En Vistalegre, en la asamblea ciudadana de Podemos, se pudo contemplar además de una bandera de Euskadi y otra catalana, una enseña de la República. Lo mismo se puede hacer en los actos públicos de IU. Por eso ha llegado el momento de que Unidos Podemos se deje de ambiguedades, de medias tintas, y apueste públicamente y sin equívocos por la opción republicana para nuestro país. Si no es así, si se dejan llevar por el cálculo y la oportunidad o por la falta de la misma, su proyecto quedará dañado en lo esencial: en su credibilidad.

Y es que la piedra angular, la piedra base sobre la que se debe asentar la imprescindible regeneración política, ética y económica que necesita España es la República. La República es algo más que una simple opción de organización del Estado y de sus instituciones, es algo más que un mero recuerdo de lo que nuestro país pudo ser y lamentablemente no ha sido; la República es una opción plenamente ética, una “conditio sine qua non” para el cambio que necesita nuestro país. Y eso Unidos Podemos lo sabe o lo debería saber.

No se trata siquiera de que la famosa frase de Franco y del franquismo de que todo quedaba “atado y bien atado” se articulase por primera vez en el discurso del Dictador en 1969 en que declaraba su sucesor como Jefe del Estado a Juan Carlos de Borbón. No se trata simplemente de que el propio Fraga hubiera diseñado ya en 1971, tal y como recuerda el profesor Emmanuel Rodríguez, un sistema político que sucediese al franquismo y que consistiese básicamente en “una Segunda Restauración”, y que la Restauración Canovista haya sido, dejando al margen al franquismo y con permiso del actual, el sistema político, con su clientelismo y caciquismo, más corrupto de nuestra Historia y uno de los más corruptos de Occidente. Se trata simple y llanamente de que las élites extractivas de este país se han configurado a sí mismas históricamente bajo el paraguas de la Monarquía. Se trata de que su propia consideración de extractivas, en el sentido de parasitarias y al servicio de sus propios intereses y no de la Nación, va indisolublemente unida al propio concepto de Monarquía. Y así ha sido desde Fernando VII. Y así continuará siendo si no lo remediamos.

La República, el republicanismo, no debe ser un movimiento de nostalgia, tal y como cómodamente las corruptas élites de este país pretenden que sea. El republicanismo debe ser, y considero que es, un movimiento de regeneración y de regeneracionismo, de articulación de un futuro en el que principios tan básicos como la libertad, la igualdad y la fraternidad puedan ser de verdad posibles en este país. No son meras palabras que invocar de forma vacía. Son principios que hoy sabemos perfectamente que no están presentes en nuestra vida pública, y que son irrenunciables para que nuestro país pueda de una vez salir del círculo vicioso en el que llevamos ya demasiado tiempo. Y el único sistema político que puede ayudar a que se establezcan es la República.

El 15 de noviembre de 1930 Ortega y Gasset finalizaba un artículo, que después sería célebre, en el diario El Sol con la frase Delenda est Monarchía: la Monarquía debe desaparecer. En ese artículo, Ortega y Gasset señalaba que la Monarquía pensaba que los españoles lo aguantaban y lo sufrían todo sin rechistar y acababa con la célebre frase “Españoles, vuestro Estado no existe. ¡Reconstruidlo!”. Nada pues hay de más actualidad en esta ciénaga en la que las élites extractivas han convertido a nuestro país, tan parecida a la de 1930, que ese artículo de Ortega y Gasset, que esa idea de que somos, una vez más, un estado fallido. ¿Está dispuesto Unidos Podemos a ayudarnos a reconstruirlo? Espero que sí.

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