Gabriel Celaya nos descubrió que la poesía es un arma cargada de futuro. Cada poema está ensamblado con palabras, y cada palabra es, manteniendo la carga metafórica del famoso verso, una bala de conocimiento que va directa al cerebro. Esta concatenación de relaciones entre el lenguaje y la mente es la que ha llevado a Luis Castellanos a indagar profusamente en el poder casi infinito del órgano humano más enigmático para cambiar actitudes, para educar en positivo como vía primordial de un nuevo entendimiento que nos haga verdaderamente seres humanos dotados de raciocinio constructivo, todo lo contrario de lo que los informativos nos evidencian a diario. En Educar en lenguaje positivo (Paidós), Castellanos expone las posibilidades insondables de una metodología innovadora para llevar a la práctica las bases del lenguaje positivo en casa, en el aula y en el día a día. A todos nos irá mucho mejor. Comprueben y verán.

 

Apunta en el epígrafe inicial de su libro que “las palabras no tienen que nacer de ti, sino nacer en ti”. He aquí la importancia de una simple preposición. ¿O es mucho más que eso?

La respuesta tiene mucho que ver con el tipo de naturaleza humana que estamos contribuyendo a diseñar. Las palabras son vitales para el futuro de la humanidad y su bienestar. Las palabras construyen nuestras narraciones, nuestras historias, y no son lo mismo cuando nacen “de” nosotros, (todas nacen de nosotros, las pronunciamos, las escuchamos y muchas de ellas están vacías, sin porvenir, son palabras que nos roban y se llevan nuestro futuro), que cuando nacen “en” nosotros, palabras que son nosotros y nosotros nos damos en ellas, entregamos futuro, porvenir (que es una palabra maravillosa).  Nacer en ti es habitar lo dicho, ser lo nombrado. Si nombro alegría, soy alegría. Si nombro paz, soy paz. Cuando las palabras nacen en ti, nacen dentro de ti, siembran en ti el poder de la verdad y de la confianza, son palabras y acciones habitadas para que tengamos una buena historia de vida, con un protagonista digno, que procura un buen porvenir a la naturaleza humana.

“Cuando las palabras nacen en ti, nacen dentro de ti, siembran en ti el poder de la verdad y de la confianza”

 

¿Se puede educar en sentido positivo, o son demasiados los factores exógenos que lo impiden en condiciones óptimas?

Las condiciones óptimas, hoy en día, tienen muchas dependencias de los poderes políticos, de los poderes económicos, de los poderes de la comunicación…  y de las  personas que están, una a una, detrás de ellos. Del mundo y de las palabras que están diseñando para mantener y conservar ese poder. Padecemos de una sequía y una hambruna lingüística. Estamos sumergidos en  la mentalidad de la escasez, donde parece que las palabras y las personas que las pronuncian quieren regir y gobernar el mundo desde la escasez  de dos palabras-poder: el dinero y el éxito. Es el lenguaje de la escasez y del olvido de los otros y de su futuro el que domina actualmente la cotidianidad. Y, teniendo en cuenta lo que acabo de decir, el porvenir pasa por redescubrir el poder y los beneficios del lenguaje y de las palabras positivas en el cerebro y en la vida para implementarlo en la educación en cualquier parte del mundo. El lenguaje no es solamente un sistema de comunicación, es la clave para crear buenas historias de vida. Siete mil millones de personas hablamos, ¿cómo queremos que sea ese lenguaje? ¿el de la posibilidad o el de la imposibilidad? ¿el de la generosidad y la amabilidad o el del desinterés, la codicia,  la miserabilidad…?

 

Muchas palabras y expresiones pueden estar completamente vacías de contenido. ¿También el lenguaje positivo puede pecar de estas deficiencias?

Más bien diría que la respuesta tiene que ver más con el deseo de ser creativo que ser perfecto. Nuestras limitaciones son nuestras posibilidades. El lenguaje positivo tiene las limitaciones del lenguaje existente que nos está enseñando a ver el mundo de una manera casi única. El lenguaje se inventó para ver. Por lo tanto,  nuestra misión crítica y capital es inventar nuevas palabras para “ver” el mundo o reinventar los contenidos que nacen en nosotros para habitar las palabras que crean un buen futuro. Es la posibilidad de dotar de contenidos valiosos a nuestras palabras para inventar un futuro con más bienestar para todos los seres humanos. Es la ética del lenguaje, es una nueva forma de “ver” a las personas y el mundo. De no hacer daño y aliviar el sufrimiento. Creo que eso es habitar nuestras palabras y acciones. Hacer del mundo un lugar mucho más habitable.

