Isabel López con su perra Dama

Isabel López ha perdido la cuenta de las veces que ha bajado a los infiernos a causa de los malos tratos. Unos abismos que no solo le han venido infligidos por la violencia de género de su expareja (con la que tiene una hija de cinco años de edad) si no también, y lo que es aún más doloroso para ella, enviada allí por una justicia patriarcal que a pesar de las innumerables pruebas gráficas de palizas y mortificaciones y de cómo todo ello está afectando a su pequeña, hasta en tres ocasiones ha archivado sus denuncias a pesar de saber que el maltratador se había saltado la orden de alejamiento.

Se vio doblemente vilipendiada por la actuación de la jueza María Jesús López Chacón “Viendo los moratones en mi cuerpo, el estado de desesperación y angustia en el que estaba y llevando el parte de lesiones del propio SUMMA, no solo no mostraron ningún tipo de empatía hacia mí, sino que no les tembló el pulso para pedir una condena de prisión para mí de diez meses, por los nimios arañazos apenas visibles que el maltratador se auto infringió para acusarme a mí, ella aceptó las denuncias cruzadas e imputó a los dos con sendas órdenes de alejamiento”, recuerda triste.

Por si esto fuera poco esta ingeniera industrial ha tenido que acatar con todo el dolor de su corazón la decisión de otro tribunal que le otorgó a ella la custodia de su hija y al padre “un amplísimo régimen de visitas (martes y jueves de 15h a 20h, fines de semana alternos con pernocta y mitad de vacaciones escolares). El mismo equipo psicosocial que dictaminó que tenía desviación psicopática”, comenta triste.

Un fallo judicial que siente es un castigo por atreverse a denunciar maltratador. “Vivo con el corazón en un puño cada vez que está con él y no vuelvo a respirar hasta que no me la devuelve. Es imposible recuperarte por completo viviendo siempre con este miedo. Cada noticia sobre la muerte de algún niño a manos del padre maltratador durante el régimen de visitas, me hace enfermar”, relata.

El doble maltrato, el doble dolor

A este punzante dolor Isabel suma otro acaecido el pasado 4 de julio de 2017 en el juzgado de violencia de la mujer de la localidad madrileña de Arganda del Rey. Se trata del que tuvo que sentir durante la vista por la petición de suspensión del régimen de visitas del régimen de visitas de su hija, y donde “estando aterrada”, por volver a reencontrarse con su maltratador, se sintió tratada como si ella fuese la auténtica delincuente.

Además escuchó, de boca de la fiscal, que “no se ha acreditado ni una mínima situación de riesgo para la menor” y que la vista era una total pérdida de tiempo. “¿Es que usted no tiene bastante con una sentencia condenatoria en el ámbito penal? ¡Usted quiere más! Yo creo que la represalia es respecto de la parte actora [Isabel] que quiere ir ahora contra el padre porque le ha parecido insuficiente la condena… que ahora le quiere quitar a la menor. Y está jugando con todos, teniéndonos aquí no sé si llevamos dos horas aquí sentados. Me parece una cosa denigrante…”, comentó.

-¿La estrategia de la contradenuncia es la nueva fórmula para seguir maltratando a la mujer?

Sin duda. Ya se sabe que no hay mejor defensa que un buen ataque y eso es lo que muchos abogados sin escrúpulos aconsejan hacer a sus clientes maltratadores para convertir lo que es violencia de género en violencia doméstica, como si se tratase de una pelea de igual a igual. De hecho existen manuales en internet que aconsejan seguir estas prácticas a los hombres que sean denunciados por las mujeres.

¡Claro que existen las denuncias falsas. Son las que interponen los maltratadores contra sus víctimas como estrategia de impunidad!

A este respecto, el propio Consejo General del Poder Judicial, realizo en el 2013 una Guía de Criterios de Actuación Judicial frente a la Violencia de Género, donde advierte de estas prácticas de los maltratadores y aconseja a los jueces no imputar a las víctimas por la mera declaración del acusado que se presenta con un par de arañazos y denuncia a la mujer después de que ésta lo hay denunciado a él. Justo lo que ocurrió en mi caso y justo lo contrario de lo que hizo mi juez de violencia desoyendo las recomendaciones de dicho órgano.

