Si hay una palabra que mejor pueda definir el sentimiento que traspasa a los que asistimos en Montijo a los JEDES, ese es el de emoción. Comprobar cómo existe una Extremadura que lucha, que ríe, que trabaja, que se divierte, que progresa, que mejora y que disfruta con lo que hace.

Comprobar que vive uno en una región donde se mira a los más vulnerables. Donde, como señalaba el Presidente de la Junta de Extremadura, todos podemos llegar al mismo sitio, independientemente de la velocidad. Donde es tan importante la igualdad de oportunidades que la virtud que otorga la partida de nacimiento.

Observar, ahora que estamos a punto de cumplir 35 años como Autonomía, que se han asentado profundamente los principales signos de identidad extremeña. Sí, esos mismos que tan magistralmente fueron difundidos décadas atrás en otros magnos acontecimientos, como fueron las añoradas Semanas de Extremadura en la Escuela.

Poder asimilar que es posible romper todas las barreras físicas y psicológicas. Que si se quiere, se puede y que, tal como indicaba el alcalde de Montijo, este tipo de eventos contribuyen ejemplarmente a cambiar las percepciones que se tienen sobre realidades diferentes. Porque, no es menos cierto, que si todos somos diferentes, parafraseando a Hawking, también tenemos todos en común algo: el espíritu.

Y es precisamente ese afán de superación el que nos define y a la vez nos engloba. Seamos quienes seamos. Vengamos de donde vengamos. Por esa razón, cobran, a mi juicio, un mayor sentido definiciones de Asociaciones como Plena Inclusión.

Tras la convivencia, la competición, los intercambios, las salutaciones y las despedidas, siempre quedará este deseo: nos vemos en los JEDES.

 

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