Entretanto te hiciste diputada en el Parlamento Catalán. ¿A qué se debe esta decisión?

Era una manera de poder influir en instituciones superiores. El Parlamento enseña mucho. El Parlamento te da la posibilidad de poderte acercar al Gobierno de la Generalitat. Entonces, como alcaldesa de Mollet me costaba mucho que me hiciesen caso los de Política Territorial, los de cultura… además, los gobiernos Pujol eran muy sectarios. A Pujol le encantaba ir a la Cataluña del rerepaís, como decía él, que quería decir la Cataluña donde ganaba Convergència, pero no le gustaba ir a los municipios del entorno de Barcelona, todos ellos con alcaldes de izquierdas. Y entonces, especialmente en Mollet, tuvimos muchos contenciosos, muchos roces. Ellos no sólo eran la última palabra en materia de planeamiento urbanístico, sino que eran los propietarios por transferencia del Gobierno Central de una parte muy importante del municipio. Por tanto, actuaban como administración urbanística y a la vez eran los promotores directos de la operación. Es jugar con ventaja. Es verdad que la administración tiene estas prerrogativas, pero no las puede ejercer ignorando otra administración que conoce las necesidades de los habitantes como era el Ayuntamiento de Mollet. Decidí en un momento determinado que la persona que estaba haciendo de diputada de esa zona no defendía lo suficientemente bien el modelo de ciudad que deseábamos. Le disputé la plaza y la gané. Entre otras cosas para defender los intereses de Mollet. Entiendes mucho mejor lo que pasa en una escala pequeña cuando estás defendiendo la gran escala. Y eso, cuando después me fui al Gobierno de Cataluña, me sirvió para entender mucho más lo que nos pasaba cuando fui Consellera que cuando era alcaldesa. Y aspiro a que los ciudadanos de Cataluña notasen que como que yo había sido alcaldesa intentaba respetar tanto como era posible a los gobiernos municipales y a su representación.

 

¿Cómo se produce tu decisión de dejar la alcaldía y pasar a ser Consellera de Interior?

De algo me tenía que servir esto del planeamiento que os digo porque terminé siendo la responsable del Departamento de Política Territorial de los Socialistas y la portavoz en temas medioambientales más o menos hacia el 97. Hice la campaña del 99 con Pasqual Maragall. Ganamos en votos, pero no en escaños. Hicimos una campaña magnífica, pero nos quedamos en la oposición. Pasqual Maragall trasladó a Cataluña algo muy anglosajón que es el Gobierno en la Sombra y se dotó de Consellers. Yo era la Consellera de Medio Ambiente, en ese momento. Estaba más o menos especializada en esta materia. Esto venía de haber diseñado un modelo de equilibrio ecológico de éxito.

Cuando se produjo el resultado de 2003 en que era posible que las izquierdas sumasen e hiciesen un gobierno alternativo a Pujol, que entonces ya era Artur Mas, porque el candidato fue él, estuve redactando, juntamente con representantes de otros partidos políticos, el programa de Política Territorial y Obras Públicas. Nada hacía pensar que acabaría por recibir una llamada del Presidente Maragall pidiéndome que me hiciese cargo de la seguridad de Cataluña. Pero lo hizo. Y recuerdo dónde me pilló la llamada, dónde paré el coche, recuerdo la conversación… Y recuerdo que le dije que no podía contestarle hasta que no hubiese tenido otra conversación. Porque yo en esos momentos tenía a una de mis hijas adolescente que había crecido siendo la hija de la alcaldesa. Esto es muy duro, porque toda la frustración de la adolescencia de ese grupo de amigos era culpa de la madre de una del grupo… El concepto de autoridad en plena adolescencia es un concepto muy difícil, por mucho que sea una autoridad democrática. Y yo sabía que lo había pasado suficientemente mal como para que yo le anunciase que a partir de ahora los Mossos d’Esquadra también dependería de su madre. Era plenamente consciente de lo que me estaba ofreciendo el Presidente y de la dimensión que tiene la seguridad pública, que muchas veces nos pensamos que son patrullas en bulevares, pero no es eso. Los que están dispuestos a alterar la convivencia lo hacen a base de organizaciones criminales que mercadean con todo lo que no te puedes ni llegar a imaginar: desde órganos a armas, personas, drogas… todo. Tienes que estar muy dispuesta a hacer frente a este tipo de mal para preservar la sociedad. Todos quieren una sociedad culta y avanzada, pero para que sea culta y avanzada primero tiene que ser segura. Pero yo tenía que hablar con mi hija. Y no le die que sí al Presidente Maragall hasta unos minutos antes que tomase posesión en el Salón de Sant Jordi del Palacio de la Generalitat.

