Mi pequeña hija Antía tenía 4 meses cuando su padre me llamó para decirme que alguien sin corazón había decidido cerrar la fábrica de Fuenlabrada. Yo en ese momento me puse a llorar con mi hija en brazos y ella al verme las lágrimas se puso a llorar también y creo que entendió lo que significaba que su madre y su padre se quedaban sin trabajo. Al día siguiente fue la primera vez que acudió a una manifestación en pleno Enero en la puerta de la “fábrica de la felicidad”.

A partir de entonces acudió a muchas más al igual que otros hijos de compañeros de su misma corta edad o más mayores. La gente nos decía que no era sitio para ella pero ¿que podíamos hacer si sabíamos que la presión en las calles era la manera de hacerte ver? esta patronal sin escrúpulos tenía comprados todos los medios de comunicación amenazados con la publicidad de su marca … así que íbamos con la niña a todos los sitios que podíamos. Si tengo que decir que mi hija es lo primero en mi vida e íbamos cuando las circunstancias nos lo permitían (mucho frío o mucho calor o que ella no se encontrara bien …) pero cuando íbamos a las manifestaciones ella se dormía plácidamente en su carrito mientras cantábamos canciones de lucha, tal era el caso que por las noches tenía que dormirla cantando estas canciones. Más tarde cuando nos veía levantar el puño ella también aprendió a levantarlo. Era su futuro.

Cuando no había manifestación íbamos a las puertas de la fábrica dando un paseo ya que su padre estuvo durmiendo en una tienda de campaña porque no podía conciliar el sueño en casa y era la manera de que pudieran estar juntos. Se necesitaban mutuamente.

Todos los espartanos conocían a la “espartanilla” como así la llaman y entre todos la han visto crecer, la han enseñado a andar, la enseñaban las gallinas y siempre tenían una carantoña para hacerla.

Allí en el campamento conoció a los otros niños y allí jugaban juntos sobretodo en verano y los fines de semana. Jugaba con un casco de obra y una banderola del sindicato, era lo primero que cogía al llegar. Jugaban con un robot con forma de hombre simpson que había y que decíamos que hablaba como Pulido ( no se cuantas veces se le han cambiado las pilas) y a distintos juegos con la pelota y alguna vez se colaba por debajo de las puertas altamente cerradas de la fábrica y entonces algún niño se metía por debajo a recuperarla y llamaba a voces “ papá he entrado ya en la fábrica…” y pensábamos ¿que entenderán ellos con lo pequeños que son? pues bien, hoy tres años después mi Antía pasa por las puertas de la fábrica y pregunta que donde están los espartanos, cuando ve un anuncio en la televisión de “la marca dice “mamá lo siento he visto un video de cacacola, que son muy malos” y lo que más nos impactó a su padre y a mi fue que nos hizo una serie de preguntas cuando veíamos el documental con las que nos dimos cuenta de que si, si se enteraba de las cosas…

¿por que os convertisteis en espartanos? ¿por que os despidieron? ¿por que esa señora es tan mala?¿por que os hicieron tanto daño? ¿por que rompen las maquinas donde trabajaban mama y papa?

Lo hemos hecho todos por el futuro de nuestros hijos, los espartanillos.

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