En apenas unos días, Colombia celebra unas elecciones cruciales cuyo dimensión traspasa el ámbito nacional y cuyos resultados tendrán una influencia decisiva en todo el continente. De producirse la esperada victoria -según todos los sondeos- del candidato que apoya el expresidente Álvaro Uribe, Iván Duque, se confirmaría el giro a la derecha en la región tras los sucesivos cambios de gobierno en Argentina, Brasil y Chile. Sin embargo, la posibilidad de una segunda vuelta entre Duque y el candidato apoyado por la izquierda, Gustavo Petro, es una posibilidad nada remota. Para los uribistas, Petro es un castrochavista, mientras que para cierta izquierda, como el Polo Democrático, es un oportunista y un demagogo.

La victoria del candidato uribista daría un nuevo giro a la derecha de la política colombiana tras el proceso de paz

De producirse este duelo -sin descartar sorpresas de última hora que desmentirían las encuestas- el voto de rechazo a Uribe, que es muy grande, podría agruparse en torno a la figura de Petro y se daría así un giro imprevisible y sorprendente. Nadie considera posible ese escenario pero con los bajos niveles de participación política en el país, las prácticas irregulares en casi todas las elecciones para perpetrar el fraude y un escenario de hastío y cansancio ante un panorama político sombrío, a merced de la pésima gestión del presidente Juan Manuel Santos y una corrupción galopante y desbocada, cualquier cosa puede pasar en este país el próximo 27 de mayo.

Resultaría difícil que a Duque y a Petro se les cruzara un tercer candidato (Sergio Fajardo o el iracundo Germán Vargas Lleras) por el camino y que finalmente la segunda vuelta no discurra entre ambos contendientes. En ese terreno, desde luego, Duque lo tendría relativamente fácil si consigue movilizar a todo el voto que va desde el centro izquierda hasta la extrema derecha que sigue los planteamientos políticos de Uribe; una desmovilización en ese voto o una bajada en la participación electoral beneficiarían a Petro y podrían dar la temida -para la derecha- victoria del candidato izquierdista.

Sin embargo, por ahora, a tenor de las encuestas y el histórico de las últimas elecciones, la izquierda tradicionalmente nunca ha superado el 27% y le cuesta arrancar en la segunda vuelta. Nunca ha llegado siquiera al 30% de los sufragios ni en las legislativas ni en las presidenciales. El rechazo del electorado colombiano a la izquierda tiene, en cierta medida, una explicación lógica: los electores asociaban la izquierda al terrorismo que azotó sus ciudades y pueblos durante años de la mano de la organización ultraizquierdista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Luego la izquierda moderada y que participaba en la vida política del país no supo desligarse de los grupos terroristas y condenar su accionar violento, deslegitimándose ante la opinión pública y cargando durante años con el sambenito de ser los correveidiles de los terroristas. Ahora con el proceso de paz las cosas parecían haber cambiado, pero la situación en Venezuela, que atraviesa una situación social, política y económica que ha pasado del caos al horror, ha tenido su influencia en Colombia. El éxodo bíblico de millones de venezolanos a través de las fronteras y las brutales imágenes que muestran a la población hambrienta escarbando en la basura, por no hablar de otras “minucias” del régimen, han tenido su influencia en Colombia y han desautorizado aún más a la izquierda de este país. Para colmo de males para la izquierda, han circulado profusamente en todas las redes sociales las fotos de los amigables encuentros entre el candidato Petro y los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Maduro es uno de los personajes más odiados por la opinión pública colombiana.

 

AMENAZAS DE FRAUDE ELECTORAL

Sin embargo, hay que estar muy atentos a lo que ocurra en la jornada electoral del 27 de mayo y esperar a ver cómo discurren los comicios. El candidato Vargas Lleras, que lleva todo la vida haciendo política en Colombia al viejo estilo, es decir, comprando votos, utilizando el clientelismo y  captando votos a través de los caudillos locales que también los compran, podría dar alguna sorpresa a pesar de que las encuestas no inducen a pensar que será así. Luego está el otro candidato de la izquierda, Fajardo, que según los últimos sondeos podría estar muy cerca de Petro y pisándole los talones incluso. El resto de los candidatos, entre los que destaca el liberal Humberto de La Calle, no tienen ningún chance de pasar a una segunda vuelta.

Ante el riesgo de pudiera haber fraude electoral, muchas veces atizado desde el desacreditado y oficialista Consejo Nacional Electoral (CNE), una ONG independiente y prestigiosa, el Foro de Atenas, ha organizado un grupo de expertos que ha elaborado una serie de recomendaciones para el día de las elecciones, atendiendo a algunas cuestiones técnicas que se deben desarrollar para que la jornada sea limpia, transparente y competitiva. Esas recomendaciones han sido enviadas a algunas instancias y se han hecho públicas en la capital colombiana para evitar el temido fraude electoral que tantas veces se ha dado en anteriores comicios.

En cualquier caso, suceda lo que suceda el próximo 27 de mayo, el impacto de los resultados transcenderá más allá de los límites territoriales de Colombia y tendrá una influencia continental. Una victoria del uribista Duque, que seguramente pasará a la segunda vuelta ya que parece realmente difícil que consiga ese día más del 50% de los votos, confirmará el giro a la derecha que se vive en el continente en los últimos años, mientras que para el izquierdista Petro pasar a la segunda vuelta aunque no gane le dejaría en una buenísima posición para ser el próximo presidente en el 2022. Si Duque gana y  vuelve a defraudar las expectativas de los colombianos en un futuro gobierno, como hizo Santos en estos años, una victoria de la izquierda será un escenario factible en las siguientes elecciones. Por ahora, las espadas están en alto, es pronto para hacer análisis. Atentos.

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