Se convierte en sombra el tigre, el tigre que soy yo, el tigre que es Tigre Manjatan. Y es una sombra que viaja desde Bahrein hasta Woking, en Surrey, en la ya libre y no castradamente europea Inglaterra.

Llega la sombra y antes que nada se humaniza de nuevo: la coleta sucia y la garganta seca, y entra en un pub, el The Surrey en la esquina de Hermitage Road con St Johns Street.

-Cerveza.

-Más cerveza.

-Mucha más cerveza.

Y ya sí: vuelvo a ser una sombra otra vez. Una sombra que se va a convertir en la sombra de un hombre cuya existencia me parece maligna y sospechosa para el equipo que supuestamente dirige. El antaño mítico McLaren y actualmente patético McLaren. Me refiero -tendría que haberme tomado otra última cervecita- naturalmente al siempre banflo y rebosante de contento consigo mismo: Eric Boullier.

Siempre hay magia. En todo. En el funcionamiento de tu coche u ordenador también, querido lector; en lo contentos o tristes que están tus hijos, marido o mujer… o Fernando Alonso, también. Magia. Magia blanca y magia negra. Buena y mala suerte. Gafes y amuletos.

Y aquí hay un gafe. Uno que ningún amuleto puede vencer. Lo sé. Lo olí. Apestaba a gafe y mala suerte en el box del mejor piloto español de todos los tiempos en Bahrein. Y yo, mi sombra de tigre, estaba allí. Como ahora, y por eso, estoy aquí. Por eso la sombra del tigre está aquí. En Inglaterra. En Surrey. En Woking.

Y ya soy él. Soy su sombra. Es tan torpe que no advierte que su sombra de ahora mismo ya no parece un bolo y sí la silueta de un tigre. Es torpe y además no mira al suelo. Tiene una enorme confianza en sus pequeños pies. Eric Boullier.

¿Por qué no le han cortado la cabeza, despedido, mandando al limbo, como sí han hecho con Ronnie Dennis? ¿Qué ha hecho bien? Sí, sí, ya lo huelo y lo sé. Ya sé lo que ha hecho bien. Gafar a su escudería y a su equipo, convencerles de que debían confiar cuando ni siquiera él sabía por qué.

Se delató, el gafe contentón y magníficamente pagado (jódete), en los ensayos de Bahrein.

“No comprendo porque hoy nos ha ido bien”.

Es innecesario que me quede más tiempo aquí. Que siga siendo la sombra del nocivo y dañino individuo Boullier. Que le corten la cabeza laboral, que lo despidan de una vez; y en verdad en verdad digo desde mi lucidez de borracho que en cuanto se saquen al tipo de encima ¡los McLaren volverán a correr!

Y aunque yo fuera un loco, que también lo soy ¿por qué no? sería suficiente con la frasecita del buen señor:

“No comprendo porque hoy nos ha ido bien”.

Ay, maldito sea el siempre amable monsieur Boulier.

 

Otro burbon por favor (que de cervezas ya voy bien).

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