Empequeñecida pero soberbia, aparecía vestida de blanco Dª Esperanza Fuencisla Aguirre y Gil de Biedma cuando anunciaba su dimisión bajo el paraguas de la responsabilidad in vigilando. Interesante representación teatral, digna de una obra de Pirandello. ¿Recuerdan “Si así os parece”, aquella fantástica farsa filosófica sobre la verdad y la relatividad de la realidad? Una crítica sagaz a una sociedad burguesa agonizante muy pertinente hoy.

Observen a Esperanza interpretando su propia realidad, intentando convencernos con leguaje pueril y desesperado de su inmaculada ignorancia. Cual niña (parece que es rasgo común de las mujeres del Partido Popular), entona un “no lo sabía y el culpable es otro”.

En otras ocasiones, al hablar de la sociedad española, he hecho alusiones con pesar a la pasividad instaurada en la cultura política de nuestro país, producto de décadas de dictadura y de cierto complejo de inferioridad que nos ubica entre la picardía y el posibilismo. Somos tremendamente condescendientes con la corrupción, algo que nos aleja de valores democráticos fundamentales.

Dª Esperanza Aguirre, en esa torre de marfil, aúna la superioridad de clase y la ausencia de realidad que provocan treinta años de exclusiva dedicación política. Ha tomado la decisión, cual pirandéllico personaje, de interpretarnos una papel que resulta un insulto a la inteligencia. Confía plenamente en que nuestra aceptación del comportamiento político es inelástica y, como la demanda del mercado, no se rompe bajo ninguna circunstancia.

No es objeto de este artículo dilucidar el grado de culpabilidad jurídica de nadie en la clase política, pero sí considero necesario exponer un tipo de culpabilidad más grave: la relacionada con disponer de las instituciones de nuestro sistema político (donde plasmamos la convivencia de todos y todas) como si fueran la finca de quienes debían representarnos.

La red de corrupción del Partido Popular en la Comunidad de Madrid, independientemente de quién ocupa el primer o el último lugar en el ranking, es el símbolo de cómo han funcionado los resortes del poder en nuestro imberbe sistema democrático. Como ciudadanos hemos convertido (con nuestro voto e inmovilismo) las instituciones democráticas en la antítesis de la politeia. Oligarquía, cooptación y herencia –viejas clasificaciones aristotélicas- definen mejor la realidad política de nuestra comunidad, que debería corresponderse con otras más propias de una sociedad avanzada.

Durante décadas ha gobernado el Partido Popular en nuestra Comunidad (desde 1995 hasta la actualidad), configurándose como una dinastía en la que se han mezclado las élites privadas y las públicas, retroalimentando un modelo de gestión que no solamente ha socavado el perfil redistributivo y social que desde la izquierda transformadora creemos más justo y equitativo, sino que se ha convertido en un peligroso instrumento simbólico que deslegitima las instituciones, la política y el propio sistema.

Descubrir el nivel de implicación de Dª Esperanza Aguirre en esa trama o dilucidar si dimite por criterio propio o ha sido invitada a abandonar el cargo no es lo relevante, lo realmente importante es analizar si estamos ante el fin de una era. ¿Seremos capaces, como ciudadanos, de salir de nuestro ensimismamiento político? ¿Buscaremos otro modelo de gestión? ¿Otra alternativa de entender la función política, esa que debe estar al servicio de la ciudadanía?

Esperemos que esa imagen de Esperanza Aguirre, leyendo estática ante los medios de comunicación, remueva nuestra conciencia política y social y nos permita avanzar y recuperar derechos. Ética, transparencia, participación social, dignidad de la política y responsabilidad de las organizaciones ante la ciudadanía deben formar parte del cambio.

Desde Izquierda Abierta apostamos por ello, porque sea el fin de una era: debemos ser proactivos, de nada sirve la estupefacción sin ser capaces de cambiar esa realidad. Perdimos responsabilidades, pero no debe ser únicamente eso. Proponemos, tenemos una hoja de ruta y una manera de entender la política muy diferente del regente Partido Popular de la Comunidad de Madrid.

Será función de las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado y del sistema judicial determinar el papel de Esperanza Aguirre, de Ignacio González y del resto de la red capilar que se tejía por toda la región. Nuestra labor es luchar por el cambio y dignificar la política. Sólo desde los principios de la izquierda podremos recuperar la ilusión y la esperanza, apostar por otra pedagogía, tanto para la clase política como para la propia ciudadanía, y potenciar la participación de todos y todas en la vida pública.

La Comunidad de Madrid necesita y se merece un gobierno que responda a otros valores, a otra forma de abordar la realidad, más participativa, equitativa y defensora de derechos intocables como la educación, la sanidad, la cultura o la vivienda. La forma de gestión y quien gestiona no pueden ser ajenos a estos valores: son ejes fundamentales de una sociedad democrática. Para Izquierda Abierta, el cambio no es un concepto de marketing político, sino la apuesta por una urgente necesidad de regeneración democrática.

Termino citando a D. Jaime Gil de Biedma, tío de Dª Esperanza Aguirre Gil de Biedma, consanguíneo al personaje político, pero que sí merece mi ovación:

He aquí que viene el tiempo de soltar palomas
en mitad de las plazas con estatua.
Van a dar nuestra hora. De un momento
a otro, sonarán campanas.
Mirad los tiernos nudos de los árboles
exhalarse visibles en la luz
recién inaugurada. Cintas leves
de nube en nube cuelgan. Y guirnaldas
sobre el pecho del cielo, palpitando,
son como el aire de la voz. Palabras
van a decirse ya. Oíd. Se escucha
rumor de pasos y batir de alas
.

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De familia amante del debate y de gran diversidad ideológica, mi infancia transcurrió entre el parque de la Fuente del Berro y largos veranos en la Rioja. Llegué a este mundo en plena Transición Española. Eso marca. Desde que tengo memoria, he devorado libros y muy pronto me inquietó la política, en parte por la influencia familiar, pero también por haber estudiado en el Instituto Ramiro de Maeztu, en aquella época un lugar de gran estímulo intelectual. A los 17 años me afilié al PCE y empecé a colaborar en el ámbito asociativo. Durante mi etapa universitaria, alterné el empeño por mantener un buen expediente con el de ganarme laboralmente la vida. A la par, siempre a la búsqueda de espacios de debate político enriquecedor. Soy licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración (UCM) y en Derecho (UEM). Doctoranda en Economía Aplicada. Salté a la política más activa en 2003, y hasta el 2014 tuve el privilegio de hacer real la gobernabilidad desde la izquierda y formar parte de la transformación de una ciudad, Rivas Vaciamadrid. Actualmente, desde el ámbito privado y profesional sigo persiguiendo el sueño de que otro mundo es posible, también desde mi militancia en Izquierda Abierta.

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