Nuevamente los datos oficiales desmienten el optimismo del Gobierno de Mariano Rajoy en lo referente al desempleo de este país. Frente a la euforia de gran parte de los medios de comunicación cada vez que se publicaba un descenso en el número global de parados, Diario16 siempre ha mantenido una línea en la que desvelamos la realidad de esos datos globales y que no es tan bonito como lo quieren pintar desde los poderes políticos, económicos o empresariales. Nuestro mercado laboral está muy enfermo gracias a la inoculación de virus potencialmente mortales en la legislación laboral de este país.

Hoy han salido publicados los datos de la Encuesta de Población Activa y muestran la sintomatología clara de un mercado laboral gravemente enfermo. En referencia al número de parados, la EPA muestra cómo en el primer trimestre se incrementó el número de parados en 17.200 personas, lo que deja la tasa de desempleo en un 18,75%. Es curioso cómo se suceden los hechos porque este dato negativo coincide con el optimismo desmesurado de Mariano Rajoy de los últimos días en que afirmó que España es el país con mejores datos macroeconómicos de Europa y con una mayor tasa de creación de empleo, lo que demuestra que el Gobierno y su presidente parece que no viven en el mundo real. En otro orden de cosas, la ocupación disminuyó en 69.800 personas, lo mismo que ha ocurrido con la población activa, que ha descendido en 52.600 personas. Este dato es fundamental para entender que el número de desempleados haya bajado sólo en 17.200 personas ya que el descenso de la población activa hace que se maquille una cifra que hubiera sido escandalosa.

Nuestro mercado laboral está muy enfermo gracias a la inoculación de virus potencialmente mortales en la legislación laboral

La Encuesta de Población Activa vuelve a poner los pies en el suelo al Gobierno. Como ya hemos indicado en diferentes ocasiones en Diario16, el mercado laboral español está en una situación crítica porque no está evolucionando al mismo ritmo que la economía. Varios factores son los causantes de esto.

En primer lugar, la elevada estacionalidad provocada por el asentamiento de los datos macrolaborales en campañas vacacionales y en cimentar la economía en sectores productivos caracterizados por la temporalidad de sus procesos de generación de empleo. España ha enquistado la tendencia de que en los trimestres en los que hay elevadas cifras de contratación en hostelería o comercio mejoran los datos de empleo, mientras que cuando no se producen esas temporadas concretas se destruyen puestos de trabajo.

En segundo lugar, en un entorno económico de crecimiento sostenido, como es el caso de España, no es muy lógico que se pierda población activa. Más bien tendría que ser al contrario, debería aumentar.

En tercer lugar, los elevados niveles de precariedad del empleo que se crea, niveles que, a pesar de que la economía está creciendo, siguen manteniendo un incremento sostenido. Los datos de paro registrado nos dan mes a mes las cifras que sostienen este hecho: más de un 90% de contratos temporales, con una duración cada vez menor ya que el contrato estrella para los empresarios está siendo el eventual por causas de producción, es decir, el que permite contrataciones inferiores a 5 días.

En cuarto lugar, hay un paro oculto que no muestran los datos y que, según cifras oficiales, podrían elevar el número más allá de los 9 millones de personas sin empleo en este país, personas que, por desesperación o por haber tirado ya la toalla ante la incapacidad de reincorporarse al mercado laboral, se han salido de las tablas de medición.

El descenso de la población activa hace que se maquille una cifra que hubiera sido escandalosa

Los datos de la EPA son muy malos, pero no sorprendentes. Cualquiera que vea la evolución del mercado laboral español se dará cuenta de que mostrar euforia cuando los datos son positivos es un modo de adulterar lo que realmente está ocurriendo: un mercado laboral enfermo que puede reventar en cualquier momento a causa de una legislación laboral que favorece los abusos empresariales, la destrucción de empleo de calidad y que no da incentivos para una creación sostenida de puestos de trabajo.

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