Es una decisión muy importante, dedicarte a esto. No me arrepiento de ello para nada. Y mi hija tampoco se arrepiente de haberme dicho si no lo coges te vas a arrepentir y yo me sentiré culpable de que no hayas hecho aquello que deseas, que es participar de un Gobierno de izquierdas en la Generalitat. Y lo hice con todas las consecuencias.

 

En Interior sigues con criterios de ordenación territorial desde el momento en que salen muchas comisarías a concurso, se despliegan los Mossos

Se habían desplegado en Gerona y en Lérida y tenían un modelo estándar de comisaría que se repetía miméticamente, adaptándolo a la parcela. Dije que eso se había terminado. Que yo quería poder reconocer de dónde era la comisaría. Habíamos empezado a sacarlas a concurso y se incorporaron Sanabria, Terradas, Benedito, Botey, Bohigas, que hizo la de la Plaza de España de Barcelona… hicimos cosas con arquitectos muy importantes que inicialmente eran muy reacios a diseñar espacios destinados a la privación de libertad. Las comisarías tienen calabozos. Dignificar estos espacios es algo muy importante.

 

¿Lo entendieron, los arquitectos?

Sí. Incluso estuvimos haciendo un estudio de colores. Por muy bien que se haga la acción policial retener a una persona en una instalación en contra de su voluntad siempre es un acto que choca con la ternura con la que querríamos aplicar determinadas políticas. Hicimos un estudio de colores. Lo entendieron. Muchos de ellos hicieron grandes aportaciones, por ejemplo, incorporando la luz natural a las zonas de privación de libertad. Es algo fundamental, saber si es de día o de noche. Es una parte de la sociedad que muchos no quieren saber que existe, pero forma parte de nosotros, las prisiones, los calabozos de las comisarías, los espacios destinados a los detenidos antes de que declaren en los tribunales de justicia.

 

Después de ser Consejera de Interior te vas a Justicia. Allí sigues trabajando de esta manera. Eres la responsable de haber puesto las bases para cerrar la Cárcel Modelo de Barcelona. También desarrollas muchos edificios judiciales. ¿Puedes hablarnos de esto?

Por alguna razón que me cuesta explicar creo que en Cataluña cuesta dar el valor que tiene la justicia, y ahora creo que lo estamos aprendiendo de la peor de las maneras posibles, porque tenemos personas que conocemos, que respetamos o que admiramos encerradas en las cárceles o entrando esposadas en los tribunales de justicia.

Tenemos autogobierno desde el 80, competencias penitenciarias desde el 83, competencias en materia de justicia desde el 84, y no habíamos hecho el esfuerzo de decir que la administración de justicia tiene que dotarse de espacios dignos. No sólo porque se ejerce una determinada autoridad, con más o menos acierto, confío en que algún día se haga bien, sino porque la documentación tiene que estar en lugares donde no se estropee, porque las personas que esperan para declarar han de estar en condiciones, porque los testigos no pueden coincidir con el autor de un crimen… Todas estas cosas, que se habían tenido poco en cuenta, durante los años que estuve en la Conselleria las tuvimos mucho en cuenta e hicimos muchas instalaciones pensando en esto. Pensando en que los detenidos, aunque estén detenidos tienen derechos y sobre todo tienen dignidad y no se les puede quitar. Les hemos quitado la libertad temporalmente, pero no les podemos quitar todos los otros derechos. Y participan muchos actores, no sólo los profesionales del mundo judicial y del mundo del derecho, sino las personas que colaboran con la justicia y ejercen de testigos, o de forenses especializados, u otras actividades. Todo esto es un mundo que al que Cataluña había vivido de espaldas. Y las instalaciones destinadas a este tipo de profesionales eran lúgubres. Eran horribles. La sede del Instituto de Medicina Legal era terrible. En cambio, ahora está donde tiene que estar, que es en la Ciudad de la Justicia, y tiene las instalaciones que tiene. E incluso, y ojalá no la tengamos que usar demasiado, está la sala de grandes catástrofes… todas estas cosas se han de prever. No queremos que pasen nunca, pero acaban pasando. Y esto se ha de hacer con una arquitectura correcta. Y con un mantenimiento correcto. Creo que se hizo un gran esfuerzo y en cambio si algunas instalaciones que he visitado después por razones personales no se mantienen tal y como se concibieron de aquí a unos años no van a servir para nada, porque el mantenimiento de estos espacios tan sensibles es vital. Si no, las mazmorras acaban apestando, acaban siendo otra vez impresentables e ignominiosas.

