Los parados de más de 50 años (madurescentes) son los grandes excluidos de la crisis y tienen por lo general un futuro sombrío; luego están los jóvenes en el otro extremo. Unas décadas atrás, cualquier joven con empleo ya contaba con el impulso y el deseo para independizarse de sus padres e irse a vivir solo. Sin embargo, la crisis económica, la precarización del empleo, el desorbitante precio del alquiler de la vivienda y el alto coste de la vida, ha hecho que al 80% de los jóvenes españoles menores de 30 años les resulte imposible dejar el techo de los padres.

Nos vamos a encontrar con una población ya no tan joven, que no tiene un proyecto de vida propio, con mucha dependencia de la familia, más o menos como vivían nuestros abuelos, en la que dentro del hogar familiar se encadenaban varias generaciones. Los datos son muy preocupantes, el 65% no está trabajando y el 60% de quienes lo hacen percibe menos de 900 € netos al mes, por lo que se tiene que destinar el 60% de su salario a adquirir una mini vivienda para lo que deberían disponer de un 100% más de lo que cobran. Para evitar el riesgo de caer en la pobreza a pesar de estar trabajando, prefieren continuar viviendo con los padres. Uno de cada cuatro que trabaja lo hace para ser pobre. El 38% de las personas de 16 a 29 años se encuentran en riesgo de pobreza. España ocupa en este aspecto una posición de vergüenza y el segundo puesto en desempleo juvenil en Europa.

La precariedad laboral, la temporalidad, la sobrecualificación y una tasa de paro de los menores de 30 años que alcanza el 32%, son razones de la baja emancipación de nuestros jóvenes; luego está el acceso a la vivienda, que con un salario medio que ronda los 800 euros, la compra, y aún más el alquiler, están por encima del llamado ‘umbral de sobreendeudamiento’, que las propias entidades financieras fijan en el 30% de los ingresos de la persona. Con estos datos, tan sólo el 5% de los jóvenes que perciben mayores salarios pueden adquirir una hipoteca que les dé acceso a la compra de una vivienda.

Pero si hablamos del futuro que les espera, la situación es demoledora, los actuales pensionistas pueden sentir garantizada su pensión, pero, ¿esa confianza se extiende también a los jóvenes? Ellos que son protagonistas esenciales en el fortalecimiento del sistema de Seguridad Social, son los que más incertidumbre le ofrece el sistema. La juventud tiene que ser consciente de que este asunto les concierne directamente. No cabe desentenderse y que otros resuelvan. Los principios de solidaridad entre generaciones ante las incertidumbres desatadas deben cultivarse sin reservas, porque un día dejarán de serlo y entonces vendrá aquello de: “no me lo explico”

No puede sorprendernos estos datos, pero debemos preocuparnos por que detrás de ellos se esconde el futuro de nuestro país. Si seguimos así, ésta será una generación frustrada. Y si de pactos se habla también debemos pensar en esta otra conjura contra este gran problema; hoy los enemigos también son la exclusión, la desigualdad y la desesperanza, siendo este último el peor de todos.

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