Esta España

eterno siglo XV

confabulador,

talante inquisidor,

palos, cohecho, pobreza, simpleza,

conflicto de vaivén,

donde la gente vive con desdén.

Esta España,

que aplaude el latrocinio

siempre con ardor

con aire inquisidor

curas, conventos, puteros, señores del mal

que dan consejos

con doble moral.

Esta España

eterno paraíso

con sonoridad

malvive con la edad

calla y engaña y pide piedad

cuando se encuentra

con la autoridad.

Esta España

que muere y que bosteza

del engaño audaz

de vida contumaz

calla y aguanta, silencia la faz

y canta un himno pa poder pillar.

Esta España

de tintes rojigualdas

de tricornio y haz

que vive del secuaz

calla y espanta cultura leal

porque en los amos ve la libertad.


 

España

 

Decía el otro día Emilio Silva que “Las transiciones a la democracia tienen que ser reales y simbólicas. Es un déficit mantener la misma bandera y el mismo himno que tuvo la dictadura.” Un pensamiento coherente que sin embargo, en España, probablemente no habría tenido mucho recorrido porque si los que votaron NO a la Constitución, al cambio político maquillado del franquismo y a la apertura a esta pseudodemocracia oligopólica, se han adueñado, de nuevo, de la Constitución y del sistema para seguir beneficiando a los de siempre, igualmente se habrían adueñado del nuevo himno y de la nueva bandera para sus fines partidistas.

En España sobra testosterona nacionalista y falta cultura. Y con cultura no me refiero a estudios universitarios. Veo todos los días cantidad de diplomados, licenciados, gentes con estudios universitarios y un par de másteres que no saben absolutamente nada de política, de geografía, de historia, música, arte o literatura. Gentes que saben algo de la materia objeto de su carrera pero que carecen del más mínimo conocimiento sobre otros temas necesarios para la formación como ser humano. Gentes que saben de series de TV, de programas del corazón o de shows televisivos dónde se lleva al estrellato a insignificantes que saben cantar, chonear o vaguear pero no sabrían localizar en un mapa Guatemala, China o Alemania o no sabrían decir quiénes fueron los Mayas o dónde situarían Tartessos. Es más, gentes que no sabrían localizar en el tiempo la II República Española o quién fue Franco y cuántos años estuvo usurpando el poder. Aquí la filosofía, se erradica de la escuela sin que ningún patriota levante la voz, porque enseñar a pensar es cosa de antiespañoles. Al pensamiento crítico le llaman adoctrinar y a rezar en la escuela, enseñar.

Por eso España es un país peculiar. Un país dónde la gente presume de no leer, como antes los poderosos se jactaban de no trabajar, no puede salir a flote en la vida. Cualquier bulo es creíble si se le da un tinte nacionalista. Por ejemplo, leía el otro día a un tipo que decía en Twitter que en su pueblo natal de la provincia de Cáceres llegan a veranear chavales desde Cataluña, que no saben hablar castellano. Un bulo muy extendido en el resto del estado porque resalta el nacionalismo español y la supremacía de un idioma sobre otro. Sería espantoso que eso fuera cierto. Pero no lo sería menos que, en Catalunya, los chavales no supieran hablar catalán, su lengua vernácula. A cualquier persona con un mínimo de interés cultural, entre los que me incluyo, lo que le pesa es no haber aprendido catalán, vasco, gallego o inglés, alemán, francés, chino,… porque cuantos más idiomas sepa uno, más posibilidad hay de aprender cosas, de entenderse con otras gentes y culturas y por tanto de llegar a un conocimiento mínimo.