De esta forma Isabel pasó de ser posible víctima de violencia de género a imputada por maltrato en el ámbito familiar con una posible pena de varios meses de prisión

-El auto del pasado 4 de julio considera que el riesgo que relatas que padece tu pequeña se debe conjeturas o temores subjetivos y no encuentra “ninguna prueba” ¿se puede ser más cruel?

Efectivamente, el auto es el que se produjo tras la vista donde se puede observar como soy increpada y humillada por la representante del ministerio fiscal. Es importante dejar claro, que ese juicio se produce tras una denuncia que interpongo al encontrarme en la mochila del colegio de mi hija unas letras recortadas que unidas forman la palabra muerte. El maltratador ya había sido condenado oficialmente en primera instancia en esos momentos.

En el auto, la juez de Violencia de Arganda del Rey, manifiesta que “no considera acreditado que la menor se encuentre en grave peligro pues considera que ninguna prueba he aportado al procedimiento más allá de mis propias conjeturas o temores subjetivos”. Y esto lo dice, teniendo en cuenta que, una de las pruebas que aportamos fue la apertura de un procedimiento penal que había realizado el juez del Juzgado de al lado, precisamente porque vio indicios de delito en esas amenazas proferidas a la menor. Así que yo me pregunto, si el proceso penal abierto por este otro juez, era considerado por la juez de Violencia como una simple conjetura o temor subjetivo también o si cuando la fiscal me dice en esa vista, que he actuado sibilinamente para intentar quitarle la hija al padre condenado, ¿estaría pensando que este juez también actuó sibilinamente junto a mí? Es todo un despropósito terrible.

-¿Es la perversión de un sistema judicial que judicializa a la víctima a favor del agresor?

Sí, es la consecuencia de encontrarte con unos operadores jurídicos, jueces y fiscales, que no tienen ningún tipo de especialización y muy poca formación en violencia de género, que no entienden lo que significa ni saben distinguir el comportamiento de maltratadas y maltratadores. Funcionarios públicos que se dejan llevar por sus propios prejuicios aprendidos desde la infancia, inculcados por el sistema patriarcal en el que todos vivimos y que siguen pensando que las mujeres somos unas mentirosas retorcidas y manipuladoras y los hombres unas pobres víctimas de la perversidad femenina. Esta forma machista de pensar es algo terrible pero cuando además lleva una toga y tiene el poder de decidir sobre tu vida y la de tus hijos, se convierte en la peor de tus pesadillas.

Sin embargo, me gustaría decir, que no todo ha sido malo, pues a lo largo de este periplo de lucha sin tregua, he tenido la suerte de conocer a grandes magistrados y fiscales, expertos en violencia de género que demuestran una empatía con las víctimas y un conocimiento de la materia tan exhaustivo que te reconfortan con tan solo un gesto. Estas personas luchan incansablemente por cambiar la perspectiva con la que se juzga a las víctimas y son los que logran que no perdamos la fe en la justicia.

-¿Quién protege a quien no se protege, en este caso a tu hija y a ti?

Yo nunca me he sentido protegida. Hasta en tres ocasiones que el maltratador se saltó la orden de alejamiento, la juez archivo las denuncias sin más. De hecho, cuando mi hija enfermo gravemente y estuvo ingresada en el hospital, se permitió al maltratador estar en la misma habitación conmigo durante dos eternas semanas en las que yo no me separe de mi hija y también enferme por no poder aguantar la situación de angustia y ansiedad extrema que suponía tenerle a mi lado, cuando apenas hacia tres días que había intentado matarme. Tuve que ser atendida en el mismo hospital donde estaba ingresada mi hija, hasta en tres ocasiones por crisis agudas de ansiedad, pero yo no me separe de la cuna de mi niña en ningún momento. Tras esto no acabo ahí mi pesadilla. En el auto de su señoría, se le permitía al padre maltratador visitar a la menor en mi domicilio mientras la niña estuviese de reposo domiciliario, dos horas por la mañana y dos por la tarde.