 

¿Qué son las palabras habitadas?

Aquellas palabras y acciones que alivian el dolor, el sufrimiento  y la soledad de las personas. Aquellas palabras que “ven y sienten” el corazón de los otros y deciden actuar a tiempo en el tiempo de cada una de ellos.

 

¿Podría aportar un kit de supervivencia que nos ayude a educar a nuestros hijos en lenguaje positivo?

Practicar, practicar y practicar las palabras hasta habitarlas.

“Las palabras salvan historias, salvan vidas”. Si quieres estar alegre, practica la alegría hasta habitarla; si practicas el miedo, serás muy bueno encontrando miedo, si practicas el agradecimiento serás muy bueno agradeciendo y reconociendo a los demás. Si practicas la excusa y la queja serás muy bueno encontrando excusas y quejándote, si practicas la culpa serás muy bueno culpando a otros, si practicas el amor, la compasión, la amabilidad… serás muy bueno amando y escuchando los sueños de los demás y actuando para que cada uno cumpla la promesa que lleva en su corazón.

“Las palabras habitadas son aquellas palabras y acciones que alivian el dolor, el sufrimiento y la soledad de las personas”

No hables de la alegría, sé una persona alegre; no hables de la gratitud, sé una persona agradecida; no hables de la esperanza, sé una persona con esperanza que crea esperanza; no hables de la serenidad, sé una persona serena; no hables del amor, sé una persona que ama.

Os propongo el kit del “agradecimiento”, que está genial. Encuentra durante 21 días tres cosas diferentes por la que estas agradecido, 63 agradecimientos diferentes. Escríbelos en un pos-it a la vista, en el frigorífico, en la pared, en el espejo… El cerebro te lo agradecerá, lo estás acostumbrando a buscar el lado favorable de las cosas cada día, creando un ritual positivo.

Practica, practica y practica y aquello que practicas habitarás y serás. Ama tus palabras, diseñan tu vida.

“El porvenir pasa por redescubrir el poder y los beneficios del lenguaje y de las palabras positivas en el cerebro y en la vida para implementarlo en la educación”

 

Si recibiera el encargo de educar a niños con la única herramienta de las palabras, ¿qué cinco términos elegiría para ello?

Cinco por dos palabras de futuro y con futuro:

. La alegría y la compasión, que muestran, de verdad, que la felicidad habita en nosotros y que evitamos hacernos daño y  hacer daño.

. La amistad y la atención, que son unas palabras sublimes que hacen que nuestras acciones estén habitadas y promuevan la igualdad entre todas las personas del mundo.

. La gratitud y la admiración, que forman una unidad fascinante para reconocer que todas las personas y todas las vidas tienen el mismo valor.

. La generosidad y la amabilidad, dos palabras que nos ayudan a reducir la distancia entre los hombres evitando la avaricia, la codicia y la envidia que corroe nuestros corazones.

. La sabiduría y el tiempo, que son la esencia de lo que habitamos. Somos tiempo, duración, y necesitamos sabiduría para mirar con ojos de querer  ver.

 

¿Qué pueden aprender padres, madres e hijos en sus talleres de lenguaje positivo?

Cómo descubriremos y habitaremos las palabras de la amabilidad, de la compasión y de la sabiduría para aliviar el sufrimiento y el dolor propio (nuestra habla interna) y el de los demás. Aprenderemos a habitar palabras imparables que no dejan que entre la soledad en el corazón. Aprenderemos a habitar las palabras invencibles que nos acompañaran en nuestras narraciones para construir una buena historia de vida con un protagonista digno.

“Las palabras son planes concretos para hacer nuestros sueños reales”

 

Si tuviera que despertarse cada mañana con una palabra en la boca y acostarse con otra, ¿cuáles tendría como referencia?

Por la mañana:

Qué palabra quiero que me acompañe hoy. Con qué palabra merece la pena salir a pasear hoy: alegría.

Al acostarme:

Con qué palabras quiero ir a dormir, qué palabras quiero que acompañen mis sueños hoy: gracias.

 

Si lo pensáramos dos veces, seguro que no diríamos las cosas que decimos a diario. Entonces, ¿por qué llenamos nuestro día a día de tacos y expresiones malsonantes que enturbian un ambiente sano?

¡Es fascinante el poder del lenguaje! La pregunta es: ¿Podemos crear con las palabras el futuro que está en nuestros sueños? No se trata tanto de censurar palabras sino de aprender a elegirlas. Las palabras son planes concretos para hacer nuestros sueños reales.

 

Educar en lenguaje positivo
Luis Castellanos
Paidós
176 páginas
18,95€

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