 

¿Qué piensas de la Ciudad de la Justicia en Barcelona?

El Gobierno de Izquierdas la redujo de volumen. Allí está el Partido Judicial de l’Hospitalet, que no está mal, y el Partido Judicial de Barcelona. Personalmente creo que la Audiencia Provincial no corresponde allí y los que la han construido a posteriori han llevado allí algunas dependencias. Para la Audiencia Provincial RCR arquitectes, los de Olot, hicieron un proyecto precioso en el Paseo Lluís Companys que ojalá se haga realidad. Aquel proyecto es extraordinario. Aquel proyecto es el tribunal de apelación para los tribunales que están en la Ciudad de la Justicia y del resto de los Partidos Judiciales de la provincial, pero el Tribunal de Apelación está bien que tenga una sede con personalidad propia. Finalmente está el Tribunal Superior y los órganos de gobierno que en cada momento tenga la Justicia Catalana, que están en el edificio histórico, que también se restauró porque se estaba cayendo. Allí trabajamos con Carles Buxadé, que cose los edificios.

Mi relación con David Chipperfield, el arquitecto de la Ciudad de la Justicia, no fue buena. Y me molesta que no lo sea, porque pongo mucho interés y respeto su trabajo, pero pido a los arquitectos que respeten al promotor de la obra, también. No fue nada buena. ¡Pero quien paga manda! ¡Cuando ya no te quedan argumentos siempre queda este! Y al final no sé… cosas como la ventilación natural de los edificios. La Ciudad de la Justicia es el edificio en superficie más grande destinado a servicio público jamás construido en España, en metros cuadrados, y además tiene todos los sótanos de archivo, toda la clínica forense, etcétera. No tenía ninguna ventana que se pudiese abrir. No tenía posibilidades de renovar el aire de manera natural. Cosas de este tipo que cuando las hablabas con él se mostraba de una intransigencia terrible. Porque yo valoro mucho la estética, la forma, y a pesar de todo, afirmo que la función y las personas que lo usarán han de ser prioritarias. A mí me gusta ver la Ciudad de la Justicia en determinados anuncios publicitarios porque efectivamente, ha creado un paisaje nuevo que algunos que se dedican a esto han entendido que era interesante. A mí me gustaba su proyecto y estaba dispuesta a defenderlo. No podía supeditarme a los caprichos única y exclusivamente de la estética. Una cosa no quita la otra. Soy muy partidaria de apostar, y de aportar por la arquitectura rompedora y novedosa, pero no por excentricidades de la persona del arquitecto. Lo siento. No tuve demasiada buena relación. Debe de ser la gran excepción de mi historia de relación con los grandes arquitectos.

 

¿Nos puedes hablar de las cárceles que se construyeron fuera de Barcelona?