A solas, sin nadie más en mi casa que el maltratador y yo. Al mismo maltratador que hoy está condenado en firme a dos años, nueve meses y un día de prisión. Totalmente surrealista ¡Estoy viva de milagro pero no será porque la justicia no le he dado ocasiones al maltratador para acabar con mi vida! Respecto a mi hija, no puedo apartar de mi cabeza el terrible pensamiento de que me he salvado yo a costa de sacrificarla a ella, pues ahora, no estaré yo para protegerla de los arrebatos violentos de su padre. Es la peor condena que nadie pueda soportar.

-¿En qué parte de la balanza te pesa más el maltrato, en el de tu expareja o en el de la jueza?

Pues a pesar de que en la última paliza que me propino el maltratador, tuve claro que quería acabar con mi vida, no sabría responderte. Es lo peor que puede ocurrirle a un víctima, que acude por fin, después de un largo periodo de maltrato a denunciar, completamente rota, avergonzada, sin identidad, destrozada psicológica y físicamente, aún en estado de shock y que se encuentra con que, quien debía ayudarla y protegerla, la Administración de Justicia, lo que hace es hundirla más en el agujero del que trataba de salir. Si ya es duro criminalizar a un inocente, criminalizar a una víctima inocente es una completa aberración. Se produce una absoluta vulneración de tus derechos fundamentales como persona. Aquellos derechos que creemos que solo se pisotean en países tercermundistas, se pisotean con demasiada frecuencia en algunos Juzgados de Violencia sobre la Mujer de nuestro país.

-No ser creída cuando además has presentado fotografías en las que no queda una parte de tu cuerpo libre de moratones ¿te duele en el alma?

No hay palabras para explicar lo que sentí en aquella fría sala de vistas. Estaba aterrada. Tanto la juez como el fiscal, estaban viendo los moratones en mi cuerpo y el estado de desesperación y angustia en el que estaba, y no solo no mostraron ningún tipo de empatía hacia mí, sino que no les tembló el pulso para pedir una condena de prisión para mí de diez meses, por los nimios arañazos apenas visibles que el maltratador se auto infringió para acusarme a mí. Pues en la sentencia firme ha quedado acreditado que yo no le hice esos minúsculos arañazos ni tan siquiera. Ni siquiera me preguntaron si el padre maltrataba o no a mi bebe. Sentí que el mensaje que me estaban enviando, era ¿por qué te has defendido? ¿Por qué no te has dejado estrangular?

-Ahora has decidido buscar en ti la mejor abogada que pueda haber. Y lo haces no solo para tu autoayuda sino para cualquier otra mujer que pueda necesitar de ti.

En primer lugar, tu vida se judicializa por completo. Pasas del maltrato en casa, al maltrato en los juzgados. Cuando has sufrido un maltrato psicológico tan grave, llegas a perder tu identidad como persona. Acabas rota en mil pedazos. Si encima, la justicia no solo no te ha ayudado a reconstruirlos sino que los ha pulverizado, ya nunca recuperas a la persona que eras. Yo me he tenido que reconstruir trocito a trocito con muchísimo esfuerzo y tesón. Nunca nadie podrá devolverme a la persona que era antes, la mataron.

Intento sacar algo bueno de la tragedia que he sufrido, intento ser alguien que pueda ayudar a las demás para que no tengan que pasar solas por este calvario. Así la las heridas duelen menos porque piensas que tanto sufrimiento no ha sido en vano. Por eso no he podido volver a mi vida profesional como ingeniera, no me siento capaz, pero sin embargo estoy decidida a convertirme en una de las mejores abogadas penalistas de este país con el único objeto de defender a víctimas de violencia de género.

¿Cómo está la pequeña?

El régimen de visitas que tiene concedido es tan amplio que casi parece una custodia compartida. La niña que ahora tiene cinco años no está bien. Vivir en un ambiente de violencia no es bueno para ningún niño. La pequeña ha empezado a replicar el comportamiento violento de su padre y tiene problemas en el colegio y en casa, incluso pega a su hermana de 13 años. Me siento impotente por no poder protegerla ni ayudarla. No es entendible que los jueces sigan pensando que los maltratadores, seres de naturaleza violenta, puedan ser buenos padres.

