Cuadro de Manuel Victorio. "Vacío".

Atardece en la montaña. La niebla cubre las cumbres y humedece la hierba de las praderas que son el destino final del rebaño. Las ovejas dormitan arrejuntadas, en un inmenso ovillo, mientras la noche llena de oscuridad el horizonte. Junto a ellas, en el borde del redil, el pastor calienta agua en un puchero en el que cuece el ajo cortado finamente a navaja. El burro y los tres mastines recostados junto al amo, están en permanente vigilia agudizando el oído ante cualquier ruido extraño. Mientras la hoguera chisporrotea, Diosnelio, el pastor, corta a navaja, en pequeños gajos, un mendrugo de pan de hace diez días que luego añadirá al agua en el que cuecen los ajos y una pastilla de caldo. Los perros, acaban de levantar la cabeza, los tres a la vez. Mala señal. Uno de los mastines se levanta y con paso parsimonioso, rodea el rebaño y se dirige al polo opuesto del aprisco. Allí se para, mueve su enorme cabeza a ambos lados, como intentando escuchar algo lejano, y vuelve a su caminar sereno rodeando el rebaño completando el círculo. Diosnelio que ha observado el cauteloso paseo de su mejor perro, vuelve ahora a prestarle atención al puchero. Añade la miga de pan al caldo y aparta el perol del fuego a un lugar en el que el calor sea suficiente para que la sopa no se enfríe pero en el que el caldo deje de hervir. Coloca una pequeña sartén sobre las ascuas y añade unos trozos de panceta que retira cuando se han desprendido de la mayor parte de la grasa. Añade más ajo y unas láminas de cebolla a la sartén. Rehoga todo y cuando la cebolla se ha tornado marrón, retira la sartén, deja atemperar unos segundos y añade el pimentón. Rápidamente echa el sofrito en el puchero y deja reposar un cuarto de hora.

Cuando se dispone a llevarse la primera cucharada a la boca, sucede lo que ya es casi habitual en la última semana. Las ovejas, inquietas, se levantan y empiezan a balar. Los mastines se levantan y rápidamente se colocan en posición, cada uno de ellos en una esquina de un imaginario cuadrado que recoge el ovillo circular en el que se encuentran las ovejas. Por el norte aparece el primer perro. Por el sur el segundo. Dos de los mastines se dirigen a por uno de los intrusos. El pastor y el otro mastín a por el otro. Por el este aparece una sombra que se acaba llevando los corderos que están más a mano.

Hoy ha habido suerte y no se han llevado ninguno porque estaban justo en el otro extremo. Pero han perdido cerca de quince crías en los ataques. No son lobos. No son perros salvajes. Es un ataque estudiado y premeditado. De una persona o personas que saben lo que hacen. No quieren ovejas. Solo corderos que aún estén mamando de sus madres.

A la mañana siguiente, Diosnelio llama por el móvil a casa. Quiere saber si su cuñado ha averiguado algo. Le dicen que un tal Mariano está vendiendo corderos en restaurantes de la zona. Ha llamado la atención de algunos de los dueños que le conocen porque saben que él no tiene rebaño.

Diosnelio ha llegado a una tenada de montaña. Esta noche, las ovejas dormirán bajo teja y entre paredes de piedra. Allí no acudirán los ladrones, así que deja el rebaño al cuidado de sus mastines y se baja al pueblo dónde le explican que el tal Mariano es un jeta de cuidado. Vive en las afueras del pueblo aledaño en una casa en medio de un nogueral mancomunal que este tipo, a base de amenazas y peleas, maneja como si fuera suyo. Mientras no hay nueces que cosechar se dedica a robar fruta de árboles ajenos, verduras de las huertas, corderos, leche de las vacas. Lo que se le ponga por delante. Es un tipo listo y nunca deja huella. Ha sido denunciado muchas veces pero nunca han conseguido encarcelarlo. Sabe que son hurtos menores y que no hay pruebas contundentes contra él. Generalmente es su palabra contra la del denunciante.

Le dicen que acaba de cosechar las nueces y que tiene treinta sacos esperando que el comprador de todos los años venga a buscarlas. Diosnelio llama a su cuñado y le explica el plan. Llega, negocia el precio, al doble de lo que le paga el comprador habitual, carga las nueces y le da un fajo de billetes rodeados por una cinta de banco, en el que solo hay cuatro buenos, dos delante y dos detrás. El resto son fotocopias a color.

