La masacre cometida contra personas pertenecientes al colectivo LGBTI en Orlando ha vuelto a vincular a las comunidades musulmanas con la homofobia, como si efectivamente ser musulmán fuese sinónimo de perseguir y condenar a personas que aman a otras personas… Como si de pronto, en el lapso de unos días, la homofobia fuese un fenómeno exclusivamente islámico.

En un abrir y cerrar de ojos ya no importa que en Florida, el mismo día de la masacre estuviese en vigor el reglamento de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) que niega a las personas homosexuales y bisexuales activas -sexualmente- donar sangre o que sólo aquellos individuos que se hayan abstenido de relaciones homosexuales durante 12 meses, podrán ser donantes.

Ahora lo que importa es que el ejecutor de cincuenta vidas inocentes es un homófobo y maltratador llamado Omar Mateen. Un nombre “moro”. Un ciudadano estadounidense. “De origen afgano” se puntualiza. Vaya, que aunque hayas nacido en el país sigues siendo extranjero… Incluso Pedro Piqueras añade, durante el debate a cuatro “traen la guerra hasta nuestras casas”. Tal vez Pedro desconozca que fue Estados Unidos quién invadió Afganistán y que invirtieron “más de 5.000 millones de dólares en armamento que EEUU proporcionó a los mujahidín –afganos que combatieron a los soviéticos– entre 1986 y 1990”, según el Centre Delàs, de estudios para la Paz.

Mateen iba armado, con una pistola corta y un rifle de asalto, un hecho que no debería sorprender en un Estado en el que circulan 1,6 millones de permisos de armas y donde más del 51% de los hogares tienen al menos un arma de fuego de uso personal. Y con ellas, compradas de forma legal en un establecimiento, decidió aplicar una deforme concepción de justicia. El suceso de Orlando, se registra en el número 176 de la lista de tiroteos múltiples en Estados Unidos. Aunque fue interrogado en dos ocasiones por el FBI por supuesta vinculación al DAESH, no se pudo probar esos lazos como tampoco parece haber indicios para hablar de un acto terrorista. Obama acalla la voz de Trump llamando a la calma. La masacre es obra de un perturbado.

La homofobia, la lesbofobia, la bifobia o la transfobia responden a la aversión contra personas por su mera condición LGBTI. Esta lacra no entiende de fronteras, o al menos, las cifras dejan muestra del abanico tan amplio de países al que es capaz de llegar. Sin necesidad de llegar al asesinato, los delitos de odio están presentes en cualquier sociedad que se ha construido desde la heteronormatividad. Así en España se registraron 1.328 incidentes de delitos de odio durante el año 2015, a pesar de los derechos reconocidos.

La desvinculación del Islam con la homofobia, en pleno mes de Ramadán, son una suma de factores imposible de conectar. Distintas organizaciones islámicas han querido trasladar su repulsa y condolencias a las víctimas, familiares y colectivo LGTBI. Women’s Islamic Initiative in Spirituality and Equality (WISE), Council on American-Islamic Relations (CAIR), la Union des Organisations Islamiques de France (UOIF), Centro Cultural Islámico de Madrid o Red Musulmanas, son una pequeña muestra. No son una excepción pero tampoco suelen ser noticia, salvo en ocasiones puntuales como la elección del actual alcalde de Londres, Sadiq Khan, que recibió el apoyo de la comunidad LGBTI para la financiación de su campaña electoral.

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