Los grandes bufetes de abogados se han convertido en una referencia para conocer la evolución de la inversión en España ya que a los mismos acuden personas físicas o jurídicas con la intención de tramitar una operación financiera. Si tenemos en cuenta los datos facilitados por estos bufetes, se puede comprobar que, en los cuatro primeros meses de 2016, la actividad mercantil desarrollada en este sector ha descendido notablemente: del orden del 30%. Sólo en enero bajó un 10% llegando en algunos casos al 20%.

El mercado de capitales parece haberse paralizado. No hay salidas a bolsa. Los fondos de inversión no anuncian grandes operaciones. Ni la batalla por Abengoa, ni la entrada de Siemens en Gamesa parece haber animado una actividad que atravesó por momentos muy duros entre 2008 y 2013 debido a la crisis económica.

Las grandes corporaciones jurídicas no se ponen de acuerdo en torno a las causas de este frenazo: unos creen que es la incertidumbre internacional y el miedo a que se produzca una tercera recesión lo que disuade a los inversores a esperar tiempos mejores. Estos esgrimen el hecho de que la paralización no sólo se está produciendo en España sino también en los países más desarrollados y, en especial, en Europa. Además, tanto en Estados Unidos como en el Viejo Continente, las políticas monetarias de los bancos centrales siguen encaminadas al fomento del crecimiento económico que consideran todavía débil.

En cambio, en otros despachos se busca la causa de esta paralización de la inversión en razones domésticas. La situación política interna, la paralización administrativa como consecuencia de un gobierno en funciones, y, sobre todo, lo más importante, la incertidumbre sobre lo que puede pasar tras los próximos comicios.

Esos mismos despachos avisan de que se están recibiendo instrucciones para que se reconsideren los contratos suscritos con las administraciones públicas locales. En especial en aquellos ayuntamientos en los que gobiernan Podemos, en solitario o en coalición.

No obstante, la evolución no es uniforme. Hay sectores como el inmobiliario donde los inversores son conscientes de que no se van a encontrar productos y servicios más baratos. Por eso se lanzan a poner dinero en ellos a sabiendas de su segura recuperación.

Desde la crisis, los despachos de abogados han sufrido grandes transformaciones. Ya no sólo dedican sus recursos al mundo jurídico. Se han convertido en empresas de servicios y unidades de gestión jurídica. Sus profesionales, incluso, han cambiado su forma de facturar: ya no se hace por horas como antaño, sino que se establecen horarios cerrados.

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