Don Ananías estaba recordando el trabajo que los alumnos de cuarto de la ESO del aula C del Instituto madrileño de Barajas deberían de traer al día siguiente si no querían partir en el siguiente examen de Tecnología con dos puntos menos.

Al fondo de la clase, Fadil esperaría pacientemente a que sonara el timbre y salieran todos sus compañeros para abandonar el aula en último lugar.

Fadil era un chico muy brillante. Con excelentes notas y muy participativo. Quizá por eso y porque sus padres habían venido de Marruecos cuando él apenas contaba dos meses de vida, algunos energúmenos que compartían clase con él, le tenían envidia y pagaban su frustración y sus celos ideando pesadas bromas o directamente convirtiéndolo en su saco de boxeo. No eran más de tres o cuatro, pero nunca faltaban los que por miedo o por la necesidad de hacerse notar y agraciarse con los cuatro matones de la clase, les reían las gracias y participaba en los castigos impuestos al pobre Fadil. Los demás, la mayoría, callaban y en cuanto veían que empezaba el acoso y los insultos, corrían hacia el lugar opuesto con la intención de desaparecer.

Los padres de Fadil, a pesar de llevar más de tres lustros en Madrid, hablaban mal el castellano y aunque lo entendían bien, quizá por haber llegado en patera, quizá por sentirse inferiores en un país que, la mayor parte de las veces los trataba irrespetuosamente, quizás por timidez o porque nunca habían sentido que eran ciudadanos igual que los demás y con los mismos derechos, a pesar de que en más de una ocasión su hijo había llegado a casa con un labio roto o un cardenal en el pecho, nunca se habían atrevido a presentarse en el instituto y reclamarle al director que acabase con el acoso escolar al que su hijo estaba siendo sometido.

El muchacho, por su parte, también les rogaba que no fueran a quejarse porque temía que, tras las quejas, el acoso fuera aún peor y su vida un infierno aun más insoportable. Uno de los acosadores era el hijo del propio director. El padre, tenía fama entre los alumnos de ser un homófobo machista y de tener malos rollos con los inmigrantes o las personas de color. Alguno de los pocos compañeros que no repudiaban a Fadil y con los que podía compartir patio de recreo y charlas, le habían contado que el director se había presentado a las elecciones hace algunos años en las listas de la Falange Española.

Ciertos profesores sospechaban que Fadil estaba siendo acosado, pero su carácter de interinos y su cobardía, les llevaba a callar.

Sólo uno, Don Servando, un profesor de Lengua Española de piel zahína de padres españoles nacidos en la actual Guinea Ecuatorial, se preocupó por el niño acosado. En una de las agresiones, había hablado con él y le había convencido para que le contase lo que le estaba pasando. Le prometió que lo arreglaría y le convino a que no se preocupara. Él era consciente del tremendo infierno que sufría Fadil y quería con todas sus fuerzas solucionar su problema.

En el primer claustro de profesores que hubo, Servando puso las cartas sobre la mesa e informó al director que iba a llevar el caso de Fadil a la Inspección educativa. Las primeras semanas después del claustro, Fadil estaba encantado porque aunque muchos de sus compañeros seguían haciéndole el vacío, al menos ya no era el objetivo de bromas ni puñetazos.

Servando llevó el caso a la inspección y ésta resolvió que no había pruebas contra el director porque no había habido ninguna denuncia.

Así las cosas, poco a poco volvieron las agresiones hacia el muchacho. Servando entonces cambió de estrategia y, en lugar de volver a enfrentarse con el director y sacarles los colores a sus compañeros que ahora ya conocían todos los pormenores del caso de Fadil sin que ninguno hiciera absolutamente nada por el niño, creyó que, en lugar del enfrentamiento, era mejor intentar hacerse amigo de alguno de ellos, integrarse en la manada de profesores y hacer parecer que el acoso no era su problema con el fin de poder recabar apoyos contra el director. Una vez cogida confianza le contó sus planes a la Jefa de Estudios, Arsenia, una persona cohibida y sonámbula debido al excesivo uso del Trankimazin. Aunque no le había ayudado en el proceso de informar a la inspección, siempre había dicho, cuando el director no estaba, que había que acabar con aquella situación y expulsar al director, a su hijo y a sus compinches.

