El dilema político mundial

Los resultados electorales franceses han venido a representar a pequeña escala las dinámicas políticas que se vienen dando en el mundo entero. Evidencian el actual dilema político mundial: elegir entre dos males, a cual peor. Parece que no hay más alternativas a elegir que entre el liberalismo o el fascismo; El liberalismo, que nos ha metido en esta dramática situación; el fascismo, que la usará para acentuar las desigualdades ignorando los verdaderos problemas sociales. Me siento como el Lazarillo de Tormes. Vamos de Málaga a Malagón.

Lo cierto es que los resultados de esta primera ronda de elecciones francesas son realmente alarmantes porque reflejan una necesidad social de acabar con el actual régimen, pero limitada por prejuicios xenófobos. Y esto es terrible, no solo por lo que supondrá el aumento de poder de los conservadores, sino porque esto también implica que toda esa sinergia necesaria para repensar nuestro actual modelo parece estar siendo canalizada por actores políticos que son producto del propio sistema, y que, de triunfar, nos conducirían a un modelo incluso peor.

 

La tercera alternativa

Así pues, el panorama actual que nos queda es:

  1. el resurgimiento de los nacionalismos y los sentimientos xenófobos;
  2. la amenaza de la desintegración europea;
  3. el fracaso de la izquierda a la hora de canalizar la atención del electorado.

A pesar de lo poco halagüeño del panorama, aún podemos encontrar alternativa a estos dos males, siempre que la izquierda europea actúe con rapidez y eficacia. Porque los resultados electorales franceses son también, en cierto sentido, un fracaso de la izquierda: de la tradicional y de la nueva. El derrumbe de nuestro sistema es consecuencia del fracaso de la socialdemocracia por su convivencia con el capitalismo. Pero el auge de los partidos populistas de la ultraderecha es un fracaso de la izquierda (vieja y nueva) de cara a canalizar el descontento ciudadano con ese sistema. Algunos amigos franceses que forman parte del segmento joven del electorado francés me han explicado por qué votaron a Macron, pese al miedo y recelo que pueda producirles sus políticas liberales. El motivo fue su compromiso con Europa. La postura de Mélechon ante la UE es lo que ha desincentivado su voto. Esto, ya sea por su programa político o por un fallo de comunicación política, es un elemento importantísimo que la izquierda debería tener en cuenta de cara a construir una alternativa sólida a las amenazas conservadoras.

En ese sentido, resulta interesante comprobar que desde la izquierda europea se estén dando algunos pasos hacia esa posible alternativa, tomando conciencia de que sólo desde una Europa unida se puede hacer frente al alarmante auge del fascismo.

 

Puentes, no muros

El pasado sábado 22 de abril tuvo lugar un encuentro internacional de activistas y políticos progresistas del momento en el marco de la iniciativa “Puentes, no muros”, impulsada por Podemos. Fue una gran oportunidad para el debate, para un debate tan necesario como es el de enfrentarse al neofascismo y el neoliberalismo emergentes e imperantes.

Tenemos una realidad innegable de la que debemos empezar a ser conscientes si de verdad queremos poner freno a la voraz vulneración de derechos que estamos viviendo: necesitamos la solidaridad internacional para enfrentarnos a estos retos, porque hoy en día el problema no lo tiene España, o Grecia, o Francia. El muro de Trump, las políticas xenófobas de Le Pen, los conflictos de oriente medio… Son temas que parecen alejados de la sociedad española, pero que tienen una trascendencia para nosotros que no somos capaces de imaginar. Nos enfrentamos a problemas colectivos sin herramientas colectivas de lucha. Los problemas del mundo son los nuestros. Y enfrentarnos a esos problemas mundiales desde las limitadas estructuras de los estados es como intentar matar moscas a cañonazos.

La jornada se estructuró en torno a una serie de temas centrales. Su eslogan rezaba: “contra la xenofobia, el neoliberalismo y el patriarcado”.

