Y el huésped llegó, como viene haciéndolo desde hace casi un milenio y medio, fiel a su cita anual, lleno de esperanzas, portador de ese mensaje que muchos musulmanes no saben o no intentan siquiera descifrar. En efecto, muchos ven en él un contratiempo que abre un paréntesis de un mes al año de nuestra vida en el que nuestra rutina diaria es agitada violentamente, en el que nuestras consciencias se ven de pronto ante un espejo incruento y terriblemente veraz que refleja nuestra cobardía; nuestros delirios de grandeza; nuestras flaquezas; nuestro incruento “yo” que se impone -o intenta imponerse- al “yo” del otro, a costa de ese otro si es preciso y, eso también, a costa de nuestra débil consciencia.

El primer día de estancia entre nosotros, y lejos de que fuera esa su intención, ese Huésped altera muchos cuerpos, muchas mentes, especialmente aquellos que no pueden – o creen no poder – imponerse a sus habituales necesidades corporales o de vicio, sobre todo los esclavos de la nicotina que, mientras dura la estancia entre nosotros del Huésped, se les antoja vital e irremplazable, hasta tal punto que les empuja a cometer actos irreflexivos de hostilidad, nervios y comportamientos difícilmente comprensibles para la mayoría de nosotros, impropios de cualquier civismo de obligada observación para con nuestro Huésped.

Verse privados de comida, bebida y el mantenimiento de relaciones conyugales se convierte de pronto para ellos en perder la esencia misma de la vida. Se olvidan de que el leitmotiv de la visita de nuestro venerable Huésped es precisamente la humildad, la tolerancia, el amor a la vida, la indulgencia y el espiritualismo.

Durante ese primer día de su estancia entre nosotros, muchos musulmanes sienten más que nunca su dependencia y vulnerabilidad ante su café de media mañana,  su cigarrillo tranquilizador y mil cosas más que, de pronto, cobran una importancia extraordinaria a pesar de su nimiedad. Esos impedimentos actúan como resorte para aflorar un sinfín de conductas reprochables y un dolor de cabeza que se hace insufrible cuanto más avanzan las horas y que les somete a un chantaje desleal y continuo, reclamando una salida a esa situación que se les antoja insufrible.

Otros, los más, preparan con antelación la llegada de ese Huésped tan esperado a quien agasajan como si no fueran a verle más. Aprovechan su estancia entre ellos para rectificar errores, purificar sus consciencias y, sobre todo, pensar más en los otros, venciendo al invencible ego. Son los que comprenden el mensaje que trae el Huésped. Los que cada año le esperan con impaciencia y anhelos. Los que de pronto ven ante ellos ese pliego de cargos escrito en mayúsculas, reflejado en su libro contable que, como un bofetón, les conmina a equilibrar el balance de sus acciones, enmendar roturas, restañar heridas y rectificar anteriores desperfectos.

Nuestro Huésped, que como habrán adivinado a estas alturas no es otro que el mes de Ayuno, o del Ramadán, para que todos lo entiendan, visita al mundo musulmán como lo viene haciendo desde hace casi un milenio y medio, imperturbable, insistiendo, una vez más, en su poder curativo para los que buscan una plenitud de forma física y, sobre todo, espiritual y humana, los que quieren reconciliarse con su consciencia y su credo, los que aman al prójimo y respetan la vida suya y del otro, los que impulsan el diálogo y la convivencia pacífica, los que, en suma, se someten a las palabras divinas que decretan que “Quien mata a una persona es como si matara a toda la Humanidad, y quien resucitara a una persona es como si resucitara a toda la humanidad”. Desgraciadamente, la tendencia es no rememorar estas palabras divinas.

Para los que quieran saber más de nuestro ilustrísimo Huésped, diremos que el Ramadán es uno de los cinco pilares del Islam, después del testimonio de la Unicidad de Dios y la profecía de Sidna Muhammad (Que la Paz sea con él), hacer los rezos diarios prescritos, dar limosna, cumplir el ayuno del Ramadán y peregrinar, para quienes puedan y tengan medios económicos que lo permitan.

Feliz Ramadán 1437 de la Hégira.

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Presidente de la Asociación de Amigos Del Pueblo Marroquí “Itran”

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