Anteayer, se presentó por sorpresa la policía en el instituto. No venían por una denuncia de acoso a Fadil, sino por otra de Rosmery contra Servando por acoso sexual. Y tenía cuatro testigos, el hijo del director y sus otros tres amigos. La denuncia venía respaldada por Arsenia, quién había sido amenazada por el propio director.

 


 

Errejores

 

Hace tiempo que siento desafección. Hace tiempo que me siento, sino engañado, si decepcionado. Hace tiempo que vengo sopesando que no merece la pena enfermar por un proyecto que no sólo me ha defraudado sino que, además, me ha llevado a entender, en cierta manera, una posición que jamás pensé que admitiría como es la del abstencionista.

Cuando, con temor y bastante incredulidad me acerqué a Cibeles aquel 15 de mayo de 2011, acudiendo al llamamiento de una gente que ni conocía y de la que sólo había leído sus mensajes y llamamientos en aquella red social en la que entonces comenzaba, no imaginaba ni por un momento que iba a volver a ilusionarme políticamente con la misma intensidad que lo había hecho allá por 1982 justo antes de aquellas elecciones que “ganamos” por mayoría aplastante y que, a la larga, se convirtió en el mayor fraude al elector en la historia de España y la mayor decepción en manos del zafio Isidoro. Ahora este sentimiento de desnudez y decepción, vuelve otra vez, con menos fuerza porque el callo es grande, y con la diferencia de que no ha hecho falta que llegáramos al gobierno para ver el abandono a la gente que cree en la libertad, en una sociedad justa y en un país sin revanchistas, revisionistas y sin corruptelas.

Cada ser humano es libre de pensar lo que quiera, de tener la ideología que quiera y por supuesto de luchar por conseguir sus objetivos en la forma que quiera, mientras no se engañe a la gente, no se utilice la violencia, las armas o la represión política. No es por tanto una cuestión de estrategia o de ideología equivocadas lo que me lleva a esa desafección porque a lo peor el equivocado soy yo. Pero perdónenme ustedes que no pueda con la hipocresía, el cinismo y el engaño. Uno puede dirigirse a sus votantes y a sus militantes en la forma que crea conveniente, pero lo que uno no puede hacer es engañarlos. Uno no puede hacer lo que hizo el mísero Felipe durante catorce años o lo que lleva haciendo el PSOE desde 1974. Por eso Errejón y sus compinches son libres de tener la posición que quieran, pero sin engañar a los militantes de Podemos.

Escribía un artículo en Público el compañero anticapitalista diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid Raul Camargo en el que establece claramente, bajo mi punto de vista, el error de abrir el melón de las listas electorales en este momento en Podemos Madrid. Él lo llama erróneamente convocatoria de primarias. No puede ser una convocatoria de primarias cuando ya se han decidido las listas en un despacho y se han repartido los sillones. No se puede hablar de convocatoria de primarias sin saber cuál es el proyecto político del candidato Errejón (aunque todos sospechamos que su único punto es el de hacer de comparsa al PSOE). No se puede hablar de convocatoria de primarias cuando a las bases no nos han dejado nada que decidir. ¿Es lícito hacer lo que han hecho en Madrid? Por supuesto. Pero no en un partido que se auto define como horizontal y democrático, en el que los círculos y la militancia (las bases) son los encargados de proponer y refrendar.

Este no es el proyecto político, no ya que yo quisiera, sino ni siquiera en el que me sienta cómodo. Durante tres años he tenido que esquivar el fuego amigo. Aguantando reproches, desplantes y malas intenciones de quiénes debieran haber sido compañeros y se convirtieron en extraños que llevan la crítica política e institucional a lo personal, cuando nada tienes contra esas personas y cuando sólo quieres intentar hacerles ver la inconsistencia y la decepción de alguna de sus decisiones políticas. Oír a uno de tus compañeros con cargo electoral llamarte puto anticapitalista de mierda, duele. Sobre todo cuando se supone que estamos en el mismo barco. Nunca se ha permitido la crítica. Y en el peor de los estilos autoritarios se ha negado la disensión y el derecho al debate (salvo que seas una mera muletilla de apoyo). Sirva como ejemplo el caso de Sanchez Mato y Eduardo Garzón en el Ayuntamiento de Madrid, a los que en Círculos y asociaciones cercanas a AhoraMadrid se les ha impedido que pudieran explicar que es lo que pretendían y porque no deberían haberlos cesado. Muchas de las decisiones municipales se han tomado en contra de su electorado intentando congraciarse con quiénes usan el poder de forma represiva, abusando de su posición. El tiempo da y quita razones y ahora todo se vuelve negro. Será casualidad pero desde que estos dos compañeros no están al frente de las finanzas del Ayuntamiento de Madrid, las cuentas se han vuelto farragosas y de repente, ya no hay presupuesto para proyectos aprobados con anterioridad y que están a la espera de cumplimiento legal de plazos. El presupuesto que se nos ha ido diciendo desde hace dos años que estaba reservado para proyectos, como la expropiación de terrenos necesarios y sin los que no es posible que la remodelación del Barrio del Aeropuerto de Madrid, salga adelante, de la noche a la mañana desaparece. La explicación es que hay otros compromisos ineludibles. Para este viaje no hacía falta esas alforjas. Y si al final, como me temo, el proyecto no llega a buen puerto por falta de presupuesto, el ridículo y la desafección producida, pasará factura electoral en todo Madrid. Estamos poniendo en nuestra contra a nuestros votantes queriendo acercarnos a los que nunca nos van a votar y nuestros adversarios políticos se frotan las manos.

