póker tienen tanto nivel de estrategia como para ser considerado un deporte mental a la altura del ajedrez, no es el único juego en el que se puede crear un patrón para ganar. Eso sí, la inmediatez está reñida con las posibilidades de éxito. A veces hay que perder primero para ganar después.

El éxito en ciertos juegos llegará a medio o largo plazo y estará fundamentado en una seriación de acciones que incluyan pequeños fracasos o pérdidas. De hecho, a veces requerirá de una estrategia conjunta con otro jugador que sirva de apoyo para poder llegar al objetivo. Esto está muy bien retratado en un análisis sobre cómo ganar a ciertos juegos de casino elaborado por el experimentado Nicholas Colon. Sin recurrir a fórmulas mágicas y con objetividad, detalla las posibilidades que el jugador tiene de “poner la suerte de su parte”, si es que realmente se puede describir de este modo.

Poniendo ejemplos alejados del ámbito del casino, si acudimos al clásico Tetris, es obvio que un jugador recurrente tiene más posibilidades de éxito que un novel, pero no tendrá garantizado el éxito 100% porque el orden en que aparecen las piezas siempre será aleatorio. Extrapolándolo a cualquier juego de cartas, la situación es muy parecida: saber qué hacer con ellas siempre ayudará a un mejor resultado, pero el barajeo afectará de manera determinante. Ese es el factor azar. El mismo ejemplo podríamos poner en el dominó. Siempre que la aleatoriedad, la seriación y la interacción matemática entre los elemento esté presente, habrá un componente que podamos controlar (el factor estratégico) y otro que no (el factor azar).

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