Aquí sin embargo somos más de resaltar el catetismo. Más de creernos el ombligo del mundo. Más de pensar que España es el paraíso terrenal dónde se vive más y mejor que en ningún otro sitio. La falta de crítica empodera el idiotismo. Para ello, los más fanáticos de ese nacionalismo casposo español no dudan en alegar, cuando se les habla del sistema educativo finlandés o del nivel de vida alemán, por ejemplo, que en todos esos países la gente pierde el culo por venirse a vivir aquí. A ellos les da igual que lo hagan por disfrutar de un sol del que ellos carecen (que no depende de nosotros porque sino ya lo habríamos dilapidado) o porque, con su pensión, aquí puedan vivir fácilmente y sin dificultades. Por otra parte, esos que tanto aman a España y que tanto loan sus virtudes, ¿por qué se van a vivir voluntariamente a Miami, se llevan el dinero a sociedades Of-Shore en Panamá o las Islas Caimán o por qué lo tienen oculto en Suiza, Andorra o Gibraltar?

Quizá es por una cultura establecida durante siglos de doble moral. La del Lazarillo que comía las uvas de tres y callaba mientras el ciego las comía de dos en dos. La de la sobrina de cura que todo el mundo sabía que no era su sobrina. La del putero felizmente casado que va a misa todos los domingos y que monta un escándalo porque a su vecina le visitan muchos hombres. La del fontanero que pone el grito en el cielo por la corrupción mientras defrauda el IVA, la del funcionario que se enfada porque su dentista no le hace factura, mientras él se va a hacer la compra en horario de trabajo.

Esta cultura de doble moral y escrúpulos exclusivos es la que lleva a este país a ser el hazmerreír de las democracias consolidadas europeas, cuando observan desde la barda, como aquí seguimos votando corruptos, seguimos aceptando que la religión prevalezca en todas las instituciones o cuando ven como la justicia es parcial y siempre benevolente con aquellos que se comportan bajo las reglas del régimen y extremadamente dura contra los que osan poner en evidencia los desmanes del mismo.

El nacionalismo es el amparo de los lerdos. Es el manto bajo el que se protegen. La pátina que cubre las miserias y que da lustro a las carencias convirtiéndolas en algo que brilla. El barniz que oculta asperezas y amalgama la carcoma en una sociedad que de otra forma se desharía. Porque, ¿Qué iban a hacer todas esas personas cuya único consuelo en la vida es reírse de los demás, tener como enemigo al del pueblo aledaño (aunque éste nunca te haya hecho nada), si un día ya no tuvieran a esos enemigos a quiénes dirigir su odio intrínseco? Porque para luchar contra la corrupción, contra la doble moral, contra el fanatismo y contra los bulos instrumentalizados, es necesario primero dejar de ser corrupto, dejar de tener doble moral, dejar de ser fanático y pensar por uno mismo qué es lo que está bien y qué es lo que beneficia a todos. Porque habitualmente lo que te beneficia solo a ti, suele conculcar derechos de los demás. Y no puedes querer para ti lo que no quieras que les suceda a tus vecinos.

Bueno en España si. Aquí es habitual y así nos va.

No me gustan las banderas ni los himnos. Pero quizá esta letra que encabeza este artículo, sea mucho más representativa de este país que cualquier otra. Aunque dado nuestra afición por los cuñaos y, como las urracas, por lo brillante (de brillo, no de admirable) seguramente a esa señora que vive en Miami porque admira y da gracias a España, la tierra que le vio nacer, ya tenemos letra para un himno. Porque aquí sobran parados, ladrones y pobres. Sobran fondos en la hucha de las pensiones y salarios justos, como lo muestra que el salario medio haya caído un 2% en los últimos dos años. Aquí sobran antiespañoles y falta, sobre todo, una letra para el himno.

¡Que vivan los cuñaos, coño!

 

Salud, república y más escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

2 Comentarios

  1. “Veo todos los días cantidad de diplomados, licenciados, gentes con estudios, universitarios y con másteres, que no saben absolutamente nada de política, de geografía, de historia, de música, arte o literatura…”

    Absolutamente cierto, desdichadamente.
    Certero, como ya es habitual, en la descripción de nuestra realidad.

  2. Solo miro y observo a mi alrededor. Es una desgracia.
    Como decía ayer Patxi Freytez el pueblo español no da importancia a la libertad y a la demcracia porque cree que cuando se les acabe (a ellos) podrán ir a comprarla al Corte Ingles.
    Una refexión que lleva toda la realidad amarga de este país.

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