Cuando Mariano se da cuenta, rojo de ira, sale de casa, escopeta en mano, en busca del timador. Porque no hay derecho a que le roben. Hay que ser muy canalla para robar sus nueces.


 

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Siempre me ha asombrado la capacidad que tienen algunos para ver la paja en el ojo ajeno y no ver el pajar completo que hay frene a los suyos. Es verdad que nadie, ninguna de nostras, está libre de esa mala cualidad humana de fijarse en lo que hacen los demás sin haber hecho antes acto de contrición. Si a esto le sumamos el cinismo, la indecencia y la hipocresía, tenemos a un opresor arbitrario. Si además tiene poder, un cacique tirano.

Se ha puesto de moda llamar extremista al disidente que además denuncia públicamente. Históricamente siempre ha sido así. Jesucristo fue crucificado por llamar la atención sobre el incumplimiento de la Torá que hacían los sumos sacerdotes. Mientras estuvo solo, era un extravagante. En el momento que empezó a tener seguidores, se convirtió en un extremista para el poder. Y por ende, a los romanos a los que debían seguir ejerciendo ese poder. Un ser peligroso con el que había que acabar como fuera.

Y es curioso como repetimos patrones. Hoy dos mil años después, otro poder, el creado por aquellos que ni siquiera le conocieron, empezando por San Pablo, ejercen con la misma prepotencia e injusticia que aquellos a los que Jesús de Nazaret criticaba, amoldando las reglas que ellos mismos se han dado y que dictaminan como sagradas y de obligado cumplimiento, a su conveniencia.

Hoy como entonces, la riqueza es la que manda. Hoy como entonces y como decía Quevedo, “Poderoso caballero es don Dinero”. Los que tienen el poder son capaces de pervertir la ley a su interés y el que desprecia este procedimiento y da su parecer en público es tratado como un estúpido si está solo y como un peligroso extremista si supone un problema para ellos.

En el extremo contrario, cualquier acérrimo seguidor de estos cafres que utilizan la religión y la ley para enriquecerse, para mantenerse en la cresta de los opresores o para ganar poder e influencia, es o un patriota, o un mártir. Y si su actuación es tan sumamente deleznable que no es posible justificarla con alguno de esos dos conceptos, se minimiza hasta convertirla en una nimiedad, en un azucarillo de cianuro disuelto en un pantano.

Si una persona que busca ayuda en internet para matar al Papa (de Roma) desde la soledad del salón de su casa en Valdorros (Burgos), es localizado por la policía y al registrar su casa le encuentran 16 armas, entre ellas dos fusiles de largo alcance, es musulmán y trabaja de vigilante jurado, será detenido, metido en un furgón de la Guardia Civil y llevado a la Audiencia Nacional acusado de terrorista. Que el Papa no vaya a visitar Burgos y sus alrededores en los próximos meses (lo más probable es que nunca) no tendría interés para aquellos que inmediatamente pondrían el ordenador y los micrófonos a disparar como un arma de repetición constante, para que la justicia tomara las medidas más severas contra él. También la opinión pública acabaría condenando a este individuo inmediatamente.

Estos mismos personajes del sindicato del mal que, desde los medios de incomunicación siembran odio y generan violencia entre sus adeptos y mala leche entre los que no lo son, sin embargo, en una situación similar en la que un individuo, fascista, de la España católica, apostólica, grande e indivisible, pide ayuda a través de la red para matar al Presidente del Gobierno, porque “es un rojo de mierda que quiere sacar a Franco de su tumba”, minimizan el hecho riéndose y haciendo broma insistiendo en que Pedro Sánchez no iba a visitar la localidad de Terrassa, en la que reside este individuo, y acusando de montaje policial la detención del fulano.

La propia fiscalía de la Audiencia Nacional, reconoce que conociendo el caso, desestimaron que fuera de su jurisdicción (es decir, tratarlo como un intento de atentado terrorista).