Así, en una mesa muy diversa encabezada por una mayoría de mujeres, se abordaron todos estos retos desde distintos puntos de vista; Desde distintas nacionalidades, para ser más exactos. Durante la jornada los ponentes fueron dibujando distintos escenarios de un mismo conflicto: el derrumbe del sistema, y como éste se está viviendo en sus países. El ya mencionado auge del ultraderechismo, el aumento de las actitudes racistas derivado de problemas de convivencia, el modelo económico, o el asunto medioambiental fueron algunos de los asuntos tratados. Así en resumen, los temas centrales que cada nacionalidad destacó fueron:

  1. Se discutió el auge de Trump, el fracaso de las instituciones americanas, la posibilidad de que por primera vez un candidato abiertamente socialista como es Bernie Sanders llegara a presidente y la campaña de terror y división que Trump está llevando a cabo contra los negros.
  2. Unido a lo anterior, se abordó el auge de Le Pen desde la tergiversación de los valores europeos y occidentales como elementos de un discurso islamofóbico contra los refugiados.
  3. Desde Grecia aportaron la necesidad de resistir a la deuda y la troika, pero no desde el aislamiento proteccionista, sino desde el internacionalismo socialista, desde la solidaridad.
  4. Se habló del Brexit, analizando que, pese a los motivos existentes contra una unión europea neoliberal, la motivación para la salida de la unión no fueron esas políticas neoliberales sino la xenofobia. En ese sentido se identificó al racismo como un elemento sistémico enraizado en las instituciones y en el modelo liberal como consecuencia del colonialismo.
  5. La situación de las mujeres fue otro de los temas centrales. Todos los ponentes recalcaron la necesidad de incorporar la igualdad en la construcción de un nuevo sistema, afirmando que necesitamos un feminismo social que supere individualismos liberales.
  6. También hubo una referencia a los activistas latinoamericanos asesinados por resistir al extractivismo; De nuevo, un grave problema social generado por las multinacionales.

En conclusión: se identificaron problemas sociales presentes en todos los estados como consecuencia de ese modelo capitalista que se asienta en el colonialismo, el patriarcado y la desigualdad. La idea central de la jornada del sábado fue la necesidad de construir una tercera vía, una alternativa sólida y solidaria frente al neoliberalismo y el neofascismo. En este contexto, las multinacionales aparecen como el verdadero motor de todos los conflictos mencionados, actuando en connivencia con los estados.

Un dato interesante: muchos de los ponentes eran actores de la sociedad civil, representantes de organizaciones fuera de la dinámica tradicional partidista. Me parece interesante porque son estas organizaciones las que están respondiendo en mayor medida a las actuales necesidades sociales y de una manera más eficaz al hacerlo desde esa estructura internacional que necesitamos. Esto debería darnos una pista de las estructuras de acción política necesarias en este contexto.

 

El europeísmo que necesitamos

En los años previos a la crisis la cultura liberal nos hizo pensar que los problemas del mundo no iban con nosotros. El neoliberalismo fomentó nuestro egoísmo y saturó nuestras mentes de productos que no necesitábamos, para que no viéramos el futuro más inminente que las políticas neoliberales estaban dibujando: el colapso de nuestros sistemas democráticos, de nuestras economías, de los recursos naturales, de nuestros derechos laborales y sociales, incluso de nuestros derechos políticos. El expolio de países subdesarrollados que nos negábamos a ver se ha convertido en conflictos armados cuyas consecuencias nos llegan a todos.

Por eso me parece que la idea de “puentes, no muros” es una metáfora muy acertada de lo que necesitamos: Puentes para una sociedad que muere devastada por muros de cemento. Puentes que crucen mares, para permitir cruzar el mar sin anegarlo de muerte.

Necesitamos puentes libres de peajes, porque las élites económicas ya han construido sus puentes, y aún han tenido tiempo para construir barreras para el resto de la sociedad, para manejar nuestro tráfico. Que la falta de regulación, las mafias que movilizan la masa de refugiados o el tráfico de personas no os engañe. Está todo controlado. Aquí no queda nada al azar. Si hay caos, es porque el caos interesa a los poderes económicos. Es un caos controlado.

Tenemos muchos retos por delante y enfrentarnos a ellos pasa por comprender de una vez por todas que necesitamos estructuras internacionales democráticas y participativas. La globalización no tiene por qué ser neoliberal, puede ser una vía para combatir las desigualdades.

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