Escenas de nuestros días

0

Beverly es el nombre del barrio de los suburbios de Chicago donde nació y creció Nick Drnaso, dibujante e ilustrador que todavía no ha cumplido los treinta años. También es el título de su primera novela gráfica. Muchos de los personajes y algunas de las historias que en ella se narran están basados en su experiencia personal. Es por ello que uno de los aspectos interesantes de esta obra es la descripción que se hace de los lugares y personajes que habitan en ella.

Para ser su primer trabajo relativamente extenso, el autor ha escogido una compleja estructura narrativa: el argumento se compone de media docena de episodios conectados entre sí, pero no de una manera evidente, sino parcial, de tal forma que se produce en el lector una sensación de desasosiego, debida a que cree carecer de toda la información necesaria para comprender la historia completamente. Sin embargo, esa sensación no es veraz: una lectura atenta nos proporciona los datos suficientes como para completar esas conexiones.

Esta complejidad se ve contrarrestada por una de las cualidades significativas de Beverly: su sabiamente construido ritmo, que obliga al lector a prestar atención a detalles que se han dispuesto estratégicamente en pasajes muy concretos de la obra. La parsimonia con que se relatan los acontecimientos, curiosamente, contribuye muy positivamente a construir esa fluidez.

Diríase, a tenor de lo expuesto, que Beverly es una obra enrevesada y difícil de seguir. Mas bien resulta al contrario, su lectura es una experiencia estimulante y relativamente sencilla.

Cada uno de los episodios abunda en un aspecto social en particular: en Un montículo en la hierba vemos las reacciones de un grupo de adolescentes frente a un inadaptado; La historia mas triste jamás contada te convierte mediante una pequeña filigrana en un peculiar espectador de una sitcom, a la vez que actúas como observador de sus espectadores; Pequeño rey nos habla de la pubertad y la influencia que tiene su llegada en la relación entre los miembros de una familia; Pudding nos describe como buscamos en los antiguos amigos la respuesta a las preguntas sin respuesta que nos formulamos acerca de nosotros mismos; y Virgen María es una reflexión acerca de como los prejuicios son conformados por el sustrato social en el que se han generado. Como epílogo, Yo, rey, el último episodio, nos muestra la soledad infinita de uno de los protagonistas, que va adquiriendo un carácter impenetrable, que se va fortificando alrededor de sus propias mentiras. Este epílogo si resulta algo marciano, y sólo atribuyéndole un marcado carácter autobiográfico resulta inteligible (asunto que resulta mas que discutible).

Desde el punto de vista gráfico, sus dibujos están compuestos por figuras deliberadamente sencillas, impregnadas de suaves colores en tonalidades pastel, que procuran mantener una composición de página en un tono uniforme. Hay una buena cantidad de viñetas por página. Si antes nos referíamos a la brillante fluidez narrativa de Beverly, impropia de un artista tan joven, resulta mas sorprendente constatar que esta estructura obedece a una idea deliberada: el autor construye un rígido armazón por el que avanza el relato, como si de un líquido se tratase.

Por todo ello, Beverly tiene algo de nuevo, pero que a la vez nos resulta familiar. Contiene un mensaje duro: en mayor o menor medida, las personas son tan sólo fachada. Utilizamos esa fachada constantemente, con diferentes finalidades, que van desde la mera autoafirmación personal hasta el despliegue de una muralla defensiva, dotada de un grosor variable, que en ocasiones puede llegar al paroxismo. Esta fachada, que vamos construyendo mientras crecemos, es la que utilizamos socialmente, y terminará por suplantar nuestra verdadera personalidad. Así se explican los extraños comportamientos y las afectadas normas de las que nos dotamos los seres humanos, así como las dificultades que surgen luego en nuestras relaciones, tanto en el ámbito personal como en el colectivo.

No me cabe duda de que si Nick Drnaso consigue que su siguiente obra tenga el mismo calado que ésta, saltará rápidamente al estrellato. No lo tiene fácil.

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorLa iglesia de Palma contra las jóvenes feministas
Artículo siguienteLos mitos del psicólogo (I)
Juan Agustí nació en Madrid en 1962. Licenciado en Matemáticas por la Universidad Autónoma, ha orientado su carrera profesional al mundo de las Telecomunicaciones. Documentalista y catalogador de la historieta, ligado al proyecto Tebeosfera desde el año 2009. A partir de 2014 es redactor de la revista Tebeosfera. Dirige los blogs La mirada estrábica y Arte a las ocho.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

3 × cinco =