Un lego en la materia judicial como yo, si cree que esto es terrorismo, por el carácter político del suceso, porque el presunto terrorista es un fascista recalcitrante al que le gustan las armas y que practica habitualmente con ellas en un club de tiro, y porque la historia de España está llena de individuos de esta ideología que “se han visto en la obligación de salvar a España” asesinando “rojos” (recordemos el golpe de estado del 36 y el caso de los abogados laboralistas de Atocha). Y no comprende como para la fiscalía de la Audiencia Nacional este suceso pase desapercibido y que sin embargo, considere enaltecimiento del terrorismo realizar una obra con guiñoles en el retiro, una pelea en un bar cuando se produce en Navarra (mientras que el asesinato en un bar de Don Benito es considerado como homicidio, sin más), un rap en el que se cantan las supuestas andanzas del monarca español o saltarse el peaje en una autopista de pago en Catalunya.

¿Y qué tienen en común todos estos acusados de terrorismo o de enaltecimiento de terrorismo? Los chavales de Altsasu que viven en un pueblo de navarra donde la mayor parte de la población se considera euskalduna (el mantra de “Vasco igual a ETA”). Los guiñoles, que fueron contratados por un ayuntamiento que acababa de llegar al poder a través de las urnas (¡menudo sacrilegio!) cuya alcaldesa encabezaba la lista presentada por PODEMOS (esos “peligrosos extremistas bolivarianos”). El rapero Valtonyc y la pobre Tamara, miembro de uno de los CDR catalanes, que hablan catalán (“Catalán=separatista”). Todos ellos son considerados extremistas y un peligro para el setentayochismo. Tengo la impresión de que todos ellos fueron víctimas de ese escarmiento que utilizan los cafres de este sistema que se desmorona, para advertir de las consecuencias de ser díscolo. Obviando que, a los chavales de Altsasu les han “jodido” la vida y que continúan en prisión.

Vivimos en un sistema corrupto en el que todo se pervierte, empezando por el lenguaje y acabando por las supuestas garantías democráticas del sistema. Como decía Wyoming no es casual que el partido condenado por corrupción se llame popular. Porque lo popular, hasta entonces, le correspondía al pueblo. Como tampoco lo es que los fascistas se autodenominen liberales, cuando tradicionalmente los liberales eran los que defendían los derechos del pueblo frente a los conservadores. Por supuesto que llamar “Golpe de Estado” al procés tiene una intencionalidad manipuladora para que los idiotas que pasan el día frente al televisor crean que realizar un referéndum es igual de grave que entrar en el Congreso pegando tiros, como Tejero. Y no se cansan de repetirlo. Y para que les quede claro, mezclan imágenes de la Cataluña actual, con el nazismo, con la noche de los cristales rotos en los que los seguidores de Hitler incendiaron el parlamento alemán para empezar la represión, primero con los comunistas y después con todo aquel que no estuviera de acuerdo. Y entramos en el juego dialéctico, desde la izquierda (yo el primero) llamando liberal al cacique que practica el hijoputismo especulativo en el que se globaliza la precariedad laboral y la pobreza. Y tomando como verdad inmutable que “populismo” es igual a maldad, a la búsqueda del interés de unos pocos privilegiados, manipulando a las masas, frente a la gran mayoría cuando es todo lo contrario.

No somos conscientes de que asumimos su lenguaje y sus tantras de “todos los políticos son iguales”. Acabamos asumiendo la corrupción con normalidad y el sistema como inamovible. Acabamos asumiendo que, aun sin tener nada, es mejor callarse y asumirlo todo para no perder la seguridad de un modo de vida en el que no tienes trabajo, no puedes calentarte en invierno ni dar de comer a tus hijos. Acabamos asumiendo que la corrupción es un mal endémico que no es posible erradicar. Acabamos asumiendo con normalidad la evasión de impuestos, y lo que es peor, empatizando con el evasor. Acabamos asumiendo que España es una democracia plena y que el que no lo vea así, mejor que se vaya. Acabamos por no arriesgar no vaya a ser que perdamos el trabajo que no tenemos. Acabamos por convertirnos en seres anodinos que ven como sus hijos van directos a la esclavitud sin que seamos capaces, siquiera de hacernos mala sangre.

Hemos vuelto a la España del siglo XIX pero estamos contentos porque tenemos televisión e internet. Aunque no podamos comer adecuadamente porque no podemos pagar la comida sana.

Nos sentimos identificados con quiénes nos roban, explotan y agreden nuestra educación y nuestra salud, porque igual mañana somos uno de ellos.

Deleznable.

Salud, república, compromiso y más escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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