Ayer cientos de padres y madres de la Plataforma de AMPAS de Sevilla, “Escuelas de calor” se manifestaron frente al Palacio de San Telmo, sede del Parlamento andaluz, para pedir a la consejera Adelaida de la Calle que se trate de climatizar las aulas de los colegios e institutos públicos andaluces para paliar las altas temperaturas que soportan en el mes de junio y parte del mes de septiembre el alumnado y los docentes de Andalucía.

A mí se me ha estropeado el aire acondicionado. Una de las peores tragedias que le puede pasar a un andaluz que viva en una casa donde todo el santo día esté pegando el justiciero “Lorenzo” y que hace que tu habitación se convierta en un infierno donde uno es incapaz de conciliar el sueño. Llamo en seguida al servicio técnico para que me solucionen la papeleta lo más rápidamente posible. Aún así, mientras que vienen a arreglarme el “bendito” aire acondicionado tengo un ventilador que me vale de repuesto y que hace que las horas de calor del mediodía sean más llevaderas. Gracias a los dioses yo puedo permitirme hacer esto. Algunos seguro que no pueden ni pagar la factura de la luz. Aunque, desgraciadamente, esa es otra historia.

De lo que les voy a hablar hoy, y de ahí la anécdota del aire acondicionado de mi casa, es que no entiendo cómo la Junta de Andalucía y concretamente la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, se niegan a poner solución a las justas reclamaciones de la Plataforma de AMPAS de Sevilla, “Escuelas de Calor”, que piden que para paliar las altas temperaturas por encima de 30 grados que soportan estos días miles de escolares andaluces en las aulas de los colegios públicos de la comunidad andaluza, se “trate de climatizar las aulas de una manera sostenible”.

He escuchado decir a algún iluminado, que en esto de la educación siempre los hay, que lo que piden los padres y el alumnado es una exageración y que en el pasado no había aire acondicionado en los coles ni en los institutos y el alumnado y los profes aguantaban estoicamente las altas temperaturas sin problemas. Estos mismos iluminados son lo que no reconocen que el progreso está para aplicarlo y sobre todo en estos casos. Eso sí, estos lumbreras después del curro buscan la cervecita en bares con el aire acondicionado puesto “hasta las trancas”, que para eso sí que hace mucho calor y fuera, en las terrazas con los toldos, no se puede parar. Mira tú por donde es lo que quiere construir la consejera, “espacios exteriores ajardinados y entoldados”, como si un toldo en Sevilla a las dos de la tarde fuera la panacea contra el bochorno y el calor. ¡Vega ya, Adelaida!…

Yo sólo quiero que la consejera imagine una clase de primero de Bachillerato en un pueblo de Sevilla, a las doce de la mañana, después del recreo, en pleno junio, a más de 30 grados, el profesor tratando de explicar La metamorfosis de Kafka en Literatura Universal y el alumnado pensando que hasta Alenjandro Samsa convertido en un repelente bicho tendría un ventilador en su habitación o al menos por su ventana correría una “mijilla” de aire fresco. Eso sí, lo fácil de explicar para un profe en estas circunstancias es el significado de “kafkiano”, porque no hay una situación más kafkiana que dar clase en un aula prefabricada a las doce del mediodía y todo el personal sudando a chorros, que más que en una clase de literatura, parece que estamos en una sauna.

Pero Adelaida nos sale diciendo que ni aire acondicionado ni permiso para que los padres coloquen por su cuenta y pagados de su bolsillo ventiladores en las aulas. ¡Ole tú, Adelaida! Claro, mientras a ti a no te falte en tu despacho el aire acondicionado, no hay ningún problema. Mientras, el alumnado y los docentes que tienen que sufrir estas temperaturas… que les den viento fresco… ¡Ojalá nos dejaras que nos den viento fresco! Si es lo que queremos: viento fresco, pero del de verdad, no el metafórico.

En unas semanas el curso acabará y las reivindicaciones de cientos de padres y madres que se manifestaron frente al Palacio de San Telmo caerán en saco roto. Una vez más se desprecia desde la Junta de Andalucía la voz de la calle, la voz de los que quieren una educación de calidad, de los que llevan clamando una subida del 5% en los presupuestos andaluces para que se destine a mejorar la educación pública. En definitiva, la voz de la comunidad educativa, que precisamente es la que la consejera se niega a escuchar.

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