Imagino que en un tiempo en donde la política se ha convertido en una suerte de caudillismo y ceguera grupal, imaginar y construir proyectos de transformación territorial se muestra como todo un intento de optimismo de quienes aún creemos que la política es no sólo una herramienta útil sino necesaria para enfrentar los retos y desafíos ya presentes en la esquina de un tiempo que nos alcanza.

Cierto es además que cada vez como ciudadano me interesan menos las batallas por lo absurdo y más los hechos que transforman realidades, que cada vez me aportan como al español medio menos los caudillismos verdes, rojos y amarillos y más los liderazgos basados en coherencia, trayectoria y realidades. Y es que, esta reafirmación no puedo por menos que acompañarla con la pérdida del interés en cafés absurdos al servicio ajeno. Algo que hace así que uno encuentre en el panorama político actual en nuestro país pocos hechos sobre los que destacar acciones de liderazgo real, ese que con una visión del futuro es capaz de anteceder las acciones concretas que preparan a las sociedades para los cambios que están por venir.

Parece así que la ceguera es el elemento definidor de los caudillismos de la España del siglo XXI, esos en los que además se encuentra con demasiada facilitad la mediocridad como elemento intrínseco que no viene más que a definir un panorama demoledor sobre el nivel de una clase política que en la generalidad destaca por su incapacidad, esa que tal vez les haría ciertamente compleja la búsqueda de empleo y desarrollo profesional en los ámbitos privados en donde el mérito y la capacidad destacan más que el control de censos o la maquiavelismo 3.0 con el que algunos parecen haber nacido.

Así, hoy cuando nuestro país vive un tiempo de transformaciones globales, de cambio de modelos económicos y productivos parece que es cuando menos afloran en el seno de las organizaciones y los partidos políticos aquellos liderazgos capaces de llevar a buen puerto las políticas que sirvan para solventar los conflictos y problemas que hoy resquebrajan los pilares de nuestro estado del bienestar y de la propia democracia, hoy aquejada de una aluminosis con un canibalismo voraz. No por menos, la situación del empleo –precario e inestable-, el aumento de la pobreza, la pérdida de capacidad productiva en sectores estratégicos, la falta de reciclaje profesional y la necesidad de ubicación de miles de personas o la necesaria mejora y adecuación del sistema educativo a un nuevo tiempo junto con la caída de la calidad de los servicios públicos básicos como el de la sanidad no vienen más que ha reflejar el trabajo que como nación tenemos ante nosotros. Un camino este que vas más allá de las cuitas orgánicas y las luchas de poder por el poder en el que parecen sumidos gran parte de los partidos políticos de nuestro país .

Yo que creo en la política reivindico esta hoy más que nunca por la necesidad que tenemos la ciudadanía de la misma para enfrentar un camino complejo en un siglo XXI lleno de incertidumbres, un camino en definitiva que afecta a la mayoría y al interés general de la vida cotidiana por encima del particular en el que la clase política convive en esa espacie de realidad virtual paralela que cada vez interesa menos. Por ello, hoy ni quiero ni me interesan los caudillismos rojos, verdes o amarillos. Veremos lo que el futuro nos desempeña.

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