Como digo, uno puede apoyar el proyecto que crea conveniente. Pero no se puede decir que quieres democracia interna, que apuestas por la unidad popular, que quieres que todas las formaciones de izquierda se unan en una única plataforma electoral y plantear un referéndum a tus afiliados en el que, con una pregunta torticera, incitas a que voten que la “marca Podemos” debe ser prioritaria. ¿Qué más importante, las políticas y las soluciones a los problemas de la corrupción, pobreza, paro, servidos públicos, pensiones, etc, o el puñetero nombre del partido? No se puede hablar de que el proyecto debe de ser unitario de la izquierda si tu estrategia es la de unirte al PSOE, un partido que tiene casi las mismas corruptelas que el PP y que nunca va a levantar las alfombras porque su mierda acabaría con él y cuyas políticas en los últimos cincuenta años han sido mayoritariamente de propiciación de este hijoputismo liberal que nos ha llevado a la miseria social que estamos viviendo. Uno no es de izquierdas o de derechas por ponerse un nombre, sino por sus actuaciones. Uno no es contrario a la xenofobia porque diga que a él le dan igual todas las personas si luego llamas puto moro a los marroquíes o negro de mierda a una persona de color.

La actual dirección de Podemos, quizá presionada por las luchas internas, está en el camino equivocado. Intentando agraciarse con quiénes nos odian a muerte, los que jalean el “a por ellos” y quienes jamás nos votarán aunque fuéramos el único partido. Por el contrario están creando desafección y la marcha de aquellos que pusimos todas nuestras ilusiones en una formación que creíamos que era la continuación el 15M proyectado en el sistema, la formación con la que pensábamos cambiar la concepción política y este mudo sumido en el hijoputismo liberal, y hemos acabado abandonando aburridos, decepcionados y desafectados. Lo único que han conseguido es desarticular la lucha en la calle. La coherencia y el ejemplo es la mejor de las bazas electorales y aquí se ha dilapidado en un abrir y cerrar de ojos. No asumiendo errores como los de Monedero o Errejón o entrando de lleno en polémicas absurdas creadas artificialmente por los medios de intoxicación, manipulación y adoctrinamiento. Tomando decisiones contrarias a la democracia y la libertad como es que, dada la degradación democrática que sufrimos, no se puede quedar uno callado ante lo que está pasando en Catalunya. No se puede permanecer en silencio mientras se crean instrucciones judiciales de política ficción. No puede permanecer uno impasible ante injusticias como la de los chavales de Altsasu, la de Jordi Sanchez o lo sucedido el sábado en el Metropolitano de Madrid con aquellos aficionados que portaban cualquier cosa que fuera amarilla. El reclamo de libertad debe ser prioritario y callarse es hacerle el juego a quiénes están convirtiendo, de nuevo, este país en una dictadura franquista. No se puede estar contra el PP, el cáncer de este país, callado y haciéndoles de comparsa en asuntos tan importantes.

Una nueva oportunidad perdida. Y no sólo eso, porque con este tipo de estrategias se está aupando a un peligroso fascista hacia el poder. Un fascista que viene vestido de naranja y que nos hará aún más pobres, nos quitará la poca libertad que tenemos y nos llevará al desastre social.

 

Rectificar es de sabios y no me gustaría nada más que tener que hacerlo.

 

Salud, república y más escuelas.

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