-¿Por qué no se la escucha?

Este comportamiento nos ha hecho pensar que la pequeña necesita ayuda profesional. Pero para poder llevar a mi hija a recibir el tratamiento adecuado, a manos de un psicólogo experto en niños que han vivido en un ambiente de violencia de género, es necesaria la autorización del padre maltratador. Y no la tengo. Es el mundo al revés. Los maltratadores nos siguen maltratando después de finalizar la relación con el arma más poderosa que tienen, nuestros hijos. ¡Y parece mentira que esa arma les sea concedida por la propia Administración de Justicia que debería defendernos!

-¿El equipo psicosocial del juzgado que evaluó a tu hija es también responsable de todo este otro maltrato?

El equipo psicosocial se limitó a ver como interactuaba la menor conmigo, pero no la observaron interactuando con el padre maltratador. Se limitaron a decir que la niña estaba muy bien conmigo, por lo que la custodia debía ser para mí y el amplísimo régimen de visitas (martes y jueves de 15h a 20h, fines de semana alternos con pernocta y mitad de vacaciones escolares) para el padre. El mismo equipo psicosocial que dictamino que el padre tenía desviación psicopática, rasgos de inadecuación, obsesión, conflicto psicológico y hostilidad encubierta. A pesar de que es el mismo juzgado de Violencia el que se encarga de tramitar la parte civil y la parte penal, a la hora de dictaminar el régimen de visitas de los menores, hacen una separación radical entre la parte penal y la civil cuando no debería ser así. Porque un maltratador no es un buen padre ni podrá serlo jamás. Que ninguna mujer se deje engañar: prima el derecho del padre maltratador al bien superior del menor según mi experiencia personal.

                   -¿Y además tu hija recibe recados de su parte como “que lo vas a pasar muy mal”?

Si, a veces, me manda amenazas encubiertas a través de la niña y además la pequeña me cuenta que su familia paterna le dice que soy una mentirosa y que solo quiero meter a su papa en la cárcel. Que soy muy mala.

-¿Ganarás esta guerra?

Esta guerra es una guerra compuesta por muchas batallas. Ha supuesto un terrible desgaste de mi salud tanto física como psicológica. Supongo que algunas batallas las ganaré y otras las perderé. Pero la importante ya la he ganado: ¡Estoy viva! ¡y aún tengo fuerzas de seguir luchando por mi niña!

-¿Qué les dices a otras mujeres que estén pasando por lo mismo que tú?

Que comprendo el terrible sufrimiento por el que están pasando. Que comprendo que en alguna ocasión se hayan sentido tan solas y desamparadas que incluso hayan pensado en el suicido como única solución. A mí me ha pasado. Pero les pido que aguanten, que sigan luchando por sus hijos. Que debemos unirnos y alzar nuestra voz para que se conozca esta realidad. Porque no se puede cambiar lo que no se conoce. Que debemos combatir con pruebas y con argumentos para lograr cambiar el sistema. Que cuando una víctima, sobrevive y hace de esta lucha la causa de su vida, nada ni nadie la puede detener. Porque la verdad y el sentimiento de justicia te dan una fuerza capaz de cambiar gobiernos si hace falta.

-¿Y a todas esas personas que piensan que la Ley Integral de Violencia de Género discrimina a los hombres?

La sociedad está muy engañada, y ese engaño sirve para que exista muy poca movilización y empatía por parte de la ciudadanía hacía las víctimas. No hay más que leer el Código Penal para darse cuenta de ello. Durante al maltrato, se producen multitud de delitos, todos ellos tipificados en el Código Penal: agresiones, vejaciones, humillaciones, amenazas, violaciones y un largo etc. Si sumáramos las penas de prisión que conlleva cada uno de estos delitos por separado, el resultado sería muchos cientos de años de prisión. Sin embargo, la realidad que te encuentras en los juzgados, es que solamente se suele juzgar al maltratador por la última agresión, (que es la única que puedes demostrar) y todos los demás delitos cometidos durante la relación incluidas las agresiones o violaciones, quedan subsumidos en un solo delito tipificado en el artículo 173.2 CP por el que se castiga la violencia física o psíquica habitual, cuya pena máxima es de tres años de prisión.

