Cada viernes comparto uno de mis ratos preferidos de la semana con 60 niños y jóvenes entre los 6 y los 17 años que componen mi escolanía sin más aspiraciones que el difícil anhelo de que, el día de mañana, recuerden lo que hoy estamos compartiendo y sea la semilla que dé fruto a una inquietud musical futura que podrá desarrollarse de mil formas y desde múltiples ángulos, según los intereses y oportunidades de las que disponga cada uno de ellos. Alcanzar este objetivo requiere de un conocimiento previo sobre el desarrollo de una actividad en grupo como es la de cantar en coro, sobre sus entresijos y dinámicas y sobre las claves que podrán acercarnos con más facilidad al éxito, entendido más bien desde un punto de vista pedagógico que desde el propiamente artístico.

Nuestra vida cotidiana está permanentemente rodeada de personas, las necesitamos para mirarnos en ellas como en un espejo y poder saber así quiénes somos hasta el punto de que, sin los otros, no tendríamos una conciencia clara de lo que somos; sin ellos, careceríamos de identidad. El grupo es la base de nuestra existencia como seres sociales y desenvolverse en él puede resultar difícil, traumático y doloroso, una cruz con la que cargaremos y de la que nos costará desprendernos, o el refugio en el que encontrar apoyo, cariño, estupendas vivencias, compañeros y amigos. Dirigir una escolanía implica una responsabilidad sobre las dinámicas que en el grupo se generan, distintas según variables como la personalidad de sus miembros, el tamaño del grupo o la edad, y no solucionar determinados problemas a tiempo puede desembocar en resultados no deseados.

Un argumento fundamental de la Psicología que defendieron multitud de especialistas, desde Vygotski hasta Martín-Baró, pasando por Sherif, Asch o Zimbardo, reside en la necesidad de mirar lo que acontece alrededor del sujeto para poder comprender lo que hace, lo que piensa y lo que siente en su interior, en mirar hacia fuera para entender lo de dentro o, en definitiva, recuperar el contexto social como marco para hacerse una idea de por qué las personas hacen lo que hacen y piensan lo que piensan. Comprender lo que ocurre en el grupo que conforma una escolanía, cuáles son sus características, sus reglas de juego o sus objetivos, resulta esencial para conocer una buena parte del comportamiento de los individuos que la componen. Un correcto entendimiento de la dinámica de los ensayos como grupo así como de las maneras de hacer particulares de cada uno de los cantantes, siempre mediante la necesaria observación, posibilita el aumentar deliberadamente por parte del director las conductas que traerán consecuencias deseables en el coro y en la convivencia dentro de él.

Los grupos cumplen una doble función, una emocional y otra de tarea, ambas conectadas y plenamente dependientes. Los individuos tenemos deseos, sabemos lo que queremos, poseemos aspiraciones futuras y, solo mediante la emoción que estas inquietudes nos transmiten, puede producirse un aprendizaje duradero o cualitativamente significativo. El director de la escolanía deberá saber en cada momento promover la curiosidad y la emoción en quienes cantan, buscando un ambiente musical donde no exista la inhibición y sí la libertad controlada de expresarse cada cual como es y conjugando el desarrollo individual con el poner su voz al servicio del grupo en una dinámica de funcionamiento construida y creada entre todos, donde se sienten cómodos, se relacionan, disfrutan y se entienden. Trabajar el empaste, el buscar que un conjunto de voces produzcan un sonido que se perciba como si cantase uno solo, ayuda a convivir con la diferencia, a atender a la diversidad.

Todo lo que acontece cuando las personas pasan a formar parte de un grupo cabe dentro de lo que comúnmente entendemos como fenómenos de influencia, es decir, el cambio de comportamiento como resultado de la inducción proveniente de otra persona. Un estilo democrático de dirección en una escolanía favorece una atmósfera de grupo participativa, donde las normas son una decisión conjunta, donde el líder sugiere procedimientos que se negocian, donde existe libertad para expresarse en un clima agradable pero dentro de unos límites pactados. El director, como figura referente desde su estatus de experto musical, debe ser capaz de conducir al grupo al logro de sus objetivos y la escolanía deberá constituirse como fuente de refuerzo para los cantores, como grupo de referencia positiva y no meramente de pertenencia.

Si bien mucho de lo expresado anteriormente en estas líneas puede ser extrapolado a multitud de grupos diferentes con otras dedicaciones y características, conviene no perder de vista la “edad” como factor crucial que condiciona el trabajo en una escolanía. Delante del director en cada ensayo se posiciona un conjunto de niños y adolescentes con las peculiaridades asociadas a su momento vital, no solo a nivel social, permitiendo el trabajo en el coro el establecimiento de relaciones y la reducción de la sensación de estrés o ansiedad, sino también en un sentido evolutivo vocal, lo que obligará siempre a prestar especial cuidado en cada momento y en cada ejercicio a la salud de un aparato fonador en pleno momento de cambio.

Ser componente de una escolanía supone formar parte de un grupo de referencia que proporciona fundamentos para formar y cambiar actitudes y para definir metas futuras, mientras se adquiere una conciencia artística y una capacidad crítica musical de forma temprana, a la vez que se disfruta y convive con compañeros y amigos que comparten similares inquietudes. Ser director de una escolanía implica el compromiso de crear un espacio donde en cada ensayo se promueve la búsqueda de mente libres e independientes artísticamente, donde se favorece una identidad grupal sana y que promueve la emoción controlada y el aprendizaje, así como los valores de solidaridad y atención a la diversidad como identidad del grupo. Dirigir un proyecto de estas características pasa por el sueño de proporcionar vivencias a los pequeños cantores que perduren en sus retinas y en sus oídos como parte importante de la formación de su “yo” musical futuro.

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Directora de Orquesta y Coro titulada por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, compagina su labor como directora con la docencia musical. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, centra su interés en el estudio de las relaciones del binomio psicología-música. Su experiencia vital gira en torno a la cultura, la educación, la gente, la mente, la actualidad, lo contemporáneo y todos aquellos parámetros que nos conforman como seres sociales

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