Las cárceles de fuera de Barcelona partían de la tesis que Barcelona tendría un centro de preventivos. Y creo que Barcelona debe a estas poblaciones que aceptaron tener una cárcel muy grande para vaciar las cárceles barcelonesas la parte de compromiso a la que se comprometió en el plan de equipamientos penitenciarios, que es que los presos preventivos no estarían distribuidos y desparramados por el territorio, sino que estarían a disposición de los juzgados de Barcelona en Barcelona. Ya sé que a todos les gusta decir que se ha cerrado la Modelo, pero hay muchos municipios que han aceptado no una, sino dos cárceles sobredimensionadas respecto de aquella población o de aquella comarca, y que lo han hecho con el convencimiento de que estaban haciendo una aportación al conjunto del funcionamiento del sistema penitenciario catalán. Pero también pensando que la ciudad de Barcelona no se desprendería de toda su responsabilidad en el funcionamiento del sistema penitenciario. Este vaciado que tanto satisface a la ciudad no se puede hacer incumpliendo una promesa que se les había hecho a estos municipios, y era que no sufriesen, que ellos no tendrían presos preventivos, que son los que dan más movimiento de vehículos policiales, de traslados, más posibilidades de que se produzca algún incidente. Porque los que cumplen condena cumplen condena, pero los preventivos se mueven arriba y abajo. Por tanto, creo que el sistema está muy bien, no tengo palabras de agradecimiento para estos municipios, para las plataformas anticárcel (se creó una en cada municipio) con las que tuvimos que hablar muchísimas horas para hacerles entender que una sociedad organizada no funciona sin cárceles que dignifiquen a las personas que han de cumplir condena por la razón que sea. Pero Barcelona ha de tener su parte, que es el centro de presos preventivos. Confío en que lo harán, pero no tengo noticia de ello.

Creo que no hay, me atrevo a decir, en todo el sur de Europa cárceles como las catalanas y probablemente la del Catllar (Tarragona), la más elaborada de todas, la última que se hace de esta tanda, consigue ser la mejor. Porque aprende de las que ya se han hecho. Aprendemos a medida que caminamos.

 

Y, por último, ¿qué proyectos tienes para el futuro?

¡Tengo un trabajo! Fue una decisión muy meditada, y además de hacía años: el día que dejé los cargos públicos mi lugar está en la plaza que dejé en excedencia en el servicio sanitario público. Esta es la decisión que tomé. No todos lo hacen. Cada vez que empezaba una nueva legislatura la primera cosa que hacía era redactar un escrito notificando a la empresa que me tenía en excedencia especial por ocupación de cargo público que ocupaba ese cargo, que la previsión de duración del mandato era tal y que al finalizar ese mandato me reincorporaría. Creo que ellos no se creyeron nunca que yo me reincorporase y que mucha gente pensaba que lo hacía como un ritual sin convicción. Y no es verdad. Yo les decía que volvería a la plaza de donde provengo, porque los que hemos estado con responsabilidades públicas la obligación que tenemos es entender que nos lo ha dado el voto popular, pero que venimos de dónde venimos, y que no podemos olvídalo. Y que hemos de volver. Y estoy muy contenta de haber vuelto. Y por tanto mi primer plan es desarrollar mi trabajo tan bien como sepa De todos modos nunca he rechazado otros retos. Por tanto, si aparecen esos retos los analizaré. Pero ya saben ustedes que los protagonistas de la actualidad política son otros. Yo, durante muchos años, tuve la suerte de serlo, aprendí mucho. Mucho. No podré agradecer a los ciudadanos que me votaron la oportunidad que tuve de aprender, y pongo mi conocimiento a disposición de quien lo quiera. EL conocimiento no sirve de nada si no se comparte.

 

¿Lo extrañas?

Claro. Como extrañaba el hospital cuando ejercía de responsable política, de todos modos. Lo extraño. Sí. Porque hicimos cosas muy interesantes. Porque a mí me han pillado siempre períodos en los que se estaba creando algo. Sacar Mollet de la ignominia, ser Consellera de Interior en un momento en que se estaba desplegado la policía de la Generalitat y se estaba configurando el modelo policial de Cataluña no habría sido tan apasionante. Quizá su hubiese sido Consellera de Justicia en un momento en que no se estaban creando grandes estructuras para dignificar la administración de justicia o para dignificar el sistema penitenciario no habría sido tan apasionante. Pero he vivido períodos apasionantes en Mollet y en la Generalitat. Y esto ya no me lo puede sacar nadie. Y el legado está allí.

La única cosa que pido a mis sucesores es que lo cuiden. Que cuesta mucho, que los recursos públicos siempre son escasos, y que lo que se consigue tener se ha de hacer durar.

Entrevista a Montserrat Tura, 1a parte: Mollet del Vallès

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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