Mientras que no todas las personas tienen desarrolladas las habilidades sociales y de comunicación, todos venimos con emociones a las que, a lo largo de nuestra vida, vamos aprendiendo a dar significado. Estas emociones nos van a facilitar el aprendizaje de otras muchas cosas en la vida.

A lo largo de la historia, los modelos educativos se han ido cambiando. Estos han dejado paso a una forma de educar que deja fuera los valores, la ética y las emociones que, sin embargo, son la base de las relaciones humanas.

A este tipo de educación la llamamos Educación Emocional, que hace hincapié en las emociones como base para el correcto desarrollo de la persona y de sus aprendizajes a través de su ser social.

Si desde pequeños nos educan en esto, vamos a desarrollar mejores capacidades para relacionarnos socialmente. Es decir, desarrollaremos nuestras habilidades sociales a la vez que aprendemos a manejar nuestras emociones.

Por ejemplo, si en el colegio nos enseñaron qué es la ira, que efectos produce en nosotros mismos y en los demás y cómo manejar esas situaciones, en posteriores etapas de la vida seremos capaces de responder de forma adecuada ante situaciones que nos provoquen esa emoción. Igual ocurre con el resto.

A la hora de hablar de las emociones, muchos psicólogos e investigadores defienden la existencia de una serie de emociones básicas. Éstas son comunes a todos los seres humanos y también a los animales, siendo experimentadas – a nivel físico y biológico – de la misma forma. Estas emociones básicas serían: alegría, tristeza, ira, miedo y aversión (o asco). Probablemente os recuerde a la película de Disney ‘Del revés’, que hace un repaso a la relación de estas emociones en la mente de una niña.

Dentro de la Inteligencia Emocional se dice que todas las emociones son positivas, ya que todas tienen un objetivo y conducen hacia él. Así, tenemos las siguientes emociones primarias o básicas:

  • La alegría tiene como objetivos la vinculación y el fomento de la expresión emocional.
  • El miedo nos avisa de que podemos estar en peligro. Su objetivo es la protección.
  • El asco también nos avisa de peligro; nos dice que algo podría poner en peligro nuestro bienestar físico.
  • La ira tiene como objetivo la defensa.
  • La tristeza nos pide retiro y autoanálisis. Su objetivo es la reflexión, apartarnos para aceptar una pérdida y reconstruirnos.

De la relación y mezcla de estas emociones primarias (o básicas), surgen las emociones secundarias. Éstas son comunes a los seres humanos y exigen cierto nivel de cognición.

Si damos un paso más y seguimos mezclando emociones aparecen los sentimientos. Estos no son comunes a todos los seres humanos, ya que están influidos por la cultura, el entorno, la educación y el propio desarrollo psicológico de la persona. Es decir, casi cada persona tendría su propio repertorio de sentimientos.

Conocer todo esto y aprender a regularlo va a traernos muchos beneficios. Los principales:

  • Ser conscientes de nuestras emociones, conocernos mejor y saber qué es lo que nos pasa.
  • Comprender los sentimientos de los demás y saber actuar en consecuencia, de manera que se eviten conflictos.
  • Aumentar nuestra tolerancia a la frustración en los diferentes ámbitos de la vida: trabajo, pareja, estudios,…
  • Mejora la capacidad de trabajo en equipo y, en general, nuestras habilidades sociales.
  • Desarrollar habilidades efectivas de resolución de conflictos.

Sin duda, todo ello nos ayuda a ser más empáticos y nos da mayores posibilidades de desarrollo personal y social.

Y tú, ¿tienes inteligencia emocional?


 

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