En un momento político en el que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno en una clara minoría parlamentaria y con el ascenso del populismo de ultraderecha liderado por Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, el PSOE necesita mantenerse fuerte en sus feudos históricos. Por esta razón, la proclamación de Susana Díaz como candidata socialista para las elecciones andaluzas del 2 de diciembre es un acto clave porque la actual presidenta de la Junta se convierte en un elemento clave para que Sánchez se mantenga en la Moncloa.

Esto se ha demostrado en las palabras tanto de uno como de la otra, en los que se ha comprobado que entre los dos principales líderes del PSOE, los que encabezan las dos corrientes actuales del socialismo español (sanchismo y susanismo), se han puesto a disposición del otro porque este día 2 de diciembre es fundamental, tanto para Andalucía como para España. «Tenía ganas de estar aquí para deciros y decirle lo siguiente a la persona protagonista de este día: Susana, estoy contigo. Estamos contigo. Todos los socialistas españoles y andaluces están detrás de ti», ha dicho Pedro Sánchez. Por su parte, la presidenta de la Junta ha afirmado que «Gracias Pedro por venir a hablar bien de Andalucía».

Susana Díaz ha defendido el proyecto sólido, moderno y de vanguardia que ella encabeza y ha avisado de que no va a entrar en las provocaciones y en el «barrizal» en el que pretenden convertir la política otros partidos cuyos líderes aterrizan en los últimos tiempos en Andalucía, referencia clara a Pablo Casado y Albert Rivera, políticos que, según Díaz, guardarán sus trajes en la maleta, marcharán a Madrid y se llevarán «todas sus desgracias» porque sólo les interesa atacar al Gobierno. «Nosotros nos quedaremos aquí con la alegría», ha afirmado la presidenta de la Junta, que ha sido muy dura con los insultos que recibe desde la derecha porque vienen acompañados de mala fe, desconocimiento e ignorancia. «Que nadie crea que insultar a Andalucía es un regalo para el PSOE» porque recurrir a la bajeza no es más que el reconocimiento de que el proyecto y la ideología del otro son mejores. Muy importante ha sido la expresión de voluntad de pacto porque «entramos en un tiempo distinto en el que los ciudadanos nos piden diálogo y acuerdo».

Por su parte, el presidente del Gobierno ha hecho un anuncio muy importante para Andalucía: la inclusión en el proyecto de Presupuestos de un plan de empleo, algo que cumple con una de las reivindicaciones del PSOE andaluz. Sánchez ha ponderado el papel que ha jugado la Junta de Andalucía frente a los recortes del Partido Popular, ya que contra «los discursos recentralizadores que reniegan de los avances y los aciertos de los autogobiernos» habría que preguntarse que hubiera ocurrido con las políticas de dependencia, con la sanidad o la educación durante los años de gobierno de Rajoy si la Junta no hubiese suplido esos recortes con sus propios recursos.

Sánchez también ha hecho mención al ascenso de la ultraderecha y al papel que están jugando en ello tanto Pablo Casado como Albert Rivera porque ambos líderes conservadores están alimentando a la extrema derecha: «Cuando surge esa ultraderecha, la derecha no dice nada. Casado dice que comparten los valores esenciales de la ultraderecha. Le pido cuáles; nosotros, ninguno».

Tanto Sánchez como Díaz, deben comprender que sus diferencias a la hora de entender el discurso del progresismo son, precisamente, las fortalezas que, con una interpretación alejada del dogmatismo, permitirán que las agendas sociales hagan ver que el socialismo español vuelve a representar a los ciudadanos y no a las élites. Sánchez representa una interpretación cada día más cercana a lo que podría representar Jeremy Corbin, es decir, la implementación de las esencias fundacionales de socialismo internacional actualizadas a la realidad del siglo XXI; por su parte, Díaz, está más cercana a la socialdemocracia del XX. No son incompatibles y, por tanto, son complementarios. De esa simbiosis podrá nacer un proyecto para Andalucía y para España que se salga de los cánones caducos de un programa electoral para que sea el pueblo el beneficiado de las políticas sociales que deberían ser el punto clave de cualquier proyecto que lleve el membrete del puño y la rosa.

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