La selección española se impuso anoche sobre el parqué del Carioca 1 a una visiblemente cansada Argentina sellando el pase a cuartos, y lo más importante, evitando el temido choque con los Estados Unidos. Ante un escenario hostil en el que Argentina parecía jugar en casa, sellaba un gran partido Rudy Fernández. El escolta del Real Madrid con 23 puntos y 7 rebotes lideró a un equipo en el que los minutos estuvieron muy repartidos y todos anotaron. De nuevo a la altura de las circunstancias Pau Gasol, con 19 puntos y 13 rebotes, que evidenció ciertos síntomas de cansancio, pero al que nadie en este campeonato parece ser capaz de frenar. En cuartos aguarda Francia afilando cuchillos, ansiosa de que la fortuna satisfaga su sed de vengar aquella noche de Lille en que los de Scariolo apearan del EuroBasket a Francia ante su público.

Scariolo volvía a repetir quinteto, con Llull, Rudy, Rubio, Pau y Mirotic. Los primeros dos minutos no permitían albergar espacio para el optimismo. Dos triples de Ginobili ponían un helador parcial de 8-0 que en días menos propicios hubiesen prendido la mecha del nerviosismo. Quizás ésta sea la mejor prueba de la resurrección de España. De nuevo vuelven a ser capaces de mantener la misma tensión competitiva sin importar la circunstancia del juego. España sólo necesitaba una canasta para meterse en el partido, y la canasta llegó. Un triple de Mirotic desencadenaba la furia anotadora de Rudy Fernández que lo metía todo. En menos de cinco minutos Rudy metía 10 puntos que servían para encajarle un parcial a Argentina de 23-2 que dejaba un cómodo colchón con el que la segunda unidad controlaría el encuentro hasta los albores del segundo cuarto. Argentina, que acabaría el primer cuarto con unos porcentajes de tiro por debajo del 25%, no parecía tener mucho más que Ginobili y el “Chapu” Nocioni  para asustar a España. Con los hombres de refresco sofocando tímidos conatos de rebelión llegaríamos al descanso con una cómoda renta de 48-35. España había estado más inspirada en los tiros (7/12 en triples), pero también había cogido el doble de rebotes (24 España por tan sólo 12 de Argentina). España no sólo fue genio; también fue trabajo.

Al principio del segundo cuarto, la nave española tomaba velocidad de crucero tras un fulgurante parcial de 7-0 que perdía a España en el horizonte de su rival. A partir de aquí, la plácida travesía solo vería alterada su paz por la sucesión de infortunios y errores varios – en parte debidos al contagio de la abulia que el juego  del rival destilaba- que culminaban con una inexplicable técnica a Navarro. Tiempo muerto de Scariolo y España retomaba rumbo a los cuartos de final, dejando muy buenos minutos en cancha los hombres de refresco destacando el debut en los juegos del joven Abrines. Con Argentina ondeando la bandera blanca a cinco minutos del final llegábamos al 92-73 con el que los de Scariolo consiguen arañar un nuevo capítulo a estos juegos olímpicos y a su propia leyenda. Una victoria sin pero de un equipo que de nuevo va de menos a más y que debería – en honor a su propia mitología – volver a  aspirar a todo.

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