“El cine ha hecho mucho daño a nuestras vidas reales”, esta es una afirmación y tema de debate constante en mi vida. Por culpa del cine hemos creado unas expectativas que son muy difíciles de cumplir en un mundo sin guión , maquilladores o directores de arte. Las lavanderías siempre me decepcionan pues nunca he encontrado ninguna como la de Mi vida sin mí. Pero por otro lado el cine me ha ayudado mucho. El cine ha sido un espejo en el que ver a personajes que sentían o pensaban las mismas cosas que yo podía estar pensando o sintiendo en ese momento. Nunca olvidaré la primera vez que vi la película E.T. siendo sólo un niño. Yo vivía en una pequeña ciudad y era el único niño con padres divorciados en clase. Todavía no puedo describir el alivio que sentí al saber que en Estados Unidos había un niño que se llamaba Elliot y que estaba pasando por lo mismo que yo, algo que me hizo sentir menos solo. Desde aquel momento las películas que más me han llegado son las películas en las que me identifico con los personajes;  historias en las que verme reflejado y que me hacen reflexionar. Hay películas que me han ayudado a entender mejor el mundo de la familia, películas que me han recordado el valor de la amistad, películas que han hecho los momentos de soledad y perdida más llevaderos, películas que me han hecho ver la vida con otros ojos… Y por supuesto hay muchas películas que me han ayudado a entender un poco mejor el complejo mundo de las relaciones de pareja.

Esta semana se ha estrenado Kiki, el amor se hace, tercera película como director del también actor Paco León. Kiki es una película bien dirigida, con una buena factura y con un reparto coral brillante. Kiki construye su guión alrededor de las preferencias sexuales de varios personajes y como estas afectan a sus vidas. León realiza una entretenida comedia con la que consigue no sólo hablar de sexo, sino mostrar que la sexualidad es un territorio muy amplio en el que hay que experimentar sin juzgar. El personaje interpretado por la talentosa Belén Cuesta dice en un momento del film: “Madrid parece muy moderna, pero Madrid no es moderna”. Esta frase es una declaración de intenciones de la película. Pero Kiki va más allá, pues en su defensa de una sexualidad variada aprovecha para hablar de que ocurre en las parejas ya establecidas y cómo mantienen esa llamada chispa. La película de Paco León muestra que lo difícil no es hacer el amor, lo difícil es vivir el amor.

Madrid parece muy moderna, pero Madrid no es moderna

En la secuencia final de Kiki los personajes bailan felices y liberados en la verbena de las fiestas de La Paloma. Unos personajes liberados pues durante la hora y media de metraje se han despojado de sus inseguridades y miedos, y se han aceptado a sí mismos y a los que les rodean. Unos personajes “excéntricos” que son de los personajes más reales que he visto en mucho tiempo en una pantalla de cine. Es un acierto que León utilice el nombre real de los actores para nombrar a sus personajes, haciendo así que nos metamos en su piel al cien por cien.  Ese niño que se vio a si mismo en Elliot ha vuelto a verse de adulto bailando en esa verbena de La Paloma.

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Licenciado en Comunicación Audiovisual, ha trabajado cómo analista de guiones y desde hace años trabaja en el departamento de dirección en cine, televisión y publicidad. Juan ha cosechado varios premios y un centenar de selecciones en festivales nacionales e internacionales con sus cortometrajes como director y guionista. Juan ahora trabaja cómo realizador de publicidad, en breve estrenará su primera obra de teatro titulada “El día que decidí olvidarte” y sigue esperando poder dar el salto al largometraje con un proyecto en el que lleva años trabajando.

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