Un delito agravado de robo con fuerza en las cosas puede llegar a tener pena de prisión de cinco años. Esto es lo que la mayoría de la gente desconoce. El delito de maltratar a una mujer es el delito que menos gravemente penado esta en nuestro país si atendemos a la gravedad del delito en sí. Supongo que todo este engaño de la Ley de Violencia de Género es una estrategia para engañar a la sociedad y evitar saturar las cárceles con maltratadores que serían condenados a pasar casi toda su vida en prisión si tuvieran que responder por todos y cada uno de los delitos cometidos contra su víctima. ¡No habría cárceles suficientes!

-¿Que sientes cuando oyes opinar en los medios, en las tertulias de las cafeterías, en las reuniones con amigas y amigos sobre la violencia de género?

Pues que a mí no se me ocurriría opinar sobre neurocirugía. Pienso lo imprudente que es la gente, que es capaz de opinar e incluso juzgar a las víctimas desde el más absoluto de los desconocimientos, tanto a nivel jurídico como a nivel de datos sobre las víctimas de violencia de género o lo que significa la violencia de género en sí misma. Lo hemos visto en el caso de Juana Rivas, donde muchos la han desacreditado basándose en ideas erróneas y prejuicios machistas. Yo lo escucho a diario. Hasta la vecina del quinto parece saber cuántas mujeres ponen denuncias falsas y hablan de datos y cifras que desconocen.

Lo sorprendente es que ninguna de esas personas, se atreve por ejemplo a hablar conmigo de Física Cuántica. Pues bien, yo que conozco ambas materias, la Física Cuántica por formación profesional y la Violencia de Género por desgraciada experiencia, me atrevería a decirles, que la Violencia de Género es una materia mucho más compleja que la propia Física Cuántica, así que sean prudentes porque hacen mucho daño a las víctimas con su ignorancia.

-¿Qué opinas sobre la existencia de denuncias falsas?

Que si existen. Son las que interponen los maltratadores contra sus víctimas como estrategia de impunidad. Pero desgraciadamente de esas, nadie habla. Ni tan siquiera se contabilizan en el Observatorio de Violencia. Si lo hicieran, la ciudadanía se llevaría una gran sorpresa.

-¿Aconsejarías denunciar a otras mujeres que están siendo víctimas en sus casas y no se atreven a hacerlo?

Pues te voy a ser muy franca: Tal y como están ahora mismo las leyes, y basándome en mi terrible experiencia así como en la de otras muchas mujeres que conozco, yo les diría a las que no tienen hijo, que por supuesto denuncien, pero no sin antes, informarse bien a nivel legal y buscar apoyo psicológico desde antes de plantear incluso la denuncia. Les va a hacer falta.

Por desgracia, no puedo aconsejar lo mismo a las que tienen hijos. Porque les puede ocurrir lo mismo que me ha ocurrido a mí, y verse obligadas a vivir con la condena y la angustia eterna de tener que entregar a sus hijos a solas al maltratador. Yo misma me arrepiento de haber denunciado. Tanta lucha, tanto desgaste para tan solo conseguir es una condena firme para el maltratador que no es más que papel mojado, pues hasta le perdonan la cárcel contra todo pronóstico, y es que es poco habitual que un maltratador pise la cárcel si no te ha asesinado antes y todo ello a costa de dejarme la salud en el proceso y sacrificar la seguridad de mi hija.

-¿Quién es hoy Isabel López?

Pues como dijo Chabela Vargas: “No soy un ave fénix, sino solo una mujer con una fuerza brutal que logro salir de los infiernos”.

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5 Comentarios

  1. cuando pierdes el respeto a tu pareja pierdes la humanidad o hay acto mas bajo que la agresión física entre personas y mas si son de distinto genero estamos perdiendo la poca humanidad de la que presumimos

  2. Me he leído el artículo entero, me parece muy bueno.

    Pero por favor: se infringen las leyes (del verbo infringir) y se infligen los castigos (del verbo infligir).

    El maltratador se